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jueves, 11 de julio de 2019

No te representa.

No. No voy a hablar de política. Aunque el titular podría ser el resumen general de la situación en este país (en muchos países) en este momento (en muchos momentos). No. Es julio. Fecha de finales de curso. De últimos exámenes, últimas noches sin dormir para algunos. Últimas tardes apurando para corregir para otros. Fecha de revisiones.

"Esa nota no me representa". Me lo decías el otro día en la revisión. Y antes de ti me lo dijeron otros compañeros tuyos y antes de ellos se lo había oído decir a mis compañeros cuando estudiaba. Y déjame que te cuente una cosa. Hospital Ramón y Cajal, junio de 1999. Prueba final de prácticas clínicas. Último examen de carrera. Dividido en varias partes. Neurología. Cardio-respiratorio. Y traumatología. Traumatología suspendida. Tal cual. No fue el primer examen que suspendí en mi vida. Tampoco el último. Fue simplemente el único que suspendí durante toda la carrera. Se sorprendieron todos, compañeros, profesores, y familia. Pero sobre todo me sorprendí yo. He olvidado la nota. He olvidado incluso el nombre de la compañera que me examinaba. Lo que no he olvidado es lo que aprendí en esos días. Y tienes razón. Una nota no te representa. Yo también  tuve ocasión de aprenderlo.

He sido siempre un estudiante brillante. Notas altas. Muy altas. Repelente niño Vicente. Profesores que en el colegio te decían "qué ganas tengo de que el año que viene estés en mi clase, Fulanito me ha dicho que eres muy bueno". Profesores que el primer día de carrera te decían "vosotros sois la elite de los estudiantes de Madrid. Podíais estudiar cualquier cosa y habéis elegido estar aquí. Dejad que os miren con envidia..." Y al final cometes el error de creértelo. Que tus notas te representan. Me hizo falta llevarme una hostia en los morros suspender para madurar y darme cuenta que aquello no era así.




Tu nota no te representa, estoy de acuerdo contigo. Pero no te representa ni cuando no llegas a la suficiencia prefijada, ni cuando llegas a la máxima nota posible. No te representa como no lo hace tu peso, ni tu altura ni la cifra de tu cuenta corriente. Tampoco representa lo que te has esforzado ni lo que sabes. Bolonia ha mejorado las cosas, la evaluación continua, los resultados de aprendizaje, los criterios de evaluación.... es cierto, al final tenemos más "fotos" pero ni siquiera poniendo una detrás de otra todas esas fotos, como si fuera un collage, podríamos representarte. Tus notas pueden representar muchas cosas. Pero no te van a representar a ti.

Decía hace pocos día Pedro Delgado que la formación debería tener en cuenta el fracaso por un sencillo motivo. No sabemos si vamos a tener éxitos, pero sabemos que vamos a tener fracasos. Habrá un paciente que no mejore. Un problema que no puedas resolver. Y ese resultado tampoco te representará. Como no te representarán tus éxitos. Pero hay una cosa que sí te representa. Te representa cómo te enfrentes a esos problemas. Te representa, delante de un paciente que no mejora, como gestionas tu frustración, cómo le animas, como buscas respuestas nuevas. Nadie quiere volver a enfrentarse a una situación que no ha superado, porque la sensación de no poder superarla es muy alta. Pero como profesional, el día que salgas de la universidad, te tendrás que enfrentar veces, muchas veces, a situaciones en las que no has triunfado. Y solo cuando las superes, con todo el aprendizaje que has desarrollado tú mismo para conseguirlo te habrás dado cuenta de que eso era parte del recorrido.

Muchas gracias. Buena lectura. Y buen verano.





lunes, 10 de junio de 2019

La fisioterapia ya no sabe a tomate

Los tomates ya no saben a tomate.

Vengaaaa, reconozcámoslo, todos tenemos un cuñao amigo conocido que de cuando en cuando dice esa frase. (Me pregunto también porque decimos esto del tomate, y no por ejemplo de la berenjena, ¿habéis oído alguna vez a alguien decir "las berenjenas ya no saben a berenjena"? No, yo tampoco, ya intentaré responder este misterio en otra entrad del blog).

En los últimos tres o cuatro años he oido también varias veces una frase parecida "esto que hacemos ya no es fisioterapia". ¿Qué tendrán que ver los tomates con la fisioterapia! Mucho. Un grupo de "revolucionarios" de la fisioterapia nos ilustró muy bien hace unos años recordándonos que conocimiento es saber que un tomate es una fruta, pero que sabiduría es saber que no lo debes poner en una macedonia. Bueno, volvamos a los tomates y a la fisioterapia.

¿A qué sabe un tomate? Pues a tomate. No sabría definirlo mejor. Podría decir que sabe a licopenos, aunque no tengo ni idea de a qué saben los licopenos. Quizás no sepa a lo que sabía un tomate hace veinte años, no lo tengo tan claro (de hecho no me acuerdo a qué sabía lo que comí ayer, como para poder hacer comparaciones de más largo alcance), pero lo que tengo bastante claro, sin haber estado allí, es que no sabe para nada a lo primero que se encontró Colón cuando llegó a Las Indias. El tomate ha evolucionado, lo hemos modificado, para que dure más, para que crezca antes, para que esté bonito más días.... El tomate en Madrid no sabe lo mismo que un tomate en Galicia (me encanta que allí los tomates son siempre "Del país", como si en el fondo Galicia fuese solo un país a la hora de producir tomates)... pero estoy convencido de una cosa.... casi cualquiera de nosotros, si nos hicieran una cata a ciegas con un gazpacho, sabríamos con bastante claridad que lo que nos están dando es tomate y no berenjena.


¿Y la fisioterapia? Pues le pasa como a los tomates. No sabe a lo mismo que hace cuarenta, treinta o veinte años. Entonces sabía a camilla, a Jaula de Rocher, a tratamiento pasivo, aprieta hasta que duela. O a mutua, cinco sesiones a la semana, ultrasonidos, TENS e infrarrojos. O a masaje, manipulación y una sesión de control cada quince días.... Hoy sabe a educación, a ejercicio a investigación.... y como pasa con los tomates, hay quien echa de menos sabores de antaño... ¿Son mejores los sabores de antes? Los sabores de antes son eso, los de antes, ni mejores ni peores que ahora.

Habría que preguntarse qué es lo que define el sabor de la fisioterapia. Los medios físicos (leído con voz profunda, de NO-DO) nos enseñaron... no, no son las herramientas lo que define a una profesión (hay que decirlo más) , no es lo mismo la farmacoterapia que la farmacología. Y no es lo mismo la terapia con agentes físicos que la fisioterapia. Las profesiones se definen por objetivos, por campos de actuación. Seamos inteligentes y recordemos la diferencia entre conocimiento y razonamiento. La fisioterapia está al servicio de la función, respetando los espacios que las leyes le marcan. La fisioterapia de hoy no es la de ayer. Y esperamos que la de mañana sea diferente. Lo demás, negar el cambio y la evolución, es seguir saboreando en nuestra mente la magdalena de Proust.

Muchas gracias y buena lectura.


viernes, 22 de junio de 2018

Fisioterapia. Forever young. O no.

"Los cuarenta son los nuevos treinta"
Sí, nací en el 78. Y como yo muchos de mis amigos. Así que llevo escuchando la frasecita de arriba varios meses. Y lo que queda. Aunque la verdad es que no me pilla de nuevas. Hace diez años la frase era que los treinta eran los nuevos veinte, y me juego los dedos chicos de la mano a que dentro de diez me dirán que los cincuenta (¿cincuenta? eso tiene que ser un error) son los nuevos treinta.

Lo que queda claro con tanta frase es que envejecer no nos mola. Ni a las personas, ni a la fisioterapia, por lo que parece según la última entrevista al presidente de la Asociación Española de Fisioterapeutas (AEF),  (de los nacidos en el 78 la única que parece que envejece según nos cuentan todos los días es la Constitución). Dice, y cito textualmente: "Somos una profesión joven, y con mucha proyección y logros por alcanzar". Y me parece una verdad a medias, o una media mentira. Vamos a echar cuentas. En enero de 2019 la Asociación que preside cumple cincuenta (no, esto no es un error) años. O sea, que para empezar la profesión tiene al menos medio siglo. Pero vámonos más lejos. La World Confederation for Physical Therapy (WCPT), de la cual la AEF es la representante española cumplió en 2016 los sesenta y cinco años (sí, más adelante diremos aquello de que los sesenta y cinco son los nuevos cincuenta). ¿Más? La American Physical Therapy Association (APTA) cumple el año que viene noventa y cinco años y la Chartered Society of Physiotherapy es una jovenzuela de ciento veinticuatro años. (Por cierto, las últimas dos fundadas por mujeres, ahí lo dejo). ¿Vamos a seguir diciendo que la Fisioterapia es una profesión joven?

Pues sí, lo seguimos diciendo. Junio de 2018.

Recuerdo perfectamente el primer día que escuché esa frase. Alcalá de Henares. 27 de septiembre de 1996. Tomás Gallego nos decía aquello y yo y otros sesenta compañeros nos lo creíamos. Nosotros éramos jóvenes. Pero responsables de la profesión y otros que han estado en puestos de responsabilidad mucho tiempo nos siguen repitiendo el mismo mantra y quieren que nos lo sigamos creyendo.  Sí, tenemos mucha proyección, muchos desafíos por delante. Pero seguir repitiendo que somos jóvenes es solamente un modo de justificar el porqué muchos logros no los hemos alcanzado, o no los hemos desarrollado todavía (acceso directo, representación real en órganos directivos, imagen reconocida en la sociedad...).

No. Ya no me lo creo. La fisioterapia no es una profesión joven. Es una profesión madura. Es una profesión con un crecimiento científico internacional en los últimos treinta años increíble. Con una implantación capilar en este país impresionante (en cada pueblo hay una rotonda y un fisioterapeuta, y en cada capital de provincia un aeropuerto y una facultad de fisioterapia). Con un número de doctores y de profesionales que crece cada año. Excusarnos con su juventud es quitarnos responsabilidad por las oportunidades perdidas, por los errores pasados y presentes. Es faltar a la verdad y al compromiso con las nuevas generaciones. Hacernos pasar por jóvenes es no aceptar la madurez que hemos alcanzado, y las obligaciones que esa madurez conlleva. No. Yo no quiero una profesión eternamente joven, un gigante dormido (otra de esas frases que nos persiguen, o nos despertamos nosotros, o nadie nos va a esperar) que todavía tiene que despertar. Yo quiero una profesión transformadora, madura, asentada, con una historia rica, con grandes objetivos por delante y con proyección infinita.

Muchas gracias y buena lectura.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Reflexiones sobre #RCMAD17

Nos estaba dando envidia. Bueno, por lo menos a mi. Ver al resto de Colegios organizando o colaborando en eventos interesantes (Sevilla, Barcelona, Alicante... hasta Valladolid) y con ponentes internacionales y ver que aquí en Madrid ni una cosa ni la otra. Así que cuando vi lo de Simposio de Razonamiento Clínico y leí Jones mentalmente di las gracias varias veces. Por traer a Jones, por atreverse con un evento que ponía el Razonamiento Clínico en el centro del tablero. Por organizar algo "a lo grande". Como a veces pasa, de las expectativas a la realidad, hay un mundo.

¿Cubría el seguro el riesgo de caídas?
¿Analizó Yeung el efecto contexto?
¿Debería Mark Jones trabajar la flexibilidad? 

La realidad, o al menos mi percepción de la realidad, es que el Simposio estuvo bien, no es fácil organizar un evento para cuatrocientas personas, gozar de espacios, respetar tiempos, conseguir traductores de calidad (incluso los simultáneos, que suelen ser uno de los puntos débiles de muchos congresos), dar espacio a las preguntas y al debate, conseguir la participación de los expertos, grabarlo todo para ofrecerlo posteriormente en el canal de televisión (precisamente por eso no voy a hacer el resumen de las ponencias, allí las tendréis, mi top-four fueron Jones, Yeung, Torres y Fondevila)... en resumen, muchas cosas bien.

Pero la realidad, o al menos mi percepción es que hubo cosas mejorables. La primera, o me sobraron ponentes o me sobraron horas de congreso. No todo lo que se habló estaba realmente relacionado con el Razonamiento Clínico, ni todos los que hablaron estaban a la altura de un encuentro internacional. Quizás se debe a los "favores" habituales en estos casos, pero fueron flacos favores. O  quizás a la necesidad de hablar siempre de las mismas cosas, pero Cuando le añades  unas patatas fritas de bolsa a un chuletón de primera, las patatas no mejoran y el chuletón empeora. Es cierto que hablar dos días de RC en fisioterapia puede ser mucho, se pueden hacer dos cosas, "rellenar con lo de siempre" o traer a expertos (nacionales o internacionales) del RC, no necesariamente de la fisioterapia. Quizás si queremos mejorar el razonamiento lo que necesitamos es aprender a razonar, a gestionar la toma de decisiones, y a eso nos pueden enseñar psicólogos, médicos, no hay que tener complejos en pedirle a los que saben que nos enseñen. De la misma manera que si queremos enseñar a educar lo que nos hace falta es teoría de la educación (gracias Mark Jones por decirlo tan clarito).

Hace años en un pueblecito de la costa ligure, Noli, cené en un restaurante que se llamaba "Bocon du Pre" (Bocado del cura). Cuando fui a pedir el café el propietario-camarero-cocinero me dijo que no tenía máquina de café. Que no tenía espacio para una buena máquina y que poner un mal café era acabar una comida maravillosa (y tenía razón, la comida era maravillosa) con algo que no estaba a la altura. Nos ofreció un licor y quedó divinamente. Pues algo parecido me pasó el sábado. El panel de expertos hubiese podido ser una guinda perfecta y se quedó en un casi que me dejó mal sabor de boca. Creo que para la moderación del mismo hacia falta una figura experta, no una figura política en pre-campaña electoral, decisamente una figura que hubiese podido mantener el debate dentro del tema del Symposio, sin dar espacio a políticos de otras comunidades haciendo demagogia barata.... (curioso como aplaudimos la gente, todos sabemos que los Colegios no pueden tocar los convenios, pero es ver a un político decir lo que la gente quiere oír y te das cuenta de lo fácil que es manipular a la gente). Quizás utilizar la beca de formación por el uso de las RRSS para crear preguntas a lo largo de los dos días que sirviesen para ese panel hubiera podido ser una buena idea. Lo que está claro es que el panel de expertos de un simposio internacional no era el punto para decir que la orden CIN no se toca, o para contarnos la historia del Inzitan. O si era el punto para responder a eso, también lo era para expresar el posicionamiento del Colegio cuando se le preguntó sobre las pseudociencias. Lo dicho, el panel de expertos era un momento para los expertos. Para lo otro ya están las Asambleas o las #fisiocañas.

Para ir acabando. Había 400 fisioterapeutas inscritos en el evento. Conozco gente que no se apuntó porque no quedaban plazas. ¿Dónde estaban los que no acudieron? Le pedimos responsabilidad a un Colegio, pero hay que saber estar a la altura.
Lo que no se llenó fue el curso de Mark Jones, y ni siquiera los talleres.... eso da para otra entrada. Yo de comunicación se poco, pero parece ser que aquí los mensajes no llegaron al público objetivo, la gente no se enteró del curso, no se enteró del taller... espero que en José Picón anden preguntándose los motivos...

Muchas gracias y buena lectura.




sábado, 1 de noviembre de 2014

Comiendo en Málaga... algo mejor que los espetos.

            Hoy era día de fiesta. Y como era día de fiesta me fui a comer con unos amigos. ¿Qué amigos? Unos fisiofrikis como dice mi chica.  Los de Fisioterapia Sin Red, que celebraban el día grande del pueblo, #1NFSR lo llaman. ¿El lugar elegido? Málaga. ¿Los anfitriones? Esplendidos, con todo a pedir de boca. ¿Los cocineros? Excelentes ¿El menú? A la altura de los paladares más exquisitos. Y como ahora todos estamos muy puestos en masterchefes y topchefes, pues eso, que me voy directo a contarles la comida.

De Primero: Trampantojo de collarín
            Es lo que tienen los trampantojos, que una vez que los ves hechos, pues parece muy fácil, de eso que te vienen ganas de decir "eso lo puedo hacer yo si me pongo, y además, sin esforzarme". Pero hay que ponerse. Y no todos lo pueden hacer. Y muy pocos sin esforzarse. A Elena Bueno le dieron uno de los ingredientes más complicados en la cocina de la fisioterapia: el paciente que no quiere ser tocado. Y se lo aderezaron con un aliño que complicaba la situación: 150 pares de ojos que le pedían a gritos que lo tocase. Y con esos ingredientes hizo lo mejor que podía hacer, llevar el tratamiento hacia un no tocar. Como dicen los Chicotes y los Pepes: al producto tienes que darle lo que pide el producto. Y cuando nos toca un paciente que no quiere ser tocado, quizás no hay que olvidar ese "pequeño" detalle. Tocar todo lo necesario y lo mínimo imprescindible.
            Cuando luego nos contó como había cocinado el plato aprecié mucho mejor su preparación y la dificultad que había detrás. Y sobre todo me dejó una píldora para reflexionar a partir del lunes. ¿Por qué demonizamos la estabilización pasiva en la columna cervical a la vez que la justificamos en muchas otras partes del cuerpo, como por ejemplo el tobillo? Si  un tobillo es inestable (no hipermóvil, inestable) colocar un vendaje funcional que lo estabilice pasivamente no sorprendería a nadie.... y entonces...  ¿por qué nos llevamos las manos a la cabeza (nunca mejor dicho) ante un trampantojo de collarín?. Pues eso, a pensarlo.
Valoración del plato: retrogusto poderoso.

De Segundo:  Ternera gallega con Atún de Almadraba.
            Me lo habían dicho: Carlos Rodríguez cocina bien y enamora al auditorio. Dicho y hecho. De lo segundo no voy a hablar, ya quedan de muestra algunos tuits en los que mis compañeras se lo repartían cual botín de guerra, un trocito para cada una, (si los chicos hubiésemos dicho algo así de Elena, nos hubiesen dicho de todo, pues desde aquí lo digo yo ahora, Elena, tú no te achantes, que tienes tantos fans como Carlos). Del plato que preparó no puedo no opinar. Alguno dirá que si te dan un buen producto es imposible hacer algo malo con ello. No estoy de acuerdo. Algunos pacientes son como las trufas blancas de Alba, deliciosas e increíbles, pero tremendamente delicadas y difíciles de manejar. Pues ese fue el ingrediente estrella de su menú. Un paciente en apariencia ideal, pero que en manos equivocadas o poco atentas podría resultar muy difícil de tratar.
            Un baile. Una obra de ciencia (que no de arte). Mimando al producto, sabiendo en cada momento que es lo que el producto necesita. Respetando una de las máximas de los buenos cocineros, y que debería estar colgada en las consultas de todos los fisios "No añadas más sal de la que hace falta, que luego no hay manera de quitarla". Hacer más no es hacer mejor. Su diálogo continuo con el paciente no es una técnica de fisioterapia. Pero si no se tienen esas capacidades las técnicas a veces se quedan en agua de borrajas.
            Y del mismo modo que no hay carnes o pescados, sino comida, Carlos nos enseñó, (sin educarnos) que no hay neuro y trauma, sino personas. A ver si a fuerza de que nos lo repitan vamos haciendo la digestión.
Valoración del plato: Una de esas ocasiones en las que la comida (o la fisioterapia) va más allá de su función primaria y alcanza valores estéticos (y sin dejar de alimentar).

De Postre: Deconstrucción de Fisioterapia.
            Azúcar. Huevos. Harina. Con esos tres ingredientes se cocinan la mayor parte de los postres. Si no sabes muy bien que hacer con ellos te hará falta añadir otros ingredientes: vainilla, frutas, chocolate... que complican la receta pero enmascaran las debilidades. En la fisioterapia pasa lo mismo. Anatomía. Biomecánica. Valoración. Claro que si no tienes todo eso controlado te hacen falta un montón de técnicas para rellenar la sesión. Pues Lluís Puig hizo exactamente eso, quitar todos los adornos y volver al ABC de la fisioterapia: anatomía (de primero), biomecánica y fisiologia articular (ídem), y valoración (ídem de ídem). Y solo con eso y sin adornos nos presentó el postre que todos queremos saber hacer y que no nos cansamos de comer. Un paciente que está a punto de operación y que descubre que no se va a poner la bata de quirófano.
            Que un cocinero como él diga tranquilamente que a un paciente podría hacerle unos activos asistidos, que llame a un ejercicio arremangar, que diga que pondría una electroterapia para potenciar, que relaje un hombro mirando al tendido como quien no quiere la cosa y que consiga que los comensales nos lo comamos todo con gusto y asintiendo demuestra que ser fisioterapeuta no es acumular técnicas ni decir palabras raras, como ser cocinero no es tener muchos cacharros en la cocina ni complicarse la vida con nitrógeno líquido o electrolísis varias.
Valoración del plato: equilibrio perfecto entre sabor, presencia y aporte energético. El postre de los campeones....


Se que el menú continuó, que hubo licores y café. Me quedé con ganas de probarlo. Alguno de los comensales lo contará. Pero yo ya estaba lejos, en un avión, pensando en todo lo que tengo que desaprender para seguir aprendiendo.

Muchas gracias y buena lectura.

viernes, 10 de octubre de 2014

Carta a un Extruso

Hola querido Extruso,

Perdona que te mande esta carta así, sin avisar, y que lo haga en un lugar público, pero es que ya me tienes un poco harto y quería hablar contigo. Total, se que me lees, que me sigues en redes sociales, así que este es un lugar tan bueno como cualquier otro.

No, no me he equivocado con el nombre, no quería decir intruso. Se muy bien que la palabra extruso no existe para la Real Academia. Tres cuartos me importa. Porque las palabras se crean para lo que se necesitan. Y para definirte a ti, se me ocurren muchas palabras y ninguna bonita, así que lo vamos a dejar en extruso. Si no te gusta, pues te jodes fastidias. Por mi parte hay ya muchas cosas de las que tu dices que no soporto.

Eres fisioterapeuta. Como yo. Pero no como yo. Como yo, tú eres legalmente fisioterapeuta, estudiaste, no se si mucho o poco, y te sacaste un título que te autoriza a ejercer tu profesión (o sea, a aplicar agentes físicos, toma nota porque a veces se te olvida). Lo que pasa es que tú, y aquí empiezan nuestras diferencias, te crees que ese diploma con firma real es una patente de corso para poder hacer lo que te de la gana en pos de la salud del paciente. Y además te crees que eso que tú haces, por hacerlo tú, por tener un título legal, se convierte en legal. Se me revuelven las tripas solamente de pensarlo. El hígado. O sea, que me acabará haciendo daño el hombro, ya me lo has dicho en todas partes...

Durante mucho tiempo hemos pensado en fisioterapia que el problema eran los intrusos. Aquellos, que desde otras profesiones, o sin ellas, ocupaban nuestros espacios. Lo mejor para identificarnos ante ellos era nuestra profesionalidad, nuestras bases, ese viaje hacia una parte más científica abandonando técnicas chamanísticas, orientalísticas y charlatanísticas. Y vas tú y te sacas de la manga el fisioreiki, la fisiohomepatía y el fisioenergetismodelaleche.... hay que joderse, décadas intentando separar el nombre de la fisioterapia del de todas esas cosas y vas tú y te quedas tan pancho pensando que has llevado el mundo de la fisioterapia a una nueva dimensión... y tienes razón, esa fisioterapia tiene una dimensión nueva... y horrible.

Y sí, ya se que has curado a más de diez mil personas con todas tus técnicas, y que según tú eso avala todo tu trabajo. Curar. Hay gente que se cura sin hacer nada. Nosotros no curamos. Pero claro, a ti términos como remisión natural no te suenan de nada. Ni estudios con doble ciego. Para ti todo es holístico. Y con decir holístico al final de cada afirmación ya parece que eres muy guay, y que los demás lo que somos es cerriles porque nos seguimos empeñando en no alabarte, en no comprenderte, en no entender tu genialidad que va unos milenios por detrás delante de la nuestra.

No te pido que dejes de hacer lo que haces, por mi puedes ponerle péndulos en el ombligo a todos los pacientes, abrirles los chakras (igual lo escribo mal, pero me importa poco), bailarles el chikilicuatre o vaciarles los bolsillos. Solo te pido que cuando lo hagas, te metas el título de fisioterapeuta... que lo escondas en algún sitio, que no confundas a la gente con lo que es y con lo que no es. Que tú seas fisioterapeuta no convierte lo que tú haces en fisioterapia. Puedes ponerte como te pongas. Pero vigila la vesícula biliar, por si acaso, que esas emociones negativas te van a poner mal el karma.

Pero la culpa no es solo tuya, no, es también nuestra, por dejarte que sigas haciéndolo, por no denunciarte ante los Colegios, porque los Colegios hacen como los políticos y miran para otro lado... (sí, la mayoría de los códigos deontológicos hablan de gente como tú, y no precisamente bien, fíjate por donde, pero claro, a ti eso no te importa), ... mandagüevos, aquí luchando contra molinos de viento y lo que pasa es que alguien nos ha colado un caballo de madera en casa...

Muchas gracias y buena lectura.