lunes, 9 de julio de 2018

Los dos hombres más importantes de mi vida.

Marcelo y Tristán. No se me ocurre una manera mejor de resumir (y de autofelicitarme) los cuarenta años que hoy cumplo que hacerlo citando para ello a los dos hombres más importantes de mi vida y que por diversos motivos no van a poder felicitarme hoy. Marcelo y Tristán. Alfa y Omega. Los cuarenta que se van y los cuarenta (espero) que llegan. 

Marcelo fue el primero. Estaba allí el día que nací. Bueno, no. Era de una época en que la mayoría de los hombres no estaban en las maternidades. Cuentan las crónicas que cuando le dijeron que su mujer había tenido un hijo varón saltó hasta casi darse con el techo (él, con su metro sesenta escaso.... claro, que las crónicas son las de dos hermanas que por aquel entonces no llegaban a los ocho años.... vamos, que se alegró mucho). Resumir mis cuarenta años en boca de mi padre no sería un trabajo fácil. Entre sus grandes habilidades no puedo recordar que estuviese la de ser un gran contador de historias. Pero tuvo siempre otras cosas. Para empezar, un trabajador incansable. Una ética del trabajo que me gustaría de alguna manera decir que llevo dentro. Recuerdo algunos sábados de mi infancia acompañándole al almacén de recambios donde trabajaba.... me sorprendía la facilidad con la que todo el almacén estaba en su cabeza, números de referencias que empezaban todas igual, 7700, que parecían todas iguales, se materializaban como piezas diferentes exactamente en el pasillo, en la estantería, en la caja en la que él iba a buscarlas. Estos días, viendo el vídeo de esa hija que se presenta en la obra de su padre para honrarle y agradecerle su título universitario, se me humedecen los ojos. Mi padre (y por supuesto mi madre, claro) hizo todos los esfuerzos para que sus hijos tuviesen los estudios que ellos no habían podido tener. Y nos lo supieron transmitir tan bien que no hemos sabido dejar de estudiar. 

He dicho que entre los dones de mi padre no estaba el de contador de historias. Pero entre los muchos recuerdos que me quedan de él hay uno imperecedero. "¿Quieres que te diga unas palabritas?" Era su frase mágica el día antes de empezar el curso, incluso antes de empezar un trabajo. Las mismas frases todos los años. Respeta a tus compañeros. Respeta a tu profesor (o a tu jefe). Sé puntual. Lleva todas tus cosas en orden. Estudia (o trabaja) duro. Se limpio. Se amable. No le quites nada a nadie, si te falta dímelo, que lo compramos... todos los años lo mismo... escucharlo durante la infancia, durante la adolescencia (es decir, sin escucharlo), durante la primera juventud... pues el caso es que al final se te queda. No se si sería porque lo decía. Creo seguramente porque él lo hacía. Ahora lo llaman ética del trabajo. O ser la mejor versión de ti mismo. Para mí, como para mis hermanas eran solo unas palabritas. Gracias.

Me llamo Torija, Marcelo Torija


Tristán no ha conocido a Marcelo y lo siento mucho por los dos. Él acaba de llegar, con sus diez meses, con su energía increíble, con sus ganas de descubrir el mundo, como si tuviese prisa por llegar. Con él se cierra el capítulo de mi paternidad. De él puedo contar poco. Estuve allí el día que nació. Rubio. Ojos azules. Los que me conocéis os habréis dado cuenta, exactamente igual que yo. Lo que importa de Tristán (y de Elisa, también de Elisa) es que me ponen de nuevo delante de Marcelo. Intentar ser la mejor versión de mi mismo para ellos. No se si pasaré con vosotros todo el tiempo que necesitaréis. No se si sabré enseñaros todo lo que os hará falta. Se que os miro y pienso que quiero hacer las cosas lo mejor posible. Y que a veces no se. Entonces pienso (y aquí es cuando más lo hecho de menos) que palabritas tendría mi padre para su hijo. Qué consejos me daría su paternidad. Y entonces,  solo entonces, me doy cuenta de que los errores que pudiese haber cometido son nimiedades en comparación con los aciertos que tuvo. Espero que dentro de cuarenta años Tristán me pueda juzgar con la misma benevolencia. Por ahora espero que siga destrozando torres, jugando y riendo.

¿Qué referencia será esta rueda?

Muchas gracias por felicitarme.

P.S: Otra de las "palabritas" de mi padre, esto ya un poco más de mayor. "Si alguna vez vas a tomar algo con tus amigos y los demás han pagado una ronda, no te vayas sin dejar pagada una". Luego, estudiando Psicología, descubrí que tacaño y pesetero eran palabras despectivas en cualquier idioma. Pues eso, tuve la suerte de un padre que supo enseñarme todas esas cosas.

viernes, 22 de junio de 2018

Fisioterapia. Forever young. O no.

"Los cuarenta son los nuevos treinta"
Sí, nací en el 78. Y como yo muchos de mis amigos. Así que llevo escuchando la frasecita de arriba varios meses. Y lo que queda. Aunque la verdad es que no me pilla de nuevas. Hace diez años la frase era que los treinta eran los nuevos veinte, y me juego los dedos chicos de la mano a que dentro de diez me dirán que los cincuenta (¿cincuenta? eso tiene que ser un error) son los nuevos treinta.

Lo que queda claro con tanta frase es que envejecer no nos mola. Ni a las personas, ni a la fisioterapia, por lo que parece según la última entrevista al presidente de la Asociación Española de Fisioterapeutas (AEF),  (de los nacidos en el 78 la única que parece que envejece según nos cuentan todos los días es la Constitución). Dice, y cito textualmente: "Somos una profesión joven, y con mucha proyección y logros por alcanzar". Y me parece una verdad a medias, o una media mentira. Vamos a echar cuentas. En enero de 2019 la Asociación que preside cumple cincuenta (no, esto no es un error) años. O sea, que para empezar la profesión tiene al menos medio siglo. Pero vámonos más lejos. La World Confederation for Physical Therapy (WCPT), de la cual la AEF es la representante española cumplió en 2016 los sesenta y cinco años (sí, más adelante diremos aquello de que los sesenta y cinco son los nuevos cincuenta). ¿Más? La American Physical Therapy Association (APTA) cumple el año que viene noventa y cinco años y la Chartered Society of Physiotherapy es una jovenzuela de ciento veinticuatro años. (Por cierto, las últimas dos fundadas por mujeres, ahí lo dejo). ¿Vamos a seguir diciendo que la Fisioterapia es una profesión joven?

Pues sí, lo seguimos diciendo. Junio de 2018.

Recuerdo perfectamente el primer día que escuché esa frase. Alcalá de Henares. 27 de septiembre de 1996. Tomás Gallego nos decía aquello y yo y otros sesenta compañeros nos lo creíamos. Nosotros éramos jóvenes. Pero responsables de la profesión y otros que han estado en puestos de responsabilidad mucho tiempo nos siguen repitiendo el mismo mantra y quieren que nos lo sigamos creyendo.  Sí, tenemos mucha proyección, muchos desafíos por delante. Pero seguir repitiendo que somos jóvenes es solamente un modo de justificar el porqué muchos logros no los hemos alcanzado, o no los hemos desarrollado todavía (acceso directo, representación real en órganos directivos, imagen reconocida en la sociedad...).

No. Ya no me lo creo. La fisioterapia no es una profesión joven. Es una profesión madura. Es una profesión con un crecimiento científico internacional en los últimos treinta años increíble. Con una implantación capilar en este país impresionante (en cada pueblo hay una rotonda y un fisioterapeuta, y en cada capital de provincia un aeropuerto y una facultad de fisioterapia). Con un número de doctores y de profesionales que crece cada año. Excusarnos con su juventud es quitarnos responsabilidad por las oportunidades perdidas, por los errores pasados y presentes. Es faltar a la verdad y al compromiso con las nuevas generaciones. Hacernos pasar por jóvenes es no aceptar la madurez que hemos alcanzado, y las obligaciones que esa madurez conlleva. No. Yo no quiero una profesión eternamente joven, un gigante dormido (otra de esas frases que nos persiguen, o nos despertamos nosotros, o nadie nos va a esperar) que todavía tiene que despertar. Yo quiero una profesión transformadora, madura, asentada, con una historia rica, con grandes objetivos por delante y con proyección infinita.

Muchas gracias y buena lectura.

martes, 19 de junio de 2018

Evaluación. Clínica. Objetiva. Estructurada.

Los que me conocen o que me leen por aquí saben que soy poco sospechoso de hacerle publicidad a la Universidad en la que trabajo. Me gusta pensar que soy independiente, al menos lo suficiente para poder decirle las cosas que no se hacen bien, las que no me gustan. Por eso, hace ya unos años renuncié a alojar este blog dentro de sus recursos. Para poder tener las manos libres para escribir acerca de lo que me diese la gana.

Pues hoy me da la gana de hablar de la ECOE de Fisioterapia de la UE. Porque a lo largo del último año he estado trabajando en dos proyectos ilusionantes, que se han llevado parte de las horas de mis peques y de mis horas de ocio, dos proyectos relacionados con la fisioterapia, con la fisioterapia que ilusiona, la de hacer las cosas bien, la de hacer que la fisioterapia sea cada día un poco mejor. Del otro proyecto todavía es pronto para hablar (tendré que esperar a finales de agosto), así que hoy dejadme que os hable de la ECOE.

¿Qué coño es eso de ECOE? Esa fue exactamente la misma pregunta que me hice yo cuando nos lo comentaron en la Universidad. ECOE. Evaluación Clínica Objetiva y Estructurada. Soy sincero, pasar de la sigla al nombre ni me dijo ni me ilusionó mucho. En mi universidad, (como supongo que en muchos otros trabajos), que dirección de área, o de departamento, o coordinación, llegue diciendo que hay un proyecto nuevo, traducido al idioma de los que estamos al final de la línea quiere decir que hay que hacer más trabajo. Pero empezamos. Y la conocí. Y me cautivó.

Imaginaos que pudiésemos comprobar si esos conocimientos que hemos estado intentando transmitir a lo largo de cuatro años a los estudiantes se acoplan bien con todas esas competencias transversales que el marco de Bolonia nos propone y que hemos incluido en los planes de estudio. Y que además lo pudiésemos medir en un contexto clínico. Con pacientes (maniquíes, pero sobre todo actores, maravillosos, increíble lo bien que trabajan, una y otra vez las mismas respuestas) a los que podemos testar una y otra vez porque no les vamos a aumentar los síntomas. Y que esa valoración no dependa de lo bien que me caiga el alumno, del feeling que tenga con el tutor de prácticas o de lo cansado que esté yo al corregirlo. Que yo, profesor, sepa en cada momento qué estoy evaluando, pero que tú, alumno, seas ciego a la evaluación. Evaluación. Clínica. Objetiva. Estructurada. Y ahora las palabras empiezan a tener un sentido. Y me gustan.



Pues ya la hemos hecho. Y más allá de las notas, que todavía no son oficiales, me quedo con dos resultados. Los alumnos, encantados (pensad cuantas veces a lo largo de la carrera os habéis divertido haciendo un examen de dos horas y media), nos dicen que este examen les va a ayudar a ser mejores profesionales. Los profesionales (unos valientes, me hubiera encantado estar en vuestro lugar, evaluarme, medirme, conocer mis errores) que participaron en el simulacro y que luego nos acompañaron, convertidos en evaluadores en la evaluación real, más encantados todavía. ¿Es un instrumento perfecto? No, como todos es mejorable. Necesitará que estudiemos qué ha funcionado, qué es lo que hay que cambiar. Necesitará que le hagamos cambios (más trabajo, ahora me pesará menos). Y entonces, ¿por qué me emociona y me ilusiona tanto? Porque abre las puertas. Como docente. No formamos (o no deberíamos formar) alumnos que aprueben exámenes, sino que sepan tratar con personas, no solo que sepan, sino que sepan hacer. Y solamente si podemos medir objetivamente dónde fallan ellos sabremos objetivamente donde estamos fallando nosotros. Y el mejor modo de hacerles mejores a ellos es mejorando nosotros. Como clínico, como fisioterapeuta, me gusta pensar que estamos importando para la fisioterapia española algo que la puede hacer mejor, algo que otros países o que otras profesiones ya tienen instaurado, bien en la universidad bien en el desarrollo profesional Algo que nos puede hacer mejores a los profesionales. Y si lo ha hecho la Universidad en la que trabajo, y lo ha hecho bien, pues hay que decirlo.

Muchas gracias y buena lectura.


jueves, 12 de abril de 2018

Derivando X

Hoy toca hablar de razonamiento, así que espero que los que de verdad saben del tema, gente como Edu, Rubén, Pablo, Arturo... si me leen, que me perdonen, o me corrijan. O que me perdonen y me corrijan.

Hace algunos años empecé a dar clase en la Universidad (sí, esos sitios donde los alumnos se matriculan y normalmente recuerdan que van a clase, que hacen exámenes, que entregan trabajos, ejem). Me empezó a pasar una cosa de manera frecuente en las lecciones. Planteaba un caso clínico. Muchas de las veces real, sucedido algunas horas o algunos días antes en mi consulta. Los estudiantes debatían, pensaban, razonaban. Hacían preguntas. Y poco a poco iban generando sus hipótesis. Otras veces generaban hipótesis directamente a bote pronto, así, casi sin pensar, la mayor parte de las veces relacionadas con lo que acabábamos de ver en clase, con algo que otro profesor les había comentado, o basadas en su propia experiencia. Hasta ahí, todo normal. Lo que me llamaba la atención era que muchas veces no planteaban hipótesis que, aunque al final no se confirmasen, cualquier fisioterapeuta hubiese formulado. Tardé algunas clases en darme cuenta en que ese era justo el detalle. Eran alumnos y no profesionales. Desconocían todavía muchas de las patologías posibles. No habían acumulado en su cabeza patrones clínicos suficientes.

Somos lo que ellos alcanzan... ¿o quizás alcanzamos lo que ellos son?. Reflexiones de Yoda

A los profesionales, con el paso del tiempo, se nos automatizan los procesos. Paciente nuevo, registro, anamnesis, y nuestra cabeza empieza ora a rastrear, ora a dejarse llevar por intuiciones. Generamos hipótesis que descartamos con una pregunta y otras que llegarán exitosas hasta la fase de exploración. Pero metemos la pata sin darnos cuenta (esto es un sesgo, los que saben le pondrán nombre, pero no es mi objetivo). No nos damos cuenta de que nos puede pasar lo que yo veía en los estudiantes. Hay hipótesis que no formulamos. Algunas por desconocimiento (da igual cuantos años pasen, el conocimiento adquirido nunca será total), otras simplemente porque en ese momento el "archivo" hipótesisX.causa no está disponible en nuestras estrategias de búsqueda cerebrales. Y no basta con pensar más o concentrarse más. No aparece. Y como no somos conscientes de que en ese momento se ha perdido, no podemos buscarlo.

Y claro, ante una hipótesis no presente no puedo hacer nada. No puedo contrastarla, no pudo falsarla, no tengo un test.... simplemente me pasa como a mis estudiantes, tengo un agujero negro. Es cierto que la mayor parte de las veces, a estas alturas de la película, no sucede nada. Pero como dice mi compadre en #EstrategiaCSA, Raul Morillo, a veces los fisioterapeutas hacemos más FBR que FBE. (FBR, Fisioterapia Basada en el Riesgo, Raúl... me encanta). No, no hablo de descartar banderas rojas, esas parece que ya las hemos integrado en la práctica clínica, aunque no sepamos muy bien que hacer con ellas. Hablo de algo más complicado porque es menos peligroso. ¿Y si lo que le pasa al paciente no es ninguna de las cosas que yo creo? Ya sabemos que a veces las cosas mejoran a pesar de los sanitarios. Y acabamos por creernos que el paciente mejora porque he sabido diagnosticarle bien. (Otro sesgo, como arriba, no importa tanto su nombre como ser consciente de que nos puede pasar a todos).

Ahora cuando exploro tengo siempre presente los archivos hipótesisA, hipótesisB.... y siempre un archivo hipótesisX... para que digan que los estudiantes no nos enseñan cosas. Basta estar pendiente. De lo que dicen. Y de lo que no dicen. 

Muchas gracias y buena lectura.

jueves, 22 de marzo de 2018

La Copa del América y la regeneración de los tejidos.

Los que estáis acostumbrados a seguirme ya sabréis que suelo hablar para fisioterapeutas, y que muchas veces tiro del fútbol para las metáforas. Pues poneos cómodos. Hoy voy a hablar para todos. Y no voy a hablar de fútbol. Voy a hablar de vela. 

Ya ves, cada uno tiene sus gustos extraños. A mí, por ejemplo me pone la Copa del América. La de los barcos,  escrita así, "del América" porque se refiere al primer barco que la ganó. Pero hoy no os voy a hablar de la historia de la competición. Hoy os voy a hablar de lo que pasa justo antes de que una regata empiece.

Si sois pacientes (y todos hemos sido pacientes o lo seremos en algún momento) seguro que habéis oído alguna vez eso de "por ahora es mejor no hacer nada", "mejor que no te toquen" o el colmo de todas "qué no te toque el fisioterapeuta". Incluso hay fisioterapeutas que te dicen aquello de mejor vente más adelante (que quiere decir, en este momento creo que todavía vas a empeorar, mejor vente cuando ya estés mejorando, que así puedo sacar pecho). ¿Es realmente mejor no tocar? ¿Somos los fisioterapeutas un peligro? 

En las regatas finales de la America's Cup (así, que en anglosajón suena mejor) compiten dos barcos, el defensor, contra el desafiante. Y la salida es muy curiosa. No es una salida desde parados. Los barcos entran en una zona llamada "cajón de presalida" entre 5 y 2 minutos antes de la salida. Durante ese tiempo pueden hacer lo que quieran (respetando las reglas) pero teniendo en cuenta que no podrán atravesar la línea de salida antes de que la cuenta atrás llegue a cero. Si un barco atraviesa esa línea antes, aunque sea un segundo antes, está obligado a dar toda una vuelta a la boya para volver a atravesar esa línea. El secreto, como quizás podáis imaginar (y si no, el video de abajo puede ayudaros), consiste en calcular perfectamente tiempos, vientos, velocidades, movimientos del otro barco, para poder atravesar la línea de salida cuando el reloj marca el segundo 1 de la competición, y hacerlo con la mayor velocidad posible. La mayor parte de las veces, la ventaja conseguida en la salida es la que hace que un barco gane o pierda la regata.



Imaginad ahora una lesión en los tejidos, esguince, o rotura fibrilar, o una operación, una reconstrucción de ligamentos, una prótesis, lo que queráis. Está claro (y aquí los fisioterapeutas hemos metido la pata un montón de veces) que existen unos tiempos que hay que respetar. Que no se puede cargar un tendón que tiene que aprender a ser un ligamento antes de un determinado tiempo. Que un tejido tiene unos tiempos fisiológicos de reparación necesarios y que es obligatorio CONOCER Y RESPETAR. Ahora. Otra cosa es de ahí entender que mientras ese momento llega, no hay que hacer nada. O que no hay nada que hacer. 

Hay mucho. Preparar el resto de los tejidos. Planificar como va a ser la recuperación. Cuidar de otras articulaciones, entrenar y reforzar músculos que serán vitales durante el recorrido. La fisioterapia, entendida como una profesión funcional y no estructural no debe limitarse solo al después. Es necesario saber cómo debemos movernos en el antes. Saber que si atravesamos esa línea de salida antes del momento indicado la vamos a CAGAR (así, con mayúsculas, para que no haya duda). Ser expertos del movimiento implica ser expertos de la fisiología, expertos en saber que el cuerpo es un sistema de interacciones complejas en las que a veces, para ayudar a una articulación, lo más importante es no tocarla y trabajar la contralateral. Ser expertos en saber que lo mejor que podemos hacer a veces es no tocar (y quien dice tocar dice darle descargas, o cualquier otra cosa) un tejido. Pero que de no tocar un tejido a no tocar una persona hay un mar de por medio. Y que ganar esa carrera depende de saberlo.

Fisiología. Conocer tiempos. Respetarlos. Saber que hacer mientras. No va solo para fisioterapeutas.

Gracias y buena lectura.

viernes, 9 de febrero de 2018

Fisioterapia e Inteligencia Artificial

Escucha con las manos. Siente los movimientos. Déjate llevar por las sensaciones que te transmiten los tejidos. Podría ser el anuncio de un coche, pero en el fondo es algo que muchos hemos escuchado en las facultades cuando aprendimos esta profesión. Nos hemos convencido, porque nos han convencido, y porque nos resultaba cómodo convencernos, de que en este futuro hipertecnológico y megaconectado al que ya hemos llegado, nuestra profesión estaba salvada. Ningún robot podría sustituir nuestra relación con el paciente, ninguno nuestras habilidades manuales. No tengo claro si el futuro será el territorio de la inteligencia artificial, pero de lo que no tengo ninguna duda es de que seguirá siendo el de la estupidez natural (portavoces y portavozas aparte).

Dicen que cuando IBM le comentó a Kasparov que estaban desarrollando un robot que pudiese jugar bien al ajedrez y ganar a un Gran Maestro, el ruso se rió bastante de la idea y afirmó que destrozaría cualquier ordenador en una partida. Cuando en el 1996 Deep Blue le gano la primera partida dijo que le había pillado relajado. Cuando en el 1997 Deep Blue le ganó en un encuentro a 6 partidas ya no pudo decir muchas más cosas. Malos tiempos para la lírica.

La Inteligencia Artificial y el Big Data no son historias de las películas. Están aquí. Llevamos en nuestro bolsillo un móvil que nos geolocaliza e informa de cuantos segundos miramos cada pantalla que vemos, dónde clicamos con el ratón. En la muñeca una pulsera cuenta nuestros latidos, nuestros pasos, nuestro sueño, nos dice cuándo tenemos que levantarnos a caminar. Pensar que la fisioterapia podrá vivir ajena a la Inteligencia Artificial es una quimera.

Siempre IBM, lleva desarrollando desde hace años un programa llamado Watson (elemental, querido) que entre sus muchas posibilidades ayudará a los médicos a mejorar sus diagnósticos. En un futuro no muy lejano programas de ese tipo estarán a disposición de los profesionales de la salud (sí, y posiblemente también de los pacientes, y de los cuñados de los pacientes) para ayudarles. ¿Podrán equivocarse? Cierto, pero también nos equivocamos nosotros solitos, sin necesidad de un ordenador que nos confunda. Deberíamos empezar a aceptar lo que Kasparov no supo ver en su momento. No podemos almacenar en nuestra cabeza los 300000 artículos que Pubmed acumula sobre fisioterapia. No podemos luchar contra esa potencia de calculo bruto. Ante una sucesión de datos un ordenador entrenado acabará por ser más rápido que cualquier humano en reconocer patrones. Será más eficiente que nosotros en realizar diagnósticos y en plantear posibles tratamientos. ¿Y entonces?



Entonces, la buena noticia es que no tenemos que competir contra ningún ordenador. Tenemos que aliarnos con ellos como Will Smith en Yo Robot (lo siento por el spoiler, pero os aconsejo verla de todas maneras). Aceptar una voz que nos guíe como ahora lo hace el navegador de Google. Habrá cosas que el ordenador quizás no entienda, habrá atajos que solamente nosotros sepamos tomar, habrá veces que evitaremos el error del ordenador, y otras en las que erraremos por no hacerle caso. Pero una pequeña voz dentro de la consulta, aconsejándonos que preguntas hacer, que hipótesis son las más probables y cuales son los tratamientos con más posibilidades de éxito será una gran ayuda. Como siempre en la historia, habrá a quien los avances le parecerán un retroceso (hubo médicos que opinaron que viajar en tren haría que las mujeres dejasen de ser fértiles), lo importante es que nuestros miedos no sean una barrera para lo que los pacientes deberían tener siempre: el mejor tratamiento posible.

Muchas gracias y buena lectura.

viernes, 26 de enero de 2018

Siguiendo

"Ante la página en blanco, la pregunta abierta, ¿por qué? ¿por qué un blog? ¿por qué ahora? ¿para decir qué? ¿para decírselo a quién?..."
Torija L.  Llegando. zienziyharte. 2014 (1) 16 enero


Cuatro años. No había caído en la cuenta del tiempo que llevaba el blog abierto hasta el otro día cuando escribí la última entrada "Non plus ultra". No había vuelto a leer el primer post. Un post que llevaba por título un subjuntivo, porque como dice mi buena amiga Montse citando a Ortega y Gasset "No somos participio. Somos gerundio. No estamos hechos del todo sino que poco a poco nos vamos haciendo". Pues eso, yo en estos cuatro años me he ido haciendo. A fuego lento.

Cuatro años son un ciclo olímpico. Cuatro años son un momento tan bueno como cualquier otro para echar cuentas, para hacer resumen, para fijar objetivos. Para darse respuestas. Vamos a ver si en estos 4 años he encontrado alguna. 

¿Por qué un blog? Seguramente porque necesitaba pensar en voz alta, compartir mis dudas, mis hallazgos. Compartirme un poco como una forma de agradecer lo que otros blogs me estaban aportando. Es cierto que incluso la propia palabra "blogsfera" se ha quedado anticuada. Y que quizás los blogs hayan perdido su sentido. Pero en ese momento era una herramienta poderosa para ponerse en contacto con la gente. Y yo, ¿qué tenía que decir? ¿a quién? Yo quería hablar de fisioterapia, de comunicación. De problemas de la profesión y de los profesionales. Quería hablar, a veces ironizar, sobre la profesión, como medio para que el que quisiese pensar pensase. A favor. En contra. Pero que pensase. Quería diálogo e he intentado cumplirlo. A veces tengo la sensación de que la profesión ha pasado del diálogo a los gritos. O quizás en el fondo hemos sido siempre una profesión de dialogar gritando (ea, otro gerundio). Tenemos una profesión que se está haciendo. 


Y yo, ¿qué he estado haciendo en estos cuatro años? He sido padre. Y he vuelto a ser padre. Y estoy siendo padre, porque desde luego tengo claro que eso si que es algo que está continuamente en movimiento. Elisa. Tristán. Aprendizaje constante. Gracias.
Aprendizaje también de mis alumnos. Hace 4 años estaba recién aterrizado en la UEM (gracias siempre Ana, por convocarme para este partido y darme los primeros minutos). En cuatro años he tenido la suerte de encontrar compañeros enormes en todos los sentidos. Gente que verdaderamente sabe. Gente que disfruta enseñando. Gente con ganas de aprender. Gente que podría escribir, describir y enseñar lo que es la palabra Resiliencia (otra de esas palabras que hemos tenido que aprender a decir en estos cuatro años).
Hace cuatro años no tenía una clínica. Ahora la tengo. Fisiolab. (Y es la primera vez que la menciono por aquí). Un pequeño espacio donde intento hacer la fisioterapia que defiendo, porque el movimiento se demuestra andando (gerundio dixit) y la fisioterapia es cada vez más, movimiento. Gracias Alberto por soñar y trabajar conmigo.
Y sobre todo gracias Maribel, por cualquiera de las cosas que haya pasado en estos cuatro años. Dije una vez hace tiempo que las personas con las que escogemos pasar nuestras vidas son lo más importante. A ti te he escogido. Dos veces. O más bien has sido tú la que me has escogido a mi las dos. Amando.


Y ahora, ¿qué? ¿Cuál es mi objetivo para el próximo ciclo olímpico? ¿Dónde me veo en enero del 2020? Da un poco de vértigo pensar en esa distancia.... vamos por partes... acabar psicología y un Master no estaría mal. Seguir aprendiendo. Seguir enseñando. Seguir escribiendo. Seguir compartiendo mis dudas. Seguir creciendo como profesional y seguir ayudando a la profesión a crecer. Seguir disfrutando de mis peques (dentro de 4 años ya no serán tan peques), de mis trabajos (de todos mis trabajos), de mi gente (de toda mi gente). Seguir compartiendo con vosotros mis ideas.

Pues eso. Agradeciendo. Siguiendo