lunes, 29 de septiembre de 2014

Al final va a ser verdad...

Escribo estas lineas a unos 8000 metros de altura. El avión que me lleva de vuelta a casa es demasiado ruidoso como para permitirme conciliar el sueño, así que aprovecho para pensar en voz alta sobre este ultimo fin de semana.

Creo que la primera vez que escuché la palabra multidisciplinariedad fue hace 18 años, el primer día que empecé la carrera de fisioterapia (hostias la de tiempo que ha pasado). Desde entonces me he cansado de escucharla, sobre todo en la boca de algunos, como si fuese un mantra tibetano. No se, igual si dices multidisciplinariedad tres veces muy rápido sin que se te trabe la lengua ocurre algún milagro, vaya usted a saber. Digo que la he seguido escuchando, porque lo que es verla la he visto muy poco. Como los billetes de 500 euros, que todos sabemos que existen pero pocos los ven de manera habitual. Pues este fin de semana la he visto. He tenido la posibilidad de nutrirme de ella, y de alimentarla. Y la sensación es muy, muy positiva.
Hace unos meses la DMSA (Doctors in Movement Science Association) me invitó a participar a su congreso anual con una ponencia sobre los movimientos accesorios. Para los que no lo sepan la DMSA es una asociación de Licenciados en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte con sede en Italia. Son solamente unos cuatrocientos, y como dice su secretario Giorgio Pasetto "son pocos, pero buenos". Creen firmemente en su profesión, la defienden, les gustaría que fuese reconocida por lo que es, pero también les gustaría saber exactamente cuales son sus atribuciones, sus responsabilidades, sus límites.

Hace algunos meses más tuve la oportunidad de asistir, en calidad de oyente, a la jornada  que organizó FSR (Fisioterapia Sin Red)... curioso, son (en este caso somos) también casi 400, pocos pero buenos, que creen mucho en su profesión, que la defienden, que les gustaría que fuese reconocida por lo que es, y que les gustaría dejar claras cuales son sus responsabilidades, sus atribuciones, sus limites... bastantes parecidos, ¿no?
Pero lo mejor es que los parecidos no acaban ahí. En la jornada de abril participaron fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, médicos, neuropsicólogos. En este fin de semana de septiembre había licenciados en actividad física y deporte, médicos, fisioterapeutas, psicólogos... Y sobre todo, en ambas se habló de lo que nos une por encima de todas las diferencias. El movimiento. La vida es movimiento. El cuerpo es la herramienta que un sistema nervioso diseña para poder moverse. Y ese es un idioma que nos resulta común a todos. Si fuese como en el juego y tuviese que encontrar las siete diferencias me costaría mucho encontrarlas. Por coincidir hasta en ambas hubo dos "anárquicos" que nos hablaron sin necesidad de protegerse con un PowerPoint... siempre quedarán románticos...

El movimiento. Quizás compartir ese idioma sea el secreto para empezar a ver como florece esa multidisciplinariedad, esos equipos de trabajo interdisciplinares, ese arrimar el hombro para obtener el beneficio de todos, el nuestro, el del paciente, el de nuestra profesiones. Ver que en poco más de cinco meses, en dos países diferentes, desde dos profesiones que a veces han parecido irreconciliables, surgen iniciativas tan parecidas y que tienden a unir más que a separar me hace pensar que realmente ha llegado el momento de empezar a ver más a menudo los "billetes de 500 euros". Brotes verdes, que los llamarían los políticos.
Decía Alberto Bucci en la cena que tuve el placer de compartir con él el sábado que si cogiese el cerebro de 30 investigadores y los mezclase tendría un súper investigador. Pero que si consiguiese que los cerebros de 30 investigadores se comunicasen entre ellos lo que tendría serían 30 súper investigadores. Está muy claro que comunicarse, compartir conocimientos, trabajar en red, solo puede sumar y hacernos a todos mejores. Inteligencia colectiva se llama, y quizás empiece a no ser tan raro a partir de ahora.

Muchas gracias y buena lectura.


P.D: Pensando pensando una diferencia la he encontrado... ¿Vosotros qué opináis?
Aquí la sede en Alcorcón
Aquí la sede en el Parco Termale del Garda... 

Alla fine sarà vero...

Scrivo queste righe a circa 8000 metri. L'aereo che mi porta di ritorno a Madrid è troppo rumoroso per permettermi di dormire, quindi approfitto  il momento per pensare ad alta voce su questo weekend che sta per finire.

Credo che la prima volta che ho sentito la parola multidisciplinarietà è stato 18 anni fa, il giorno che ho iniziato la Laurea in Fisioterapia (Belin!!! ma quanto tempo che è passato). Da quel momento in poi l'ho ascoltata di continuo, soprattutto in boca di certe persone, come se fosse un mantra tibetano. Boh, forse se dici multidisciplinarietà tre volte molto velocemente senza che si ti attorcigli la lingua accade un miracolo, chi lo sa... Dico che ho continuato ad ascoltare la parola, ma vederla l'ho vista veramente poco. È come le banconotte di 500 euro, tutti sappiamo che ci sono, ma pocchi li vedono tutti i giorni. E invece questo weekend ho visto la multidisciplinarietà. Ho potuto nutrirmi di essa, ho potuto farla crescere. E la sensazione è molto, molto positiva.
Qualche mese fa, la DMSA mi ha invitato a partecipare al loro Congresso Nazionale come relatore con una comunicazione sui movimenti accessori. Per coloro che non la conoscono la DMSA è un'associazione di Dottori in Scienze Motorie con sede in Italia. Sono circa quattrocento, ma come dice il loro segretario Giorgio Pasetto "siamo pocchi ma buoni". Credono molto nella propria professione e nella loro professionalità. La difendono, le piaccerebe che fosse riconosciuta per quello che è, ma vogliono anche fare chiarezza su quali sono le loro responsabilità, le loro capacità, i loro limiti.
Cinque mesi prima ho avuto, invece, l'occassione di essere presente alla giornata che ha organizzato FSR (Fisioterapia Senza Rete)... curiosamente anche loro sono (anzi, siamo) circa quattrocento, pocchi e buoni, che credono molto nella propria professione, che la difendono, che vogliono che sia ben riconosciuta, ma che vogliono fare luce sulle proprie responsabilità, le proprie capacità, i proprio limiti... Simili, vero?

Ma il meglio è che le sommiglianze non finiscono qui. Nella giornata di aprile parteciparonno fisioterapisti, terapisti occupazionali, medici, neuropsicologhi. Questo weekend di settembre ho sentito parlare a chinesiologhi, medici, fisioterapisti, psicologhi... Ma soprattutto, in entrambe le occasioni si parlava più di quello che ci unisce che non di quello che ci allontana. Il movimento. La vita è movimento. Il corpo è l'invenzione che un sistema nervoso disegna per poter muoversi. E questo linguaggio ci accomuna a tutti. Se fosse stato il gioco di trovare le sette differenze avrei fatto molta fatica a trovarle. Un essempio, in tutte e due giornate ci sono stati due "anarchici" che ci hanno parlato senza il bisogno di proteggersi con un powerpoint... sempre rimarrano i romantici....
Il movimento. Forse condividere questo linguaggio sia il segreto per cominciare a vedere più spesso questa benedetta multidisciplinarietà, questi team interdisciplinari, quel sommare sforzi per avere un beneficio comune, di tutti, nostro, del paziente, delle nostre professioni. Vedere che in poco più di cinque mesi, in due paesi diversi, da due professioni che in certi momenti sembrabano di essere in guerra, insorgono iniziative così vicine e che riescono a collegare più che a allontanare mi fa pensare che forse questa volta è arrivato il momento di vedere più spesso le banconote di 500 euro. Segni di ricrescita, direbbero i politici.

Diceva Alberto Bucci nella cena del sabato che se prendesse i cervelli di 30 ricercatori e li metesse insieme avrebbe un super ricercatore. Ma che se riuscisse a fare che i cervelli di 30 ricercatori se communicassero tra di loro, quello che otterrebbe sarebbero 30 súper ricercatori. Non ci sono dubbi. Non ci sono domande. Communicare, condividere il proprio sapere, lavorare in rete, soltanto può che fare somma e farci diventare migliori a tutti. Intelligenza colletiva si chiama. E forse da oggi comincia a non essere così stranno.

Molte grazie e buona lettura. (E scuse per gli errori)

PS: ... pensando pensando una differenza l'ho trovata... voi che ne dite?
La location in Spagna... Ospedale Alcorcón

La location in Italia... Parco termale del Garda



viernes, 12 de septiembre de 2014

Una de chocolate. Y muchos churros.

Llega septiembre, el mes de los buenos propósitos, de apuntarse a un gimnasio para recuperar los abdominales, de comprarse los fascículos para aprender inglés, de organizar el escritorio para optimizar nuestro tiempo y nuestro esfuerzo... por suerte octubre y noviembre se dedicarán a devolver todo a su sitio y la vida seguirá por sus cauces normales. Vivir siempre en septiembre sería aburridísimo...

Yo sin embargo quiero aprovechar septiembre para ponerme a recordar. Y quiero salir del armario de una vez. Tantos años llevándolo dentro me están haciendo sentir mal. "SÍ, yo también hice churriterapia durante algún tiempo". Hala, ya lo he dicho.

                                     


En estos tiempos dospuntocero en el que todo el mundo es la leche de bueno me imagino la frustración de todos aquellos fisioterapeutas, normalmente recién saliditos del horno de la universidad que se ven obligados a hacer churriterapia. Pues a ellos va este post. Sí, porque ahora puedo dedicar a cada paciente el tiempo que quiero y no tengo nadie que me indique lo que tengo o no tengo que hacer con un paciente, pero no olvido que durante unos cuantos años no fue así.

Mi primera experiencia con la churriterapia fue en Italia, recién desembarcado y sin más palabras italianas que pizza, gelato y Tassoti figlio di puttana capuccino. Ese nivel de italiano podría bastar para hacer fisioterapia, si no fuese porque estaba en un gimnasio, solo, con una media de unos siete pacientes cada media hora... incluyendo pacientes con problemas neurológicos, prótesis de cadera recién operadas, pacientes con problemas de atención, vamos, lo mejorcito de cada casa... en fin, aquello más que un gimnasio parecía un circo y yo me sentía a mitad de camino entre el domador de leones y la azafata que se tumba en el suelo para que le pasen por encima los elefantes. Lo malo es que mis elefantes no estaban domesticados...

Aquello fue mejorando (más que nada porque empeorarlo estaba difícil) y conseguí pasar al segundo nivel. Pacientes cada diez minutos. O mejor dicho, trozos de pacientes cada diez minutos. Sí, habéis leído bien, trozos de pacientes. Me explico ¿Una cadera? Diez minutos. ¿Una cadera y una rodilla? Pues veinte minutos ¿Cervical, dorsal y lumbar? Eres un afortunado, para ti media hora. Claro, siempre que tu doctor hubiese escrito cervical-dorsal-lumbar, porque si por ahorrar tiempo había puesto columna vertebral, pues adivina, diez minutos, unos veinte segundos por vértebra, ni para hacer manipulaciones daba.

Claro que todo podría acabar aquí... pero como decía Steve Jobs "one more thing". De cuando en cuando te tocaba la rotación de "máquinas", oseasé, de churriterapia al cuadrado, 14 salas donde se encontraban tracciones cervicales, lumbares, 10 aparatos de TENS, ultrasonidos, microondas y láser.... y tú repartiendo pacientes como si fuesen paquetes de correos, "tú a la cuatro y vete cogiendo el agua para el ultrasonido" "tú a la siete y túmbate que luego te pongo la microondas" "tú a la doce y ponte el TENS, pero no te lo pongas muy fuerte, solo tienes que notarlo". Eran dos semanas cada dos meses, pero valían como si fuesen dos años.

Ahora, miro hacia atrás y me río. Me río porque no puedo hacer otra cosa. Pero dejo de reírme cada vez que pienso que hay muchos compañeros que siguen estando en la misma situación, sin irse tan lejos, sin irse a Italia. ¿Aprendí algo en aquellos años sobre fisioterapia? Pues la verdad es que sí, porque como dice el lema de la formación experiencial, las experiencias no son lo que nos pasa, sino lo que hacemos con los que nos pasa. No, no defiendo la churriterapia, (lo voy a poner hasta en negrita) que luego todo se malinterpreta. Pero aquellos años me ayudaron a tener claros algunos conceptos.

Del tiempo en el gimnasio aprendí que lo más injusto era repartir el tiempo a partes iguales entre los pacientes. Establecí una especie de "triage", como se hace en las urgencias de un hospital. ¿Me equivoqué clasificando alguna vez? Muchas, imagino (como sucede en las urgencias de un hospital), pero si los recursos son los que son, tienes que trabajar con ellos. Estar solo quejándote no les aporta nada a los pacientes.

Del tiempo que pasé con "una zona/diez minutos" aprendí a priorizar. A escuchar lo que para el paciente era su problema principal y a trabajar sobre ello. Aprendí a llevarme el trabajo a casa porque en un solo día no me daba para recoger datos y además razonar. Y aprendí que no hay ningún estudio que correlacione tiempo de tratamiento con eficacia de una terapia. Todavía me estoy muriendo de la risa cuando la empresa nos obligó a hacer el curso de Mézières, lo que se llama una técnica adecuada a la realidad...

Del tiempo que pasé con las "máquinas" aprendí.... aprendí..... bueno, en eso no aprendí nada, pero cada dos semanas que pasaba en ese infierno perdía tres kilos, así que gracias a eso no volví de Italia hecho una mozzarella... ¿algo bueno hay que encontrarle no?...

Dedicado a todos los que se levantan para hacer fisioterapia en condiciones en las que hacer  fisioterapia parece imposible.

Muchas gracias y buena lectura.


Imagen: By Alpha from Melbourne, Victoria, Australia (Flickr) [CC-BY-SA-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons

lunes, 1 de septiembre de 2014

Cuestionario para valorar las competencias en Fisioterapia

Buenas tardes

Perdonadme que esta vez utilice el blog para pedir vuestra colaboración. He sido invitado por el comité organizador de las Jornadas Interhospitalarias de Fisioterapia en Fuenlabrada para participar con una breve ponencia en las mismas. Para acabar de preparar el contenido de mi presentación he diseñado un pequeño cuestionario online completamente anónimo (y breve, no lleva más de 5 minutos realizarlo) que me permita recoger una serie de datos sobre las competencias y la formación en el mundo de la fisioterapia. Para participar en el mismo solamente tenéis que hacer clic en el enlace que encontráis al final de esta entrada.

El cuestionario está abierto a fisioterapeutas, estudiantes de fisioterapia, y a cualquier persona que quiera aportar su opinión. Aprovecho, además, para pediros si podéis colaborar conmigo dándole la mayor difusión posible, invitando a participar a vuestros compañeros de trabajo, de estudios,  amigos o familiares. Ya que el cuestionario es anónimo, os pido también que en el caso de que hayáis ya respondido, no lo realicéis nuevamente para no alterar los resultados.

Muchas gracias por vuestra participación. A continuación el enlace para el cuestionario:

Cuestionario para la valoración de las competencias en Fisioterapia

jueves, 28 de agosto de 2014

Si quieres puedes. O quizás no, pero estás más cerca.

Hace unas semanas, empujado por la curiosidad que despiertan en mí los tuits de @ezeyan disfruté con la lectura de esta entrada sobre cómo querer no es poder. Nada que añadir a la entrada. Completamente de acuerdo. Querer no es poder, por mucho que Paulo Coelho y los autores de El Secreto se empeñen en llevarnos la contraria. Y entonces, si estoy de acuerdo con lo que esa entrada comenta... exactamente ¿qué hago aquí? Pues pensar en voz alta, que es en el fondo para lo que me está valiendo el blog.

Es cierto que la RAE define querer en su primera acepción como "desear o apetecer", pero sabemos que no basta con que yo quiera/desee correr los 100 metros en 15 segundos (y ya exagero) para que pueda hacerlo. Pero la RAE, que es sabia como solo la inteligencia colectiva sabe serlo, nos recuerda en su tercera y quinta acepción que querer es también "tener voluntad o determinación de ejecutar algo" y "pretender, intentar o procurar". Claro, aquí la cosa cambia. Si yo quiero/tengo la voluntad/pretendo correr los 100 metros en 15 segundos parece que ya estoy más cerca de conseguirlo que si simplemente lo deseo. Por supuesto, querer sigue sin ser un sinónimo de poder, pero aquí empiezan los matices. Para que Alberto Contador esté pudiendo correr la Vuelta a España después de una fractura en la tibia, no le ha bastado con desearlo, sino que ha tenido una alta dosis de voluntad, de determinación y de trabajo. Ese pretender, ese intentar ejecutar algo es lo que relaciona el querer con el poder.


¿Y todo esto qué tiene que ver con la fisioterapia? Ahora en sanidad está muy de moda la palabra empoderar, y por mucho que nos duela,  decir que la RAE, en el avance de su vigésimo tercera edición la incluye y define como "hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido". Sin entrar a valorar si el paciente es un individuo desfavorecido o no, sí que parece que nuestra responsabilidad es darle al paciente ese poder para alcanzar, mantener, o recuperar el estado de salud deseado. Eres más poderoso de lo que crees, nos lo recuerda hasta la publicidad de Apple.

Esta claro que no basta con querer curarse para poder curarse, cualquiera que haya perdido a una persona querida por una enfermedad sabe bien esto. Pero podemos estar bastante de acuerdo en que es muy dificil poder curarse sin querer curarse. Este juego de palabras, traducido a lenguaje proposicional, convierte el "querer" en condición necesaria pero no suficiente para "poder". Aceptado que el proceso de salud es un proceso activo no nos basta entonces que el paciente quiera (desee) curarse, sino que quiera (tenga la voluntad, pretenda, intente, procure) curarse. A Dios rogando y con el mazo dando, que dice la tradición refranera española. Necesitamos que el paciente quiera curarse, aunque eso no nos garantice que lo consiga.

Cuantas veces he oído a un compañero decir "ese paciente no quiere mejorar" como explicación para los nulos avances en su tratamiento. Podemos pararnos ahí o seguir probando técnicas nuevas. O quizás, en esas ocasiones, lo necesario, nuestra responsabilidad como agentes de cambio, sea estimular esa voluntad, esa motivación que convierte un deseo en una acción, una acción en un trabajo, un trabajo en un resultado. Nadie coronó una montaña sin quererlo, y sin esforzarse para conseguirlo. Querer no es poder. Pero es un buen principio.

Gracias y buena lectura.

Imagen:"Alberto Contador (Tour de France 2009 - Stage 17)" by McSmit - Own work. Licensed under Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0-2.5-2.0-1.0 via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Alberto_Contador_(Tour_de_France_2009_-_Stage_17).jpg#mediaviewer/File:Alberto_Contador_(Tour_de_France_2009_-_Stage_17).jpg

lunes, 25 de agosto de 2014

Vacaciones

Hoy no me apetece hablar de fisioterapia. Hoy estoy de vacaciones, así que hablaré de eso. De las vacaciones que fueron, de las que son, de las que serán. Como si Dickens hubiese decidido mandarme sus fantasmas para un cuento de verano.

El fantasma de mis vacaciones pasadas tiene un color, el verde. Y un olor, el que emana del cuerpo de los animales durmiendo en un pajar. Creo que todas mis vacaciones, o al menos todas las que recuerdo, tienen como epicentro una aldea perdida en el corazón de Galicia. Aldea suena incluso pretencioso. Más bien ocho casas mal dispuestas y mucho bosque alrededor. En el centro de ese epicentro la casa de mi abuelo, un pajar, que por allí se llama palleira, y vacas, cerdos, gallinas, perros... Me recuerdo siempre mirando los ojos de las vacas, esos ojos grandes y limpios, ¿cómo nos verán ellas? Pero mis vacaciones no solo eran vacas. Lo mejor de aquellas vacaciones, lo que hace que pertenezcan para siempre al terreno dorado de la infancia es la presencia de la familia alrededor, madre, padre, hermanas. Abuelos míticos y vivos. Bisabuelos mitológicos y muertos, tíos, primos, gente de paso... no siempre bien avenidos, pero siempre juntos, alrededor de una baraja de cartas, de un horno de cocina en una tarde de lluvia (sí, en Galicia a veces llueve), comiendo pulpo o churrasco, sacando patatas o maíz, según tocase. Viajando todos juntos encima de un carro de hierba recién cortada... no sé como eran las vacaciones de los demás niños. Las mías fueron perfectas. Mil gracias a los que las hicisteis posibles.

Luego crecí. Y quién sabe si por esa parte de sangre del noroeste que llevo en las venas me hice emigrante. Y como buen emigrante seguí religiosamente respetando esa cita. Todos los años, el verano me encontraba puntual en Berres (sí, la aldea tenía incluso un nombre). Como si ese viaje me devolviese momentaneamente a la infancia. Ya no estaban mis abuelos. Algunos primos no aparecían por allí. Mi padre dejó de viajar para siempre hace unos años. Ya no quedaban vacas, ni perros ni gallinas. Pero algo me seguía llevando en aquellos campos a mi infancia.

Este año no. Este año, por vez primera mis vacaciones no pasan por Galicia. Y sin embargo tienen un olor inconfundible. Más reciente, más rico, más fresco. Mientras escribo estas líneas en La Vera (y que nostalgia de alguna tarde de lluvia o de un poco de niebla, carallo) Elisa duerme con su madre. Mis vacaciones de este año huelen a su leche, a su piel sudada. Tienen el sonido de sus llantos, de sus primeras vocalizaciones. Serán, por diferentes, únicas. Nunca tan poco me importó el qué hacer, el dónde ir, o el qué ver. En este momento todo lo llena su presencia.

¿Y mis vacaciones futuras? No sé ni dónde ni cómo. Durante tiempo pensé que era el sitio lo que hacía maravillosas mis vacaciones, luego, a medida que el sitio permaneció inmutable y fueron faltando los actores me di cuenta que eran las personas que la poblaban las que hacían de aquella casa un sitio mágico. Me gustaría que todas mis próximas vacaciones fuesen para Elisa ese lugar mítico y mágico al que volver cuando de mayor se sienta un poco perdida. Cuando la adulta que será tenga morriña de la niña que todavía no es. Será mi manera de seguir agradeciendo las vacaciones que yo tuve... 

Gracias y buena lectura.

miércoles, 30 de julio de 2014

Importando conocimientos. Comunicación y emociones.


"La fisioterapia es el arte y ciencia..." Muchos fisioterapeutas nos hemos formado escuchando estas palabras (OMS, 1968) desde las primeras lecciones. Gracias al trabajo y al empeño de algunos compañeros, la primera parte de esta definición es nuestro pasado, mientras que la segunda marca claramente nuestro presente y nuestro futuro.
En la búsqueda constante para mejorar la calidad de nuestros tratamientos (una de las motivaciones que impulsan la investigación científica), buena parte del viaje ha tenido como motor la terapia manual, que ha presentado estudios con un rigor científico cada vez mayor, rigor que se ha contagiado en los últimos años a la electroterapia, con estudios  sobre técnicas cuyos nombres o marcas pueden resultar nuevos, pero cuyas bases físicas y fisiológicas nos han acompañado siempre. Toda la evidencia científica recogida en este tiempo nos ha permitido conseguir resultados mejores, en menos tiempo, y más duraderos. A pesar de ello, en algunas ocasiones, nuestros tratamientos no obtienen los efectos esperados. El enfoque biopsicosocial de la salud (Engel, 1977) nos ofrece una perspectiva diferente, más amplia, que nos ayuda para seguir mejorando, apoyándonos en campos tan dispares como la teoría de la comunicación o la psicología de la emoción. Campos que quizás nos puedan parecer lejanos de nuestro marco conceptual, pero que, por poner un ejemplo, no lo son más que la arquitectura, de la cual hemos tomado prestado el concepto de tensegridad.

Resulta habitual, en la formación pre y post grado del fisioterapeuta, incidir en la necesidad de una buena entrevista clínica que nos permita recoger la mayor cantidad de información sobre la situación del paciente, sin embargo, no resulta tan habitual recordar al profesional que la comunicación verbal, en la que basamos ese proceso, representa entre el 7% y el 40% (Mehrabian, 1967; Davis, 2005) de todo el intercambio. Esa cantidad de datos perdidos se convierte en un sesgo que tendrá consecuencias en nuestro tratamiento. Dentro de ese contexto, la escucha activa, prestando atención no solamente a lo que se nos dice sino a la manera de decirlo, a la gestualidad asociada y a los silencios de la conversación, puede convertirse entonces en una técnica de recogida de datos que completará la valoración articular, muscular y funcional.



Otra ciencia que ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años (y el programa divulgativo Redes es un buen ejemplo de ello) es la psicología de las emociones. Los estudios de neurólogos como Damasio han permitido conocer cada vez mejor el funcionamiento de la amígdala en las reacciones emocionales. La visita que una persona con dolor o limitación funcional realiza a un profesional sanitario tiene probablemente un carácter emocional más intenso para el paciente de lo que pueda tener llevar el coche al taller o reparar un disco duro. En este contexto emocional, saber reconocer las señales de alarma, validar al paciente en sus miedos y compartir sus objetivos pueden ser nuevas herramientas que inclinen el resultado del tratamiento hacia aquello que paciente y fisioterapeuta esperan. Uno de los libros que más influencia ha tenido en la evolución de la fisioterapia en los últimos años, Explicando el dolor (Butler, 2003) es un buen ejemplo de la importancia de los avances en este sentido.


La lista de disciplinas científicas de las que la fisioterapia puede y debe nutrirse sería mucho más extensa. Nuestra responsabilidad como profesionales de la salud es la de ofrecer un verdadero tratamiento global, y no sólo estructural o funcional, a nuestro paciente.  Y como exponentes de una salud basada en el conocimiento científico ese tratamiento debe basarse en ciencia y no en otros conocimientos. La frase "eso no se aprende en ningún sitio, se va desarrollando con el tiempo" refiriéndose a estas habilidades, se ha repetido tantas veces que podría pasar por cierta, pero resulta tan errónea como la afirmación de que para aprender a realizar movilizaciones con movimiento o punción seca bastará con dejar pasar el tiempo y estos conocimientos se instaurarán por ósmosis en nuestro intelecto. Eso suena a magia, y va siendo hora de dejar el arte, otra vez, atrás.

Gracias y buena lectura.

Artículo publicado previamente en www.instema.net
Imagen por CleftClips bajo licencia Creative Commons