lunes, 8 de agosto de 2016

Citius, altius, fortius? No, solamente Optimum

Hoy estamos de Juegos Olímpicos. Hoy toca hablar de deporte. De fisioterapia y deporte. De mi opinión sobre la fisioterapia y el deporte.

Como muchos fisioterapeutas reconozco que me atrajo la idea de la fisioterapia deportiva desde mis tiempos en la Universidad. Nunca fue mi motivación principal para estudiar fisioterapia, pero es cierto que por los comentarios de algunos profesores, por la imagen que se daba de los fisioterapeutas en el mundo del deporte (hace veinte años era prácticamente el único ámbito con el que la gente relacionaba la fisioterapia de manera automática) y porque el mundo del deporte en el fondo siempre me ha atraído, durante un tiempo desee poder ganarme la vida como fisioterapeuta especializado en deporte.

Tuve suerte. No puedo decir que me dediqué al deporte de élite. Pero al menos tuve la posibilidad de ser fisioterapeuta en un equipo de baloncesto profesional. Club de Baloncesto Alcalá. Allá por el año 2000 (qué joven se me ve en la foto del equipo). Jugábamos en liga LEB2, que ya no se ni siquiera si existe (de hecho perdimos la categoría a final de temporada) en el pabellón de Caja Madrid (anda, estos también han perdido la categoría) de Alcalá de Henares. Quedaría muy bonito decir que aprendí mucho de aquella experiencia, pero sería mentira, aprendí lo justo. Si que puedo decir que fue muy enriquecedora. Me bastó un año para decidir que el deporte profesional y yo íbamos a ir por caminos separados.

Deportistas profesionales. Gente que se gana la vida gracias a su cuerpo. Gente que se gana la vida aún a costa de su cuerpo. Lo vemos ahora en los Juegos. El deportista de élite no piensa en su salud futura. Piensa en hoy. En esa décima de segundo menos, en ese gesto que le acerque a una medalla, a la gloria, y también al dinero que a veces va unido a ellas, una beca, un contrato... el deportista el día de mañana también tiene que comer, y quitando algunas pocas excepciones, la mayoría de ellos, cuando dejen de competir, no podrán vivir de las rentas.

De mi experiencia en el Alcalá recuerdo sobre todo una conversación con uno de los jugadores. Tenía la rodilla chunga desde hace la tira de tiempo, jugaba con cuentagotas, entre dolores, vendajes y alguna vez hasta infiltrado. Recuerdo perfectamente una charla en la enfermería (era como se llamaba la sala, aunque lo que había era un fisioterapeuta, y nunca un enfermero) en la que me pidió desesperadamente que le arreglase la rodilla para jugar, a cualquier precio, porque necesitaba un contrato para seguir jugando y con las estadísticas de ese año nadie le iba a fichar, porque tenía dos hijos y no quería quedarse sin trabajo. No lo conseguí. Se que al año siguiente no tuvo equipo. Me dolió. Yo ya había decidido que el deporte profesional y yo no congeniábamos. 

Si pensamos que la salud es poner en un estado óptimo de funcionalidad a una persona, la fisioterapia del deporte y más concretamente la fisioterapia en el deporte de élite es la máxima expresión posible de la profesión. "Citius. Altius. Fortius". Pero yo veo más la salud como un proceso, con sus altos y con sus bajos. Y al fisioterapeuta como un apoyo para superar los segundos. En el deporte de élite, a veces, ese apoyo es como si concediésemos un préstamo a la persona, sabiendo que es posible que se quede endeudada durante mucho tiempo (o no, tampoco podemos jugar a ser adivinos). Y sí, es cierto que la persona es consciente y responsable de eso, y que en ningún momento nuestra actuación adolece de falta de ética. Para nada. No, simplemente descubrí que no es mi campo. Que adoro el deporte. Y la fisioterapia. Y a los fisioterapeutas que se dedican al deporte de élite. Pero que preferí hacer fisioterapia en otro ámbito. De otra manera. No para que alguien sea el más rápido, el más alto, el más fuerte. Solamente para que esté mejor, y perdonadme si no es poco.

Muchas gracias y buena lectura.

Imagen de dominio público con licencia CC

martes, 19 de julio de 2016

¿Prescribir? Sí. ¿Medicamentos o Ejercicios?

Me voy a declarar objetor.

La verdad es que ya lo soy. La primera vez que me declaré objetor fue por el lejano 1997, entonces todavía había servicio militar obligatorio, pero habíamos evolucionado hacia una situación en la que, bajo el peso de la demanda social, considerarse objetor ya no era un aspecto negativo en el curriculum. Luego desapareció el servicio militar obligatorio y con ello se perdió también el sentido de que objetar según conciencia puede hacer que las leyes y las situaciones se modifiquen.

Publica Tomás Gallego (al cual sufrí disfruté mientras fui alumno de Fisioterapia en la Universidad de Alcalá de Henares) una carta desde la tribuna del 30 Días de Fisioterapia hablando sobre la figura del fisioterapeuta como prescriptor de medicamentos, según la Ley 10/2013 (aquí el link al BOE). Respeto mucho a Tomás y comparto muchas de las reflexiones que hace en ella. La primera, ese maravilloso eufemismo según el cual no podemos "prescribir" sino "indicar" medicamentos. Sutil diferencia. En el fondo mi vecina del cuarto, que por cierto tiene unos niños monísimos, también puede indicar medicamentos. Otra cosa es que yo me los tome. Que un fisioterapeuta, al amparo de la ley, indique medicamentos (ahora veremos cuales) no deja de funcionar como un recurso a la autoridad. Del fisioterapeuta se espera que sepa y que conozca interacciones, indicaciones y contraindicaciones de los medicamentos que aconseja, pero por más que miro la ley no encuentro en ningún sitio que esos requisitos se le vayan a solicitar al fisioterapeuta prescriptor.

Claro, quizás es porque la ley, "muy sabiamente" (el muy sabiamente es para leer lentamente, saboreando su tono irónico) nos dice que los fisioterapeutas solo podrán indicar aquellos fármacos no sujetos a prescripción médica. Vamos, los mismos que puede indicar mi vecina del cuarto con sus niños monísimos y sin que ninguna ley se lo haya permitido. Hay que joderse. Por cierto, que los medicamentos no sujetos a prescripción médica también tienen contraindicaciones e interacciones que estaría bien que conociésemos antes de ponernos a prescribir indicar. (Hablo de los medicamentos de verdad, no de la homeopatía).

Coincido aún con Tomás (y ya estoy coincidiendo más de lo que coincidí en tres años de carrera) en que para pasar de indicar a prescribir es necesario formarse. Tomás habla de Farmacología como asignatura de 12 créditos ECTS que sería necesario incluir en el programa de Grado de Fisioterapia para darnos las competencias necesarias. Dice Tomás en su carta:
"Es necesario incorporar en los planes de estudio una asignatura obligatoria de Farmacología con los mismos contenidos, créditos y competencias que cursan los que sí pueden prescribir"
Yo esto, gustándome, no lo veo tan claro. Los planes de estudio de Fisioterapia son un concepto con una limitación clara y marcada por ley: 240 créditos ECTS. Incluir en ellos 12 nuevos créditos implica eliminar algunos de los contenidos actualmente presentes (y ojo, se me ocurren algunos que se pueden eliminar tranquilamente). La pregunta es si la prescripción de medicamentos es prioritaria en fisioterapia. Particularmente yo apostaría por incluir más de aquello que es el autentico paradigma internacional de la fisioterapia, el movimiento. Me gustaría ver cuantas de nuestras titulaciones ofertan 12 créditos ECTS obligatorios de prescripción de ejercicio. Y una vez que todas lo tengan, luego hablamos de lo que queráis.

Vamos a ver, para los que se me van a lanzar a la yugular. No estoy diciendo que no hay que saber de farmacología, está claro que cuanto más sepamos mejor. Es más, creo que de media el fisioterapeuta debería saber más de farmacología de lo que actualmente sabe. Sobre todo de interacciones entre fármacos y de efectos secundarios de los mismos. Lo que digo es que tenemos que tener claro cual es nuestro campo de actuación (y digo campo de actuación porque el objetivo, que el paciente mejore, sería una justificación para todas y cada una de las aplicaciones posibles, podríamos incluso acabar operando un menisco) y formarnos primero en eso, hasta alcanzar la excelencia en nuestro campo. Si cuando hice la selectividad hubiese querido prescribir fármacos hubiese elegido Medicina, pero elegí fisioterapia. El problema, como dice Vicente Lloret es que
 "A muchos fisioterapeutas no les gusta la fisioterapia"
A mí me encanta. Y por eso, por ahora, voy a seguir objetando de la indicación de medicamentos. Para ver si mi protesta ayuda a cambiar las cosas.

Muchas gracias y buena lectura.

jueves, 14 de julio de 2016

Gracias

Gracias Laura. Gracias María.

Hablar ya hablo. Algunos dicen que mucho. Pero todavía no escribo, aparte de pintarrajear garabatos en los papeles que voy encontrando por casa. Por eso le pido prestado el blog y las manos a papá, para escribiros. Para daros las gracias.

Gracias por quererme, por hacer de cuatro paredes algo tristes y un espacio vacío un sitio maravilloso, donde viven personajes tan increíbles como Pompitas (bueno, lo de increíbles es más para los mayores, yo con Pompitas me lo paso genial). 

Gracias por tener paciencia conmigo, con mi manera de ser, con mis espacios. Gracias por irme presentando partes del mundo, la comida, la música. Gracias por tener paciencia con mis padres, que también están aprendiendo. A su modo, lo hacen lo mejor que saben. Gracias por contarme cuentos, por cantarme canciones que ahora voy repitiendo sola cuando vamos de viaje (claro, mis padres no han venido a clase conmigo y no se las saben, peor para ellos).

Gracias por abrazarme, esas mañanas en las que llego acompañada de papá o de mamá y no me apetecería nada que se fuesen. Gracias porque vuestro abrazo, sincero, sabe de cariño, de apego. Gracias porque nadie os obliga a ello. Nadie os paga por ello. Y no ha habido ningún día en el que me haya faltado. Dicen que en Finlandia, que no tengo muy claro ni lo qué es ni dónde está, las guarderías son perfectas. Lo único que hace falta para que las guarderías sean perfectas es que haya abrazos como esos. Yo, que soy un poco mía para eso de abrazar, os lo agradezco con mis abrazos, y os aseguro que no se los doy a cualquiera.

Gracias por los peinados, a ver si para el año que viene le dais un curso intensivo a mi papá, que para él un peinado complicado consiste en ponerme dos coletas y dos pinzas. Gracias por un montón de cosas que no le puedo contar a mi papá para que las escriba aquí, que quedan entre nosotras. Gracias por hacer que mi primer año de "cole" haya sido tan bonito. 

Gracias por dedicarme vuestro tiempo. Gracias por haber elegido una profesión tan bonita, tan importante.  Una profesión tan injusta que si un día, dentro de veinte años me siento delante de vosotras en el metro no recordaré quién sois, ni lo que hicisteis por mi. Recordaré otros profesores y os olvidaré a vosotras. Y sin embargo quizás un día sin saber muy bien porqué, le contaré un cuento a un niño, a mi hijo, a un sobrino, y empezaré diciendo "Atención, atención!!!" Gracias, porque aunque yo no lo sepa todavía, seguro que me habéis dejado huella.

Gracias María.
Gracias Laura.




domingo, 29 de mayo de 2016

Lo que la fisioterapia es (para mí, ahora)

Hace ya casi dos años publiqué una entrada sobre lo que la fisioterapia No es, que a día de hoy sigue siendo una de las mas leídas de este blog. A lo largo de todo ese tiempo he querido hacer una entrada sobre algo mucho más difícil, intentar definir lo que la fisioterapia es. Me costaba quedarme con una sola definición, me parecía limitante, un día pensaba una cosa y  al día siguiente la contraria. Al final cada vez que empezaba esa entrada, por una cosa o por otra, el folio se quedaba en blanco. Hace dos meses, Jorge Rodríguez, autor y editor del blog LaFisioterapia.net (si sois fisioterapeutas, o estudiantes, os aconsejo tenerlo entre los favoritos) me pidió una definición corta de lo que yo entendía por fisioterapia. Estaba preparando un vídeo para celebrar el aniversario de su blog y quería recoger las ideas y las opiniones de diferentes fisioterapeutas del mundo. Mi definición, recogida en el vídeo, nació justo en ese momento, sin darle muchas más vueltas. Y entendí que de la misma manera que la fisioterapia cambia a lo largo del tiempo, probablemente mi definición cambiará en el futuro. Las definiciones perfectas y cerradas pertenecen a los objetos inmutables. Y tengo la suerte de tener una profesión que sigue y sigue creciendo. Iremos acotando límites y teniendo cada vez más claro lo que no somos y lo que no hacemos para que los demás sepan perfectamente lo que somos y lo que hacemos.

Física
Ilusión
Sensatez
Interacción
Objetivos compartidos
Trabajo (y a veces algo más que eso)
Empatía
Razonamiento
ABC (todo pasito a pasito)
Paciencia
Inteligencia
Acción

Aquí os dejo el enlace al vídeo de Jorge para que podáis ver las definiciones de muchos otros compañeros. De nuevo enhorabuena por su primer año de blog.


Muchas gracias y buena lectura.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Entrada emergente. Valorar antes de usar.

Hace unos días recordaba Vicente Lloret esta entrada sobre lo importante y lo urgente. Y al releerla me di cuenta de que estaba incompleta. O al menos, de que muchas veces, junto con esas palabras, se mezcla otra que a veces nos lía y nos desvía: la Emergencia.

Muchos, sobre todo los que crecimos viendo a George Clooney haciendo de doctor Ross (haber visto al doctor Ross cuando ya no te hacía falta pediatra me hace parecer muy mayor de golpe) tendemos a confundir Emergencias con Urgencias. No es lo mismo. Nunca. En sanidad, por ejemplo, la emergencia es aquella situación en la que hay un riesgo vital, mientras  que en la urgencia el riesgo vital del paciente no existe (que me corrijan los expertos si he dicho algo equivocado). Pero no quiero hablar de las diferencias en el campo de la sanidad, sino del día a día (si de lo primero se poco, de lo segundo todavía menos). Vamos a ello que presiento una entrada laaaaaarga.

Urgencias a la derecha, Emergencias a la izquierda, Resultancias... ¿dónde coño están las resultancias?
Adoro las etimologías, y los diccionarios, y son siempre un buen principio para definir las palabras. La tercera acepción de la RAE nos acerca al sentido médico de la palabra emergencia, (peligro, desastre), pero vamos a quedarnos por ahora con las dos primeras. 


Algo que emerge, algo que sobreviene. En la cultura organizativa una situación emergente es justamente eso, algo que de repente, "sucede", sin que haya podido haber una planificación previa que nos hiciese pensar que "eso" tenía que pasar. Como diría Nassim Taleb (gracias a Eduardo Fondevila por descubrírmelo) una emergencia es un cisne negro. La gran diferencia con el concepto médico (y aquí es donde las sutilezas de la lengua son traidoras) es que la emergencia no es necesariamente negativa. Es solo una situación nueva e inesperada. Y lo único que requiere una situación nueva e inesperada es una valoración lo más completa y lo más rápida posible de la situación. Ya veremos si es urgente, importante, o ninguna de las dos cosas.

¿Y lo contrario de una emergencia qué es? Pues no es una urgencia, eso está claro. Lo contrario de una emergencia es un suceso resultante (se ve que lo de resultancia sonaba feo). Un evento resultante es algo que sucede y que esperábamos que sucediese. Y esperábamos que sucediese porque es una consecuencia directa de nuestras acciones o decisiones previas. Como la emergencia, puede ser positivo, negativo o neutro. La gran diferencia es que no podíamos no esperarlo y por ello deberíamos tener preparado un plan de actuación. Siendo más precisos en la diferencia: no somos responsables de la aparición de la emergencia (un suceso posible, más o menos probable, pero de alguna manera ajeno a nuestro control), pero somos extremadamente responsables de los sucesos resultantes.

¿Un ejemplo? Pensad en el Titanic, camino de Estados Unidos en una fría noche de abril. De repente alguien avista un iceberg. Un evento posible (no estaban precisamente en el ecuador) pero no una consecuencia de la navegación. Estamos delante de una emergencia. Se necesita una valoración rápida de la situación. ¿Es importante? Bastante, si no se hace nada te vas a comer un iceberg con la proa.... ¿Es urgente? Mucho. Muchísimo. A la velocidad que va el Titanic esa noche necesita mucho tiempo para girar y no lo tiene... ¿resultado?.... un montón de víctimas y un montón de Oscars...

Oye, una duda existencial ¿un iceberg es una emergencia o una urgencia?... lo digo por girar y tal... 

Editado *** Me señala un amigo una paradoja que yo no había tenido en cuenta: en el ejemplo del Titanic, teniendo en cuenta la velocidad y el espacio a disposición, mucho mejor que haber intentado el cambio de dirección que se realizó hubiese sido simplemente aminorar la velocidad, o en el peor de los casos NO HABER HECHO NADA y haber seguido recto hacia el Iceberg. Un choque frontal hubiese sido mucho mejor que el choque lateral que el giro provocó. Probablemente la historia (incluyendo la del séptimo arte) hubiese sido muy diferente.

Seguimos con los ejemplos. Hago una campaña online y offline para mi negocio de fisioterapia, Facebook, twitter, panfletos, el periódico del barrio.... y a los dos días el teléfono empieza a sonar más, mucho más de lo habitual. Estamos delante de una situación resultante (se supone que el resultado de una campaña para captar clientes es que te llamen más clientes). ¿Tengo que hacer algo? Simplemente aplicar lo que ya había pensado antes, por ejemplo, contratar una persona  para contestar el teléfono esos días (o pedirle a mi madre que lo haga) y que no se pierda ninguna de esas llamadas mientras yo estoy tratando los pacientes. Ah, espera, que no se me había ocurrido que iba a tener más llamadas de las que tengo habitualmente.... vale, luego hablamos de esto.


Y entonces, ¿dónde está el problema? El problema es que el cerebro está diseñado para prestar una atención especial a las emergencias, a las cosas inesperadas, a aquello que no debería suceder pero está sucediendo. Lee la siguiente lista de frutas:

Fresa, pera, melón, kiwi, manzana, platano, solomillo, melón, sandía, albaricoque, melocotón, piña.

No, no te has equivocado, has leído solomillo (incluso puede ser que lo hayas leído un par de veces).  Y si dentro de mucho rato te preguntase qué palabras estaban en esa lista, probablemente una de las pocas que recordaría todo el mundo sería solomillo. Porque era inesperada. Porque no tenía que estar ahí. Y eso hace que nuestro cerebro entre en bucle. Algo le llama la atención, y esto hace que le preste más atención, y al prestarle más atención le estamos dando más "importancia". Es lo que se denomina efecto de saliencia. Y cuando después de mucho pensar hacemos una valoración ya hemos decidido que la emergencia, por ser novedad, es importante. Y ahí la cagaste Burt Lancaster (esto si que ha sido de mayor). Recordemos que para saber si algo es importante o no la pregunta clave es ¿cuáles serían las consecuencias REALES de no hacer nada?
Pero además pasa otra cosa: somos muy malos haciendo nada. Se da la paradoja de que pensamos que no hacer nada no sirve para nada, y en seguida nos entran las ganas (locas) de hacer algo. (Esto no está descrito, pero yo lo llamo efecto Madre). Y nos justificamos para pensar que ese algo era lo mejor posible. Hoy sabemos que en sanidad lo mejor que se puede hacer muchas veces es "wait and see", pero esto lo han sabido los campesinos toda la vida. A veces no hacer nada es la única manera de hacer las cosas bien
Si juntas esos dos factores (la predilección del cerebro por las cosas inesperadas con la tendencia a hacer algo) tenemos la tormenta perfecta de las emergencias. Todo el mundo corriendo como patos sin cabeza solo para acabar de complicar más las cosas.

A estas alturas alguno habrá pensado que la solución pasa por disminuir al mínimo indispensable el número de emergencias y aumentar el de eventos resultantes. Hablando en castizo, planificar todo mucho más y mejor. Claro. Porque tooooodo se puede planificar. Pues no, Zasca en todos los planes. No es que planificar sea malo e inútil. No, al contrario, es una estupenda elección, y muy útil a veces. Pero no es la panacea. No todo entra en un excel. Las emergencias solo entran en un excel cuando ya no son novedades, cuando las hemos vivido. 

Los que habían pensado justo lo contrario se estarán frotando las manos. ¡¡¡No planifiquemos nada y vivamos en emergencias!!!! Pffff, pues la verdad, es muy cansado. Y no siempre da resultado. (Que se lo pregunten al estudiante que lo deja todo para el último día). Y además es poco práctico. Imaginad unas urgencias de un hospital en las que no se planificase nada. ¿Cuánta gente debería cubrir cada turno? ¿Pondríamos al mismo número de profesionales un martes por la tarde qué el día de Nochevieja? La respuesta intuitiva nos dice que no, que algunos momentos necesitarán, a priori, más personal que otros. 

¿Y entonces? El concepto de antifragilidad de Taleb nos resulta también muy útil aquí. Las emergencias son inevitables. Siempre habrá sucesos nuevos, no dependientes de nuestra actuación y a los que habrá que dar respuesta fuera de los planes, recordando que no hacer nada también es una respuesta. Si para protegernos de esa incertidumbre intentamos tener todo bajo control lo único que haremos será no estar entrenados para actuar cuando las emergencias lleguen (que llegarán) y tendremos más tendencia a clasificarlas como importantes, desperdiciando parte de nuestros recursos, entre ellos el tiempo, a actuar ante cosas que no necesitaban de nuestra actuación. Siempre por poner un ejemplo, para una persona no entrenada que llega al lugar donde ha sucedido una catastrofe y en el que hay víctimas y heridos, la tendencia natural será a correr hacia la persona que nos pide ayuda moviendo desesperadamente un brazo. Pues bien, los expertos en esas situaciones saben que esa persona respira y está consciente (presenta una urgencia médica). Probablemente necesite ayuda pero haga falta ayudar primero a otras personas, en situaciones más graves (auténticas emergencias). Si no nos entrenamos habitualmente a realizar una valoración de las emergencias seremos víctimas de nosotros mismos.


En el otro extremo está la tendencia a no analizar el impacto futuro de nuestras actuaciones, o de nuestras decisiones (o de nuestras omisiones) y actuar siempre como si estuviésemos en emergencia. El problema de la vida en emergencia es que tiende también a despilfarrar recursos (entre ellos el tiempo, y esta entrada ya os ha robado mucho). El ejemplo perfecto vuelve a ser la clínica que no ha pensado en como canalizar el aumento de llamadas después de realizar una campaña publicitaria. Invertir un dinero para conseguir aumentar el número de clientes y no haberse preparado para que los clientes potenciales se conviertan en reales es bastante absurdo. Y por desgracia mucho más habitual de lo que parece. Pensad esas estaciones de AVE sin pasajeros. 

Muchas gracias y buena lectura.


Imagénes: George Clonney. Photograph by Getty. www.theguardian.com,  www.rae.es, www.ultimatetitanic.com, elaboración propia

jueves, 19 de mayo de 2016

No me pisen lo fregao...

Hoy voy a hablar del doctor Tegaldo. Cuando le conocí el doctor Tegaldo era un abuelete de nariz grande, respuesta rápida y lengua afilada. Los ojos brillantes y melancólicos de quien ya ha visto más de lo que le queda por ver. En la boca una palabra siempre sobre el último partido del Genoa. Cuando le conocí el doctor Tegaldo ya no era aquel jefe de Traumatología del Hospital de Voltri de manos rápidas, bisturí afilado y carácter fuerte al que temían y respetaban por igual los que habían sido sus residentes y compañeros. Seguía teniendo los conocimientos complicados aprendidos en su profesión, y la manera simple de ver la vida que comparten los marineros, los cazadores y los campesinos, las tres aficiones que seguía cultivando desde hacía muchos años. Siempre lo recuerdo como una especie de Teniente Colombo de las artroscopias jubilado.



Aprendí bastante a su lado. De ligamentos, de estabilidad de la rodilla, de hombros y preocupaciones. Pero sobre todo aprendí de otras cosas. De paciencia, de escuchar al enfermo, de disfrutar de la vida,  de trabajar duro y de saber reírse de uno mismo. Recuerdo cuando le llamé jefe por primera vez y me dijo que él no era mi jefe (lo cual era cierto, mi jefe era otro médico que prefiero no recordar, del que aprendí muchas de las cosas que no debería hacer un jefe nunca). Hablamos de líderes y de jefes. Yo le comenté que él había sido un jefe de reparto y me volvió a responder que para nada, que él había sido el responsable, el director, pero nunca el jefe.

- "Pero como no iba a ser el jefe, si usted decidía cuándo y cómo operar a alguien".
- "Claro que decidía el cómo, porque por eso era el responsable, y esa era una de mis responsabilidades. Pero yo no empezaba ninguna operación hasta que otra persona no me decía que podía empezarla. ¿Sabes quién me decía si podía o no podía operar?"

Me quedé pensando, y le dije varias posibilidades: "¿El anestesista?" "No hombre, no. A él le decía yo cuando podía empezar". "¿El director del hospital?" "¿Ese? Ese que iba a saber, si era un abelinòu". Me tuvo un par de días sin respuesta, casi se me había olvidado el tema, así que cuando volvimos a vernos en la clínica y me preguntó me costó un poco centrarme. No se me ocurría quién le podía decir a él si podía o no podía operar. Di algunas respuestas más, equivocadas y al final él me dio la suya.

- "La persona que desinfecta el quirófano"- me dijo. Hasta que ella no le decía que el quirófano era aséptico ya podía él tener prisa, que la operación tenía que esperar. Es como plantar tomates, siguió, no puedes plantarlos cuando tú quieras, hay que plantarlos en el momento justo, después de hacer otras muchas cosas y teniendo en cuenta otras que no están bajo tu control. 


No es lo mismo ser un líder que un jefe. Y en algunos momentos hay que saber que el que manda es otro, el que sabe de lo suyo, el que tiene la capacidad de hacer lo que tiene que hacer. Estaría bien que  en estos tiempos en los que todos sabemos de todo, en los que todos opinamos, no perdamos eso de vista. Qué nadie es más ni menos que otro. Que cada uno tiene sus competencias, sus capacidades. Y que son esas las que determinan quién tiene que hacer qué y cuándo. Y el que manda cuando se está haciendo algo debería ser el que sabe de ese algo. Y como diría mi abuelo, (me lo imagino jugando una partida de cartas con el doctor Tegaldo), "el que está fuera da tabaco".

Muchas gracias y buena lectura.


Imagen Suelo Mojado: By Michael Pereckas from Milwaukee, WI, USA - Wet Floor, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4595528


martes, 29 de marzo de 2016

Objetivo: MARTE

Lo prometido es deuda. Y a mi me toca pagar. Prometí una entrada sobre objetivos hace unos días. Pues aquí está.


El acrónimo inglés para explicar las características que deben reunir los objetivos para ser considerados como tales es SMART. Esto permite un juego de palabras entre el acrónimo y el significado de esta palabra (inteligente) en la lengua de Shakespeare. El problema de la palabra SMART es que se empieza por utilizar para un coche y se acaba convirtiendo en un verbo que aplicar a cualquier ámbito.... qué si smartizar objetivos,  que si es necesario smartizar la empresa, que si estamos smartizando la ciudad, a este paso vamos a acabar smartizando hasta las relaciones.... (lo de smartizar nuestro parlamento todavía lo veo más difícil, pero todo se andará).


Yo para hablar de objetivos prefiero utilizar el acrónimo MARTE, por tres motivos. El primero por barrer un poco para casa y poner a Cervantes por delante de Shakespeare. El segundo porque no puedes marcianizar objetivos, ni empresas, ni ciudades. Y el tercero os lo contaré un poco más adelante. Vamos con las siglas.



M. De Medible
La Madre de las características. No voy a llegar al extremo de afirmar que lo que no se puede medir no existe como he leído en algún sitio. Pero tengo claro que lo que no se puede medir no se puede re-evaluar. Y para saber si hemos alcanzado nuestro objetivo tenemos que poder comparar. Así que cuando plantees tus objetivos para el año que viene (o en septiembre, que también es muy típico), acuérdate de eso: "Voy a correr....."  ¿Cuánto, un maratón, cien metros, detrás del autobús...? No es exactamente lo mismo.

A. De Acordado
Sobre todo cuando se trabaja en equipo. Y ojo, que un equipo no son veinte o diez personas, un equipo se compone a partir de dos personas (relación terapeuta-paciente por ejemplo). O sea, que el objetivo, cuando se trabaja en equipo, tiene que estar acordado por todas las partes, no vale "mi" objetivo sino "nuestro". No vale imponer sino acordar. ¿Dónde quieres llegar? ¿Dónde crees que podemos llegar? podrían ser un par de preguntas muy buenas para saber si el objetivo está acordado.
¿Y si mi equipo soy solamente yo?  En ese caso la A es de Alcanzable. Pero para explicar ese punto paso a la siguiente letra.

R. De Realizable
Hay personas que dicen Realista, o Relevante. Yo prefiero quedarme con la R de Realizable con los Recursos a disposición. Porque realizable (o alcanzable) es casi todo. Correr un maratón, por ejemplo. Hay gente que lo hace, ergo, es realizable. Que lo consiga yo sin dedicar horas a entrenar es imposible. Para saber si nuestro objetivo cumple esta "R" la pregunta es fácil: ¿qué necesito para conseguirlo? ¿qué tengo? ¿Necesito entrenar 10 horas a la semana durante los próximos seis meses? ¿Tengo esa disponibilidad horaria? Si no cuadra, o consigo más recursos, o cambio de objetivos.

T. De Temporizable
Y si medible era la madre de las características, la temporalización es el padre. ¿Cuándo voy a conseguir lo que me he propuesto? Si no pongo un límite, no sabré cuando tengo que volver a evaluar. Y si no mido mi evolución no sabré lo lejos, o cerca, que me he quedado del objetivo. ¿Quiero correr un maratón? ¿Qué maratón? Quizás no esté preparado para el de Madrid de este año, pero quizás si puedo realizarlo el año que viene. El cuándo influye en muchos de los recursos  (tiempo, dinero, conocimiento) para hacer que algo sea realizable o no.

E. De Específico
Y por eso me gusta más MARTE que SMART, este es el tercer motivo. Porque si uno ha seguido los pasos anteriores, y ha diseñado un objetivo medible, acordado, realizable y temporizable, que sea específico es una consecuencia de todo ello. Un buen objetivo debería caber en un tuit. O para los que no le guste lo digital, en un post-it (sin truco, el cuadrado de 76x76 de toda la vida, y con una letra tipo 12, que os conozco).

El año que viene voy a ser bueno no es un objetivo, es un deseo de la carta a los Reyes Magos. El año que viene voy a recoger mi habitación todas las semanas una vez es un objetivo. Estar mejor no es un objetivo. Estar mejor es una herramienta para algo. Nosotros, como la NASA, tenemos que llegar a MARTE.

Muchas gracias y buena lectura.

Imagen de dominio público de pixabay.com