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martes, 14 de abril de 2015

Las tres P. Un modelo de autoevaluación

Hace ya unos meses estuve hablando de lo importante que sería aprender a autoevaluarnos, en cualquier ámbito, en cualquier profesión, una vez acabado nuestro recorrido formativo oficial. La herramienta de la que hoy quiero hablar puede servir para completar la de la entrada anterior, o puede utilizarse de manera autónoma. Está basado en el modelo de las 3 P, que en este caso serán Producto, Proceso, Personas. Voy a intentar explicarlo de la manera más clara posible.

Cuando una persona realiza su trabajo, a la hora de valorar el resultado no existe una sola manera de realizarlo. Además, muchas veces el resultado obtenido es la suma de una serie de circunstancias que pueden estar relacionadas pero que no dependen exclusivamente una de la otra. El riesgo de valorar nuestra actuación centrándonos solamente en una de ellas corre el riesgo de darnos un resultado falso, no necesariamente negativo o positivo, pero alejado de un cierto modo de la realidad.

Para explicar la herramienta empecemos por definir un triángulo, y situar en cada uno de los vértices cada una de las P's

- Producto: es quizás la dimensión más fácil de entender, se trata del resultado "bruto" de nuestra actuación, medible de una manera cuantitativa y/o cualitativa. Pueden ser la cantidad de ovejas esquiladas si soy esquilador, las notas de mis alumnos si soy profesor, el tiempo que un paciente tarda en recuperarse si trabajo en la salud, o mi nota si me presento a un examen.
- Proceso: se trata del "cómo" se ha llegado al producto, es decir, los pasos dados para realizarlo. A menudo en nuestras actuaciones existen una serie de procesos previos que es necesario completar para alcanzar el resultado. Utilizando una metáfora, si el producto es llegar en coche a un determinado sitio a una determinada hora (ambos conceptos medibles) porque hemos quedado con una persona, el proceso sería analizar si para realizarlo hemos respetado las reglas de circulación, si el camino que hemos escogido ha sido el más eficiente, si nuestra conducción ha supuesto en algún momento un problema para las estructuras inertes que están implicadas (por ejemplo el motor o las ruedas).
- Personas: se trata de todas aquellas estructuras vivas implicadas en el proceso, empezando por nosotros mismos como protagonistas, y siguiendo por aquellos que nos rodean, ya sean compañeros de trabajo, dependientes, alumnos, pacientes... sujetos activos o pasivos de nuestra intervención.

Una vez definidos los tres vértices del triángulo, deberíamos proceder a valorar nuestra actuación en cada una de las dimensiones.
- Producto: facilmente medible, puntuaremos en ella muy alto si el resultado es bueno (conforme a nuestro objetivo previo) y bajo si el resultado es malo. Muchas veces, sobre todo en aquellas realidades en las que trabajamos en condiciones multifactoriales (por mi experiencia personal, la salud y la educación son dos ejemplos claros, pero creo que es extrapolable a cualquier otra realidad) corremos el riesgo de relacionar un mal resultado con una mala actuación nuestra, o lo que es más peligroso, un buen resultado con una buena actuación, descartando entonces factores que seguramente hayan influido (siguiendo con la metáfora del viaje en coche, podemos llegar tarde porque delante de nosotros ha habido un accidente o llegar antes que la otra persona porque esa persona se haya retrasado) en ambos casos el resultado no nos está informando al completo de nuestra actuación.
- Proceso: facilmente medible si antes hemos realizado una revisión previa de cual tiene que ser el proceso para alcanzar el resultado (cuanto se tarda en llegar, cuanto tardo en ir a coger el coche, cual es el mejor camino posible en un día como hoy, saber si es posible que encuentre tráfico y que hacer en caso de que lo encuentre...) El proceso a menudo se puede confundir con el protocolo si existe este. Pero aunque no exista resulta muy fácil medir nuestra actuación respondiendo a las siguientes preguntas ¿cuánto nos hemos ceñido al plan previamente diseñado? ¿El plan que habíamos diseñado era correcto para conseguir los objetivos deseados? Si nos damos cuenta, muchas veces en nuestra vida, aplicando estas dimensiones veríamos que altas puntuaciones en procesos no siempre correlacionan con altas puntuaciones en productos. Y que bajas puntuaciones en productos, a veces presentan óptimas valoraciones en procesos.
- Personas: quizás sea la dimensión más difícil de medir. En ella puntuaciones altas corresponderían a haber cuidado (en el sentido inglés del verbo to care) a las personas implicadas en el proceso, no haberlas puesto en riesgo, haber mantenido siempre la atención a su bienestar, a sus opiniones. Puntuaciones bajas corresponderían a todo lo contrario (haber viajado sin cinturón de seguridad, sin parar en los pasos de peatones, llegando tarde sin avisar a la otra persona...)

Una vez realizada la valoración en las diferentes dimensiones, lo único que nos queda es distribuir los resultados sobre nuestro triángulo original y ver como queda "nuestro triángulo", con un simple vistazo entenderemos como ha sido nuestra actuación y cual es la parte que necesita mayor atención para seguir mejorando. La posibilidades aquí son infinitas, pero veamos algunas.

Situación 1: Un profesor que mantiene un buen ambiente en clase, que disfruta con su trabajo y que hace disfrutar a sus alumnos (puntuación alta en personas). Que respeta las decisiones del claustro docente la mayoría de las veces y cumple los planes previstos en la materia (buena puntuación en procesos). Pero que no consigue buenos resultados con sus estudiantes (puntuación baja en productos).


Situación 2: Imaginemos un fisioterapeuta, que trabajando con un paciente consigue un óptimo resultado en producto (el paciente mejora mucho y muy pronto), pero sin haberse planteado en ningún momento los posibles riesgos que ese tratamiento podía tener ( puntuación alta en producto, baja nota en proceso). Puede darse el caso de que en este caso la percepción de bienestar propio y del paciente sea alto (puntuación alta en persona, pero ligeramente falsa, ya que el paciente ha corrido riesgos)


Situación 3: Un alumno que estudia para un examen de manera óptima, cumpliendo sus previsiones iniciales en cuanto a organización, horas y formas de estudio (puntuación alta en proceso), que consigue una discreta nota en el examen (puntuación medio-alta en producto) pero que para hacerlo ha descuidado su salud (por ejemplo problemas de sueño, alimentación, estrés... baja nota en personas).

Es necesario saber en qué momentos es necesario prestar atención a cada uno de estos factores para entender el resultado de nuestra autoevaluación y por ello no existe un "gold standard" (más allá del triángulo equilatero del principio) que defina cuál es la mejor actuación posible. Pero probablemente, si queremos mejorar la próxima vez, lo importante sea determinar dónde tenemos más margen de mejora.

Muchas gracias y buena lectura.

viernes, 27 de marzo de 2015

Jugando (con fuego) en consulta

"No vas a poder curarme", "No se para qué he venido", "Lo mío es muy grave"...
"Nadie me había escuchado como lo has hecho tú", "Eres el mejor, no se que habría hecho sin ti"...

Hace ya unos cuantos años que Eric Berne publicó su libro "Juegos en que participamos" sobre Analisis Transacional (AT) y Juegos Psicológicos. Muchos de los aspectos que en el aborda se han quedado algo desfasados, o mejor, han sido recuperados y modificados por otros profesionales posteriores. No voy a hablar del AT, pero sí me gustaría comentar algunas cosas sobre los Juegos Psicológicos, bienvenidos y poneos cómodos, que hoy seré más largo de lo habitual.

Esta entrada surgió a raíz de una conversación con Jesus Rubio (podéis leer esta entrada en su blog, con la colaboración de Francisco Monteagudo,  que habla del mismo tema), cuando hablando de un caso particular le comenté que probablemente el paciente estuviese jugando con él. Como no quedó muy claro qué era lo que yo quería decir con jugar con él, me comprometí a escribir algo al respecto... tarde pero aquí está...

Berne define los juegos psicológicos (JP) como una serie de estrategias de "incomunicación", realizadas de manera inconscientes por los sujetos con el objetivo de obtener una ganancia (normalmente oculta, y la mayor parte de las veces inconsciente, más adelante especificaré mejor el concepto de ganancia). Los JP siguen el mismo esquema de muchos juegos lúdicos ordinarios: existe un reto, una invitación al juego, la posibilidad de una ganancia, unos roles y unas reglas.

Probablemente algunas de las frases con las que inicio está entrada las habréis oído en consulta. En algunas ocasiones (no siempre) son la invitación que el paciente nos hace para que juguemos a uno de sus juegos. Estos juegos, según Berne y otros autores como Karpman, se organizan alrededor de tres figuras, víctima, agresor y salvador. No es necesario que existan los tres, o que coexistan en el mismo espacio y tiempo, incluso a veces, los roles van cambiando según la evolución del JP.

Por la propia idiosincrasia de la fisioterapia (y por la personalidad de los fisioterapeutas) muy a menudo nos encontramos pacientes que nos plantean sus JP desde la posición de víctima. El problema radica en que el fisioterapeuta, muchas veces de manera incosciente, tiene una predisposición especial para asignarse el papel de salvador y de esa manera acepta el juego. Por lo que he podido constatar, difícilmente otras profesiones, como los dentistas, los logopedas o los podólogos, tienen muchas experiencias de este tipo en consulta.

Recuerdo hace ya unos cuantos años, en la primera formación que recibí sobre esta parte "soft" de las profesiones sanitarias, cuando el doctor Massimo Sacripante (médico, militar, psicoterapeuta y experto de recursos humanos, un hombre del Renacimiento del siglo XXI) nos comentó cual era su actuación cuando uno de sus nuevos pacientes, en el primer día de consulta le comentaba alguna de esas frases. Ante un "lo mío no tiene solución" o un "usted no me va a poder curar" Sacripante se levantaba lentamente de su silla y se encaminaba hacia la puerta para abrirla animando al paciente a salir por donde había llegado, ya que si pensaba que realmente no tenía solución no era lógico que ninguno de los dos estuviese perdiendo el tiempo o el dinero en ese caso. La única manera real de ganar en un JP es no jugarlo.

Pero el reto, la posibilidad de ganancia es precisamente lo que nos hace caer y jugar. Hablaba antes de las ganancias, estas pueden ser de muchos tipos, el hecho de recibir atención y cuidados (por parte del paciente), o el hecho de ser reconocido y admirado (por parte del profesional), el hecho de mantener oculta una faceta que no queremos que se descubra (por parte de ambos)... El caso es que una vez que el paciente nos lanza el juego (víctima) y nosotros aceptamos (salvador) pasan varias cosas. La primera es que el juego es del paciente, son sus reglas y las conoce mejor que nosotros, y probablemente haya jugado a ese juego muchas más veces que nosotros. Por eso, a partir de ese momento, al haber perdido el control del juego nos convertimos en víctimas y nuestro paciente en nuestro salvador (lo que perpetúa el juego y la dinámica), sus respuestas positivas a nuestros esfuerzos nos "premian" y sus respuestas negativas nos "castigan". En determinados momentos es posible que incluso uno de los dos ocupe el rol de agresor ("usted me dijo que me iba a curar", "no has hecho por tu parte nada para curarte").

Hemos explicado ya el concepto de juego, y el de ganancia, quizás el último aspecto importante es remarcar la idea de "incomunicación". Si bien Watzlawick defiende que la no comunicación es imposible, la idea sobre la que trabaja Berne cuando habla de "incomunicación" es una comunicación no productiva, en la que cada uno de los actores está hablando desde un nivel diferente (niño, padre, adulto, pero esto ya es harina del AT y no es el objetivo de esta entrada) cuando el único tipo de comunicación  productiva que en este contexto tendría sentido es una comunicación adulto-adulto. Seguro que muchos habréis visto a algún compañero "regañar" a un paciente, estableciendo en ese momento una comunicación padre-niño improductiva y poco útil para empoderar al paciente.

¿Quiero decir con esto que todos los pacientes que entran en consulta con alguna de esas frases nos están planteando un JP? No, es necesario tener en cuenta el contexto y otros factores, pero haríamos bien a tener los ojos particularmente abiertos en estos casos y a no dejarnos cegar por nuestro afan "salvador" (que en algunos casos puede tener una motivación oculta en la que quizás convendría profundizar). Como dice el refranero español, dos no se pelean si uno no quiere. Pues bien, dos no juegan a un JP si uno no quiere. Y nuestra responsabilidad, como profesionales de la salud tiene que ser la de no querer. Por nuestro bien. Por el de nuestro paciente.

Muchas gracias y buena lectura.

Berne, Eric "Los Juegos en que participamos". Ed Diana. México 1986

Edwards, Gill "El triangulo dramático de Karpman". Ed Gaia 2011

Watzlawick, Paul "Teoría de la comunicación humana". Ed Herder 1993



miércoles, 30 de julio de 2014

Importando conocimientos. Comunicación y emociones.


"La fisioterapia es el arte y ciencia..." Muchos fisioterapeutas nos hemos formado escuchando estas palabras (OMS, 1968) desde las primeras lecciones. Gracias al trabajo y al empeño de algunos compañeros, la primera parte de esta definición es nuestro pasado, mientras que la segunda marca claramente nuestro presente y nuestro futuro.
En la búsqueda constante para mejorar la calidad de nuestros tratamientos (una de las motivaciones que impulsan la investigación científica), buena parte del viaje ha tenido como motor la terapia manual, que ha presentado estudios con un rigor científico cada vez mayor, rigor que se ha contagiado en los últimos años a la electroterapia, con estudios  sobre técnicas cuyos nombres o marcas pueden resultar nuevos, pero cuyas bases físicas y fisiológicas nos han acompañado siempre. Toda la evidencia científica recogida en este tiempo nos ha permitido conseguir resultados mejores, en menos tiempo, y más duraderos. A pesar de ello, en algunas ocasiones, nuestros tratamientos no obtienen los efectos esperados. El enfoque biopsicosocial de la salud (Engel, 1977) nos ofrece una perspectiva diferente, más amplia, que nos ayuda para seguir mejorando, apoyándonos en campos tan dispares como la teoría de la comunicación o la psicología de la emoción. Campos que quizás nos puedan parecer lejanos de nuestro marco conceptual, pero que, por poner un ejemplo, no lo son más que la arquitectura, de la cual hemos tomado prestado el concepto de tensegridad.

Resulta habitual, en la formación pre y post grado del fisioterapeuta, incidir en la necesidad de una buena entrevista clínica que nos permita recoger la mayor cantidad de información sobre la situación del paciente, sin embargo, no resulta tan habitual recordar al profesional que la comunicación verbal, en la que basamos ese proceso, representa entre el 7% y el 40% (Mehrabian, 1967; Davis, 2005) de todo el intercambio. Esa cantidad de datos perdidos se convierte en un sesgo que tendrá consecuencias en nuestro tratamiento. Dentro de ese contexto, la escucha activa, prestando atención no solamente a lo que se nos dice sino a la manera de decirlo, a la gestualidad asociada y a los silencios de la conversación, puede convertirse entonces en una técnica de recogida de datos que completará la valoración articular, muscular y funcional.



Otra ciencia que ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años (y el programa divulgativo Redes es un buen ejemplo de ello) es la psicología de las emociones. Los estudios de neurólogos como Damasio han permitido conocer cada vez mejor el funcionamiento de la amígdala en las reacciones emocionales. La visita que una persona con dolor o limitación funcional realiza a un profesional sanitario tiene probablemente un carácter emocional más intenso para el paciente de lo que pueda tener llevar el coche al taller o reparar un disco duro. En este contexto emocional, saber reconocer las señales de alarma, validar al paciente en sus miedos y compartir sus objetivos pueden ser nuevas herramientas que inclinen el resultado del tratamiento hacia aquello que paciente y fisioterapeuta esperan. Uno de los libros que más influencia ha tenido en la evolución de la fisioterapia en los últimos años, Explicando el dolor (Butler, 2003) es un buen ejemplo de la importancia de los avances en este sentido.


La lista de disciplinas científicas de las que la fisioterapia puede y debe nutrirse sería mucho más extensa. Nuestra responsabilidad como profesionales de la salud es la de ofrecer un verdadero tratamiento global, y no sólo estructural o funcional, a nuestro paciente.  Y como exponentes de una salud basada en el conocimiento científico ese tratamiento debe basarse en ciencia y no en otros conocimientos. La frase "eso no se aprende en ningún sitio, se va desarrollando con el tiempo" refiriéndose a estas habilidades, se ha repetido tantas veces que podría pasar por cierta, pero resulta tan errónea como la afirmación de que para aprender a realizar movilizaciones con movimiento o punción seca bastará con dejar pasar el tiempo y estos conocimientos se instaurarán por ósmosis en nuestro intelecto. Eso suena a magia, y va siendo hora de dejar el arte, otra vez, atrás.

Gracias y buena lectura.

Artículo publicado previamente en www.instema.net
Imagen por CleftClips bajo licencia Creative Commons

domingo, 30 de marzo de 2014

Aprendiendo a preguntar. Reflexión sobre la Entrevista Clínica

            Los niños empiezan primero a escuchar, posteriormente a hablar, a controlar lo que dicen y luego, después de mucho esfuerzo, son capaces de aprender a escribir. Lo se porque últimamente estoy leyendo mucho sobre niños, desarrollo, Piaget y un montón de gente más y dentro de nada me voy a hacer un curso intensivo de varios años, pero también lo digo porque a la fisioterapia le ha pasado algo parecido.

            En mi opinión, uno de los mayores desarrollos que ha hecho esta profesión en los últimos veinte años ha sido el de aprender a escribir. Como a los niños, nos ha costado mucho. Mientras estaba en la carrera no hubo profesor que no insistiese en la importancia de la Historia Clínica, el Diagnóstico en Fisioterapia, los Objetivos del Tratamiento.... lo repetían como si fuesen mantras tibetanos OMMMMMMMMMMMMMMMMM....... El problema era que cuando llegabas a las prácticas lo de escribir era algo más... o mejor algo menos... bueno... los que lo vivieron lo saben, allí escribían cuatro gatos y los demás los miraban como bichos raros.
            Por suerte eso ha cambiado mucho. La Historia Clínica ha pasado de ser una entelequia a ser una realidad, la mayoría de fisioterapeutas tienen su propio modelo de HC. Y eso tiene sus límites, ahora hay tantos tipos de HC como conceptos, desde Manipulación del Tejido Neuroconectivo a Mackenzie. Y con los diagnósticos pasa más o menos lo mismo... Mucho trabajo por hacer... todavía. Pero de eso ya se está hablando en FSR, Linkedin y otros mil sitios.

            Yo quería hablar del paso previo a la Historia Clínica. Esta no es más que un registro, más o menos completo, de la realidad. Y el problema de la realidad es que no es real. O mejor, la realidad es solamente un acuerdo entre dos o más personas. 


         Y ese acuerdo empieza en la Entrevista Clínica. Hace algo así como unos 40 años E. Loftus comenzó con sus experimentos sobre memoria de testigos. Muchas de las cosas que descubrió sobre la manipulación de la memoria pueden ser aplicables a la fisioterapia hoy en día. No es lo mismo preguntar a una persona porqué viene a nuestra consulta, que preguntarle qué le duele. La primera es una constatación, la persona está en nuestra clínica, y simplemente queremos saber el motivo. La segunda es una pregunta que modifica la respuesta a priori. El mismo efecto sucede si realizando una técnica de compresión le pedimos a la persona que nos avise cuando el dolor disminuya (ese tipo de pregunta implica que el dolor debería disminuir) a pedirle que nos cuente como se va sintiendo (si le pido que me diga cuando nota cambios en el dolor, vuelvo a modificar su respuesta, ya que la pregunta facilita una respuesta positiva hacia algún cambio). El colmo de la manipulación se obtiene cuando después de realizar una técnica el fisioterapeuta pregunta al paciente... imaginad como puede cambiar la respuesta del paciente según la pregunta:
            - ¿qué tal está ahora?
            - ¿ha notado algún cambio?
            - ¿se siente mejor ahora?
            - ahora se siente mejor, ¿verdad?

            Otra cosa es que queramos decir que pretendemos manipular la experiencia cognitiva de ese dolor o de ese movimiento, pero sinceramente, creo que por formación estamos a años luz de poder hacer eso. Y posiblemente no sea nuestro campo de actuación.

        Realizar una buena Entrevista Clínica requiere experiencia, cierto, pero también conocimientos. Es exactamente igual que realizar un buen test ortopédico o neurodinámico. A medida que los hacemos más y más veces (experiencia) seguramente nuestra sensibilidad será mejor. Pero si no hemos aprendido bien como hacerlos (conocimiento) y modificamos alguno de los parámetros  (por ejemplo un test de N. mediano por debajo de 110º de abd) dará igual que lo realicemos 10 o 1000 veces, el resultado que obtendremos será siempre incorrecto.  Hace poco escuché a M. Santed (decano de la facultad de Psicología de la UNED) hablar sobre la entrevista en psicología y decía "si quieres tener respuestas correctas, tienes que hacer bien las preguntas correctas". Creo que la fisioterapia ha pecado algunas veces de querer obtener un tipo de respuestas, que casaban con nuestras hipótesis diagnósticas o de tratamiento, y ha hecho las preguntas que le interesaban para conseguirlas. Pensar que los fisioterapeutas aprenderemos a preguntar preguntando muchas veces es como afirmar que los masajistas aprenderán a movilizar una articulación después de haber movilizado muchas... en ciencia se llama falacia, y en cristiano, mentira cochina...

            Ahora que ya sabemos el qué fotografiar (la funcionalidad y el movimiento del paciente) y el con qué fotografiarlo (test, valoraciones articulares, musculares, ortopédicas...), no vendría mal que nos parásemos a preguntarnos el cómo hacemos las fotos (la entrevista).


Buena lectura.

P.D: (a los que hacéis preguntas-afirmaciones... reflexionad sobre si vuestros pacientes están mejor, o si simplemente os dicen que están mejor)

martes, 28 de enero de 2014

Los 7 enanitos de la fisioterapia 2.0 (episodio V)

TÍMIDO

            Lo primero es lo primero. Gracias por los comentarios positivos, gracias por las visitas, gracias por la difusión. Cuando empecé a escribir el blog pensé que lo leerían solamente familiares y amigos. Y o tengo más familiares de los que pensaba... o la cosa debe resultar agradable de leer y a lo mejor acabaré teniendo más amigos, vamos a ver si no lo fastidio.

            Y lo segundo es también lo primero. Si habéis llegado hasta aquí, es porque queréis saber cómo es fisioterapeuta Tímido en este mundo 2.0. Pues a ello vamos.

            Tímido es el fisioterapeuta perfecto. En la E.E.E (Escala de la Evolución Enanil) Tímido representa el estadío posterior a Mudito. Él ya está, pero todavía no sabe a dónde va (vamos, que además de tímido, parece gallego).

            Alguien, en algún lugar, en algún momento, le ha contado una historia extraña, como de ciencia-ficción; le han dicho que además de bajar música (siempre de forma legal y pagando, que no quede duda) y películas (más legal todavía), que además de servir para encontrar amigos del colegio (por cierto, con la mitad ya hablabas antes, y con la otra mitad dejaste de hablar porque tenías un motivo, eso no lo he entendido nunca... pero bueno, todo el mundo muy contento), que además de para buscar restaurantes y leer el periódico, en Internet hay un Universo paralelo poblado por fisioterapeutas 2.0 (no, no tienen el doble de brazos, que no estaría mal, pero a veces parece que tienen el doble de tiempo). La primera reacción de fisioterapeuta Tímido es... "pero si la fisioterapia consiste en tocar... como se va a poder aprender a hacer algo de eso por Internet. Anda, déjate de tonterías, blogs y cosas de esas y bájate lo último de Madonna…"  (sí, lo sé, me he quedado un poco anticuado, !!!qué se le va a hacer!!!).

            Tímido a menudo trabaja solo, como autónomo, muchas horas y cobrando poco, se siente un poco aislado y a veces hasta cansado de su profesión, poco reconocido, hasta que un día de invierno, casi sin querer, entre spam y spam, entre peli mala y peli peor, acaba llegando al mundo 2.0, se hace su perfil en Twitter o en Linkedin (por curiosidad, y sin foto, no vaya a ser que le conozcan, el huevo es uno de sus signos distintivos), navega como distraído en los blogs (jo, como mola, hay fisios que saben un montón, y lo comparten, GRATIS... seguro que hay trampa...), empieza a bajar artículos científicos (fijate, si yo no sabía que esto se podía hacer así... y que eso otro que hago no sirve para nada, y esto, esto seguro que le va a valer al paciente que tengo mañana… ), a enterarse de qué cursos valen lo que pagas por ellos y cuáles no valen ni pagando, y a descubrir que hay muchos compañeros como él, cansados, pero llenos de inquietudes y energía, con muchas preguntas y con muchas más ganas de buscar respuestas...


            Ese día Tímido se siente, de nuevo, como el primer día de Universidad, una carpeta nueva y  llena de folios blancos (o una tablet, pero reconoced que como imagen queda mucho menos poética)  un montón de cosas nuevas que aprender, muchas más que desaprender. Se siente de nuevo con ilusión, le pone foto a su Twitter, participa en una discusión en Linkedin, si tiene ganas y tiempo incluso se hace un blog (me han contado que hay otros fisioterapeutas que escriben blogs, pero no sé si creermelo...) y empieza a contar cosas, a compartir, a crecer ... y haciendo todo eso descubre que al final no estaba tan solo como pensaba... Ese día Tímido es como las células madre: Pluripotencial, quizás se convierta en fisio-Sabio, o en fisio-Gruñón, o incluso en fisio-Feliz o fisio-Mocoso... no sabemos por donde acabará. Pero lo hará en compañía del resto, y eso, nos hará un poco mejores a todos…

Buena lectura

PD: para los que sepan o quieran saber un poco de Psicología, Tímido representa la evolución normal ante un cambio: Negación - Resistencia - Aceptación - Exploración… un buen libro para disfrutar de ese viaje es "¿Quién se ha llevado mi queso?", de Johnson Spencer.