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sábado, 15 de marzo de 2014

Palpando...

Hola Elisa…. soy fisioterapeuta, eso creo que ya lo sabes… pero además de ser fisioterapeuta soy muchas más cosas… y alguna más que estoy a punto de ser, gracias a ti.

Dicen que los únicos que te pueden enseñar de verdad a ser padre (o madre, que no se me enfade nadie) son los hijos. Estoy convencido de que me vas a enseñar a hacerlo lo mejor que pueda, espero aprender pronto y bien. Por ahora me estás enseñando palpación. Y yo creí que esa asignatura la tenía ya aprobada. Para nada. Estuve dos meses intentando sentirte, notar como te movías… incluso me producía envidia que mamá dijese que ya te notaba… hasta que una noche te moviste para mi… allí estaba yo, con mi mano apoyada encima de la tripa, intentando notar no sabía muy bien qué… hasta que llegó… como una pequeña onda, como si fuese el eco de algo muy lejano… creo que nunca mis manos me habían hecho tan feliz. Estabas ahí. No me lo estaba imaginando. Te noté… quizás tu también me notaste…

De eso hace ya dos meses. Ahora las tardes contigo son un espectáculo. Te mueves y me vuelves loco. Y eso que todavía no has salido. Intento adivinar con que parte me tocas, quizás una mano, quizás es una pierna, o tu rodilla, o una cadera… es parte de un juego. Del juego de seguir aprendiendo. Y tengo ganas. Ganas de que me enseñes. Ganas de que llegues.

Mientras tanto, y antes de que me hagas pasar alguna noche despierto, te dedicas a dormirme. Me pasa a menudo. Apoyo la mano en la tripa de tu madre, mientras tú bailas algún baile con una música que no conozco (te digo ya que soy mal bailarín, y que el único ritmo que soy capaz de reconocer es el cardiaco) y esos golpecitos tuyos me van conciliando con el mundo, me van meciendo como si me acunases. Reconozco que en esto me ha tocado la parte buena, tu madre dice que esos mismos golpecitos la despiertan, pero seguro que lo haces también para aprender, y que algún día, dentro de algunos años, también a mi me despertarás con tus golpecitos…

Por ahora sigue ahí… flotando y bailando…

lunes, 20 de enero de 2014

60 segundos

Hoy no toca hablar de fisioterapia. Hay muchas más cosas. Algunas incluso más importantes.

El otro día acompañé a mi pareja al "tocólogo". Lo de "tocólogo" lo pongo entre comillas, nunca había entendido el porqué de ese nombre... y después de lo del otro día... todavía menos. Voy a ver si soy capaz de explicarme. Imaginad la escena.

Acto 1, escena 1. La puerta se abre, el paciente anterior sale y nos dirigimos con paso seguro dentro de la consulta. Una mano (el resto del cuerpo no colabora con la invitación) hace ademán de que tomemos asiento. La voz que está al otro lado de la mano pregunta "¿has traído los resultados de la última eco?". En ese momento, nuestra voz, que se ha liliputizado, afirma y acerca el sobre a la mano que demanda (siempre la mano, solamente la mano, como si fuese la de la familia Adams).

Escena 2. A partir de ese momento empieza un maravilloso monologo entre la mano izquierda del médico (que sujeta los resultados) y la mano derecha (que los escribe, a letra diminuta, muy pulcra, con pluma, sin hacer manchones, vamos a reconocer las cosas que se hacen bien, no todo va a ser negativo). Enfrente hay una mujer embarazada y su pareja, pero forman parte del decorado, no son importantes. Durante aproximadamente unos tres minutos la única comunicación es entre esas manos, y del doctor consigo mismo, recitando cuales serán los siguientes pasos que nuestra protagonista (pasiva, pero protagonista) tendrá que seguir...¿qué si no hay dos partes no hay comunicación? Sí, lo sé, pero hay gente que lo ha olvidado. ... podría seguir con la escena, pero me cabrea hasta recordarla.

No pido más tiempo en consulta. También yo trabajo en la Sanidad Pública (y estoy orgulloso) y acepto que el tiempo a disposición es el que es. Pero alguien podría explicarle a algunos compañeros sanitarios, quiero pensar que son pocos, que no pasa nada por empezar una consulta hablando con la persona que está delante "Hola X, qué tal estás? ¿cómo va el embarazo?" Ante una pregunta así, la media de tiempo que está el paciente hablando son 60 segundos, sí, 60 (de acuerdo que el estudio es del 84, y es en USA, pero que pueden ser aquí y ahora, 80? 100?)... perfecto, levanta los ojos del papel, mira a la persona que tienes delante, pregúntale, y escucha atentamente durante esos 60 segundos... sin interrumpir, y luego si quieres haz todo lo demás…

 60 segundos... cuesta tan poco... no hace falta gastar en recursos, hace falta emplearlos bien... De tocar, ya ni hablamos... Para la próxima consulta estoy pensando que si mi pareja no puede acudir, igual voy solamente yo, o le mando un whatsapp, así la mano tiene más tiempo para seguir escribiendo y hablando consigo misma...