Ayer Adrián se cayó en la guardería. Podía haber sido Elisa, pero fue Adrián. Se cayó subiendo unos escalones de cemento que probablemente no deberían estar allí. Pero están. Y se cayó, que es algo que los niños hacen habitualmente. Y se golpeó con ellos. Y se hizo una herida. Y sangró. Como sangran los niños. Hasta aquí todo normal. Espero que se mejore pronto y que vuelva a jugar con Elisa como si nada. Pero su caída me vale para hablar de las culpas, de las excusas, de las responsabilidades. Y del tiempo que perdemos con ellas. Elisa, y Adrián, van a una Escuela Infantil del Ayuntamiento de Madrid, gestionada por una cooperativa independiente y autorizada por la Consejería de la Comunidad de Madrid. Hasta aquí todo normal también. Pero cada vez que un niño se cae y se hace daño, empezamos a buscar culpables. Y disparamos siempre hacia arriba. Los padres decimos que la culpa es de la cooperativa, que tiene que poner los medios para que los niños no se caigan. La cooperativa dice...
Porque lo que es Ciencia, es Ciencia, a secas. Porque el Arte es otra cosa. Y porque todo lo demás es Zienzia y Harte.