sábado, 1 de noviembre de 2014

Comiendo en Málaga... algo mejor que los espetos.

            Hoy era día de fiesta. Y como era día de fiesta me fui a comer con unos amigos. ¿Qué amigos? Unos fisiofrikis como dice mi chica.  Los de Fisioterapia Sin Red, que celebraban el día grande del pueblo, #1NFSR lo llaman. ¿El lugar elegido? Málaga. ¿Los anfitriones? Esplendidos, con todo a pedir de boca. ¿Los cocineros? Excelentes ¿El menú? A la altura de los paladares más exquisitos. Y como ahora todos estamos muy puestos en masterchefes y topchefes, pues eso, que me voy directo a contarles la comida.

De Primero: Trampantojo de collarín
            Es lo que tienen los trampantojos, que una vez que los ves hechos, pues parece muy fácil, de eso que te vienen ganas de decir "eso lo puedo hacer yo si me pongo, y además, sin esforzarme". Pero hay que ponerse. Y no todos lo pueden hacer. Y muy pocos sin esforzarse. A Elena Bueno le dieron uno de los ingredientes más complicados en la cocina de la fisioterapia: el paciente que no quiere ser tocado. Y se lo aderezaron con un aliño que complicaba la situación: 150 pares de ojos que le pedían a gritos que lo tocase. Y con esos ingredientes hizo lo mejor que podía hacer, llevar el tratamiento hacia un no tocar. Como dicen los Chicotes y los Pepes: al producto tienes que darle lo que pide el producto. Y cuando nos toca un paciente que no quiere ser tocado, quizás no hay que olvidar ese "pequeño" detalle. Tocar todo lo necesario y lo mínimo imprescindible.
            Cuando luego nos contó como había cocinado el plato aprecié mucho mejor su preparación y la dificultad que había detrás. Y sobre todo me dejó una píldora para reflexionar a partir del lunes. ¿Por qué demonizamos la estabilización pasiva en la columna cervical a la vez que la justificamos en muchas otras partes del cuerpo, como por ejemplo el tobillo? Si  un tobillo es inestable (no hipermóvil, inestable) colocar un vendaje funcional que lo estabilice pasivamente no sorprendería a nadie.... y entonces...  ¿por qué nos llevamos las manos a la cabeza (nunca mejor dicho) ante un trampantojo de collarín?. Pues eso, a pensarlo.
Valoración del plato: retrogusto poderoso.

De Segundo:  Ternera gallega con Atún de Almadraba.
            Me lo habían dicho: Carlos Rodríguez cocina bien y enamora al auditorio. Dicho y hecho. De lo segundo no voy a hablar, ya quedan de muestra algunos tuits en los que mis compañeras se lo repartían cual botín de guerra, un trocito para cada una, (si los chicos hubiésemos dicho algo así de Elena, nos hubiesen dicho de todo, pues desde aquí lo digo yo ahora, Elena, tú no te achantes, que tienes tantos fans como Carlos). Del plato que preparó no puedo no opinar. Alguno dirá que si te dan un buen producto es imposible hacer algo malo con ello. No estoy de acuerdo. Algunos pacientes son como las trufas blancas de Alba, deliciosas e increíbles, pero tremendamente delicadas y difíciles de manejar. Pues ese fue el ingrediente estrella de su menú. Un paciente en apariencia ideal, pero que en manos equivocadas o poco atentas podría resultar muy difícil de tratar.
            Un baile. Una obra de ciencia (que no de arte). Mimando al producto, sabiendo en cada momento que es lo que el producto necesita. Respetando una de las máximas de los buenos cocineros, y que debería estar colgada en las consultas de todos los fisios "No añadas más sal de la que hace falta, que luego no hay manera de quitarla". Hacer más no es hacer mejor. Su diálogo continuo con el paciente no es una técnica de fisioterapia. Pero si no se tienen esas capacidades las técnicas a veces se quedan en agua de borrajas.
            Y del mismo modo que no hay carnes o pescados, sino comida, Carlos nos enseñó, (sin educarnos) que no hay neuro y trauma, sino personas. A ver si a fuerza de que nos lo repitan vamos haciendo la digestión.
Valoración del plato: Una de esas ocasiones en las que la comida (o la fisioterapia) va más allá de su función primaria y alcanza valores estéticos (y sin dejar de alimentar).

De Postre: Deconstrucción de Fisioterapia.
            Azúcar. Huevos. Harina. Con esos tres ingredientes se cocinan la mayor parte de los postres. Si no sabes muy bien que hacer con ellos te hará falta añadir otros ingredientes: vainilla, frutas, chocolate... que complican la receta pero enmascaran las debilidades. En la fisioterapia pasa lo mismo. Anatomía. Biomecánica. Valoración. Claro que si no tienes todo eso controlado te hacen falta un montón de técnicas para rellenar la sesión. Pues Lluís Puig hizo exactamente eso, quitar todos los adornos y volver al ABC de la fisioterapia: anatomía (de primero), biomecánica y fisiologia articular (ídem), y valoración (ídem de ídem). Y solo con eso y sin adornos nos presentó el postre que todos queremos saber hacer y que no nos cansamos de comer. Un paciente que está a punto de operación y que descubre que no se va a poner la bata de quirófano.
            Que un cocinero como él diga tranquilamente que a un paciente podría hacerle unos activos asistidos, que llame a un ejercicio arremangar, que diga que pondría una electroterapia para potenciar, que relaje un hombro mirando al tendido como quien no quiere la cosa y que consiga que los comensales nos lo comamos todo con gusto y asintiendo demuestra que ser fisioterapeuta no es acumular técnicas ni decir palabras raras, como ser cocinero no es tener muchos cacharros en la cocina ni complicarse la vida con nitrógeno líquido o electrolísis varias.
Valoración del plato: equilibrio perfecto entre sabor, presencia y aporte energético. El postre de los campeones....


Se que el menú continuó, que hubo licores y café. Me quedé con ganas de probarlo. Alguno de los comensales lo contará. Pero yo ya estaba lejos, en un avión, pensando en todo lo que tengo que desaprender para seguir aprendiendo.

Muchas gracias y buena lectura.

martes, 21 de octubre de 2014

El que fue a Sevilla...

Lo malo de querer hacer una entrada sobre un Congreso de Fisioterapia en el que han participado más de trescientos compañeros es que corres el riesgo de ser poco original. Lo malísimo de hacerlo cuando algunos de los compañeros han hecho ya las suyas (@fisiostyle, @NachoFabiani, @fisiobealopcan, o @argoicoechea por poner algunos ejemplos, podéis aprovechar a leer sus entradas) es que realmente puedes aportar muy poco más. Y entonces os preguntareis, ¿qué hago dándole a la tecla a las doce de la noche? Pues yo también me lo pregunto, y ahí va mi respuesta.

Lo primero agradecer a las entidades, Sefid y Colegio de Andalucía en primis, que lo han hecho posible. Y lo segundo, desde aquí unirme al agradecimiento personal a Javier Aguilera. Si alguna vez habéis intentado organizar una cena de Navidad para un grupo de amigos entenderéis el nivel de estrés que puede haber arrastrado el bueno de Javi a lo largo de estos meses para que todo saliese lo mejor posible... por poner un ejemplo, que a alguien se le ocurra mandar un correo a los participantes con el tiempo que va a hacer en Sevilla para esos días demuestra lo que yo entiendo por estar pendiente de los detalles... Y eso por no hablar del "timing" general; si no hubiese sido por los 30 grados y la "caló" que hacía, hubiese creído que el rió que atravesaba por las mañanas era el Rin y no el Guadalquivir.

Del nivel de las ponencias, del nivel de los ponentes y del nivel de los argumentos no puedo decir nada. Después de un congreso así hace falta volver a la clínica y empezar por abandonar aquellas cosas que uno ha descubierto que hace mal. Luego, ponerse a leer, a estudiar, a reflexionar y ver cual de todas esas cosas se puede llevar uno. Como bien dice Arturo Goicoechea, hace falta tener el valor de desaprender lo aprendido para poder aprender cosas nuevas (la frase es de Yoda, pero si citas a Arturo Goicoechea parece más culta la cosa y menos friqui)... Mucho trabajo por delante para cada uno de nosotros. Yo empiezo ahora mismo con el libro de ponencias.

¿Y qué es lo que no ha ido bien? Pues para encontrarlo, tengo que hilar muy fino, pero algunas cosas son mejorables. Las sillas. Qué ganas de levantarse cada vez que acababan las ponencias. Que dolor de todo. ¿Nadie se ha dado cuenta de que los fisioterapeutas no sabemos estar sentados? Algún genio se había llevado la almohada cervical para el viaje... estuve a punto de comprársela como cojín....
¿Y los discursos políticos? Esos mejor eliminarlos, sobran. Sobra la gente que va a leer su discurso y no se da cuenta de si la gente le escucha o no... hubo también algún que otro ponente que hizo lo mismo.... pero por lo menos lo que contaba era más importante... Para los próximos cursos, menos políticos y más de cualquier otra cosa...

¿Y la comida? No es que no hubiese suficiente. Es que los fisioterapeutas habíamos desgastado mucho nuestro físico y nuestro cerebro... eso, y que como dice Beatriz López, aquello parecía los Juegos del Hambre, 4 "a la caza de cazón perdido" se hubiese titulado si hubiese sido una película...

¿Y lo mejor? Pues lo mejor fue la compañía... y permitirme que aquí barra para casa, no es que vuestra compañía como fisioterapeutas no me guste. Pero la mejor compañía fue otra. Mil gracias a mi pareja, por seguirme, por venirse hasta Sevilla conmigo y por tener la paciencia de que a su chico le vayan estas reuniones de "fisiofrikis" a las que de vez en cuando acudo... Sin ellas este Congreso no hubiese sido tan redondo.

Gracias y buena lectura.

viernes, 10 de octubre de 2014

Carta a un Extruso

Hola querido Extruso,

Perdona que te mande esta carta así, sin avisar, y que lo haga en un lugar público, pero es que ya me tienes un poco harto y quería hablar contigo. Total, se que me lees, que me sigues en redes sociales, así que este es un lugar tan bueno como cualquier otro.

No, no me he equivocado con el nombre, no quería decir intruso. Se muy bien que la palabra extruso no existe para la Real Academia. Tres cuartos me importa. Porque las palabras se crean para lo que se necesitan. Y para definirte a ti, se me ocurren muchas palabras y ninguna bonita, así que lo vamos a dejar en extruso. Si no te gusta, pues te jodes fastidias. Por mi parte hay ya muchas cosas de las que tu dices que no soporto.

Eres fisioterapeuta. Como yo. Pero no como yo. Como yo, tú eres legalmente fisioterapeuta, estudiaste, no se si mucho o poco, y te sacaste un título que te autoriza a ejercer tu profesión (o sea, a aplicar agentes físicos, toma nota porque a veces se te olvida). Lo que pasa es que tú, y aquí empiezan nuestras diferencias, te crees que ese diploma con firma real es una patente de corso para poder hacer lo que te de la gana en pos de la salud del paciente. Y además te crees que eso que tú haces, por hacerlo tú, por tener un título legal, se convierte en legal. Se me revuelven las tripas solamente de pensarlo. El hígado. O sea, que me acabará haciendo daño el hombro, ya me lo has dicho en todas partes...

Durante mucho tiempo hemos pensado en fisioterapia que el problema eran los intrusos. Aquellos, que desde otras profesiones, o sin ellas, ocupaban nuestros espacios. Lo mejor para identificarnos ante ellos era nuestra profesionalidad, nuestras bases, ese viaje hacia una parte más científica abandonando técnicas chamanísticas, orientalísticas y charlatanísticas. Y vas tú y te sacas de la manga el fisioreiki, la fisiohomepatía y el fisioenergetismodelaleche.... hay que joderse, décadas intentando separar el nombre de la fisioterapia del de todas esas cosas y vas tú y te quedas tan pancho pensando que has llevado el mundo de la fisioterapia a una nueva dimensión... y tienes razón, esa fisioterapia tiene una dimensión nueva... y horrible.

Y sí, ya se que has curado a más de diez mil personas con todas tus técnicas, y que según tú eso avala todo tu trabajo. Curar. Hay gente que se cura sin hacer nada. Nosotros no curamos. Pero claro, a ti términos como remisión natural no te suenan de nada. Ni estudios con doble ciego. Para ti todo es holístico. Y con decir holístico al final de cada afirmación ya parece que eres muy guay, y que los demás lo que somos es cerriles porque nos seguimos empeñando en no alabarte, en no comprenderte, en no entender tu genialidad que va unos milenios por detrás delante de la nuestra.

No te pido que dejes de hacer lo que haces, por mi puedes ponerle péndulos en el ombligo a todos los pacientes, abrirles los chakras (igual lo escribo mal, pero me importa poco), bailarles el chikilicuatre o vaciarles los bolsillos. Solo te pido que cuando lo hagas, te metas el título de fisioterapeuta... que lo escondas en algún sitio, que no confundas a la gente con lo que es y con lo que no es. Que tú seas fisioterapeuta no convierte lo que tú haces en fisioterapia. Puedes ponerte como te pongas. Pero vigila la vesícula biliar, por si acaso, que esas emociones negativas te van a poner mal el karma.

Pero la culpa no es solo tuya, no, es también nuestra, por dejarte que sigas haciéndolo, por no denunciarte ante los Colegios, porque los Colegios hacen como los políticos y miran para otro lado... (sí, la mayoría de los códigos deontológicos hablan de gente como tú, y no precisamente bien, fíjate por donde, pero claro, a ti eso no te importa), ... mandagüevos, aquí luchando contra molinos de viento y lo que pasa es que alguien nos ha colado un caballo de madera en casa...

Muchas gracias y buena lectura.




lunes, 29 de septiembre de 2014

Al final va a ser verdad...

Escribo estas lineas a unos 8000 metros de altura. El avión que me lleva de vuelta a casa es demasiado ruidoso como para permitirme conciliar el sueño, así que aprovecho para pensar en voz alta sobre este ultimo fin de semana.

Creo que la primera vez que escuché la palabra multidisciplinariedad fue hace 18 años, el primer día que empecé la carrera de fisioterapia (hostias la de tiempo que ha pasado). Desde entonces me he cansado de escucharla, sobre todo en la boca de algunos, como si fuese un mantra tibetano. No se, igual si dices multidisciplinariedad tres veces muy rápido sin que se te trabe la lengua ocurre algún milagro, vaya usted a saber. Digo que la he seguido escuchando, porque lo que es verla la he visto muy poco. Como los billetes de 500 euros, que todos sabemos que existen pero pocos los ven de manera habitual. Pues este fin de semana la he visto. He tenido la posibilidad de nutrirme de ella, y de alimentarla. Y la sensación es muy, muy positiva.
Hace unos meses la DMSA (Doctors in Movement Science Association) me invitó a participar a su congreso anual con una ponencia sobre los movimientos accesorios. Para los que no lo sepan la DMSA es una asociación de Licenciados en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte con sede en Italia. Son solamente unos cuatrocientos, y como dice su secretario Giorgio Pasetto "son pocos, pero buenos". Creen firmemente en su profesión, la defienden, les gustaría que fuese reconocida por lo que es, pero también les gustaría saber exactamente cuales son sus atribuciones, sus responsabilidades, sus límites.

Hace algunos meses más tuve la oportunidad de asistir, en calidad de oyente, a la jornada  que organizó FSR (Fisioterapia Sin Red)... curioso, son (en este caso somos) también casi 400, pocos pero buenos, que creen mucho en su profesión, que la defienden, que les gustaría que fuese reconocida por lo que es, y que les gustaría dejar claras cuales son sus responsabilidades, sus atribuciones, sus limites... bastantes parecidos, ¿no?
Pero lo mejor es que los parecidos no acaban ahí. En la jornada de abril participaron fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, médicos, neuropsicólogos. En este fin de semana de septiembre había licenciados en actividad física y deporte, médicos, fisioterapeutas, psicólogos... Y sobre todo, en ambas se habló de lo que nos une por encima de todas las diferencias. El movimiento. La vida es movimiento. El cuerpo es la herramienta que un sistema nervioso diseña para poder moverse. Y ese es un idioma que nos resulta común a todos. Si fuese como en el juego y tuviese que encontrar las siete diferencias me costaría mucho encontrarlas. Por coincidir hasta en ambas hubo dos "anárquicos" que nos hablaron sin necesidad de protegerse con un PowerPoint... siempre quedarán románticos...

El movimiento. Quizás compartir ese idioma sea el secreto para empezar a ver como florece esa multidisciplinariedad, esos equipos de trabajo interdisciplinares, ese arrimar el hombro para obtener el beneficio de todos, el nuestro, el del paciente, el de nuestra profesiones. Ver que en poco más de cinco meses, en dos países diferentes, desde dos profesiones que a veces han parecido irreconciliables, surgen iniciativas tan parecidas y que tienden a unir más que a separar me hace pensar que realmente ha llegado el momento de empezar a ver más a menudo los "billetes de 500 euros". Brotes verdes, que los llamarían los políticos.
Decía Alberto Bucci en la cena que tuve el placer de compartir con él el sábado que si cogiese el cerebro de 30 investigadores y los mezclase tendría un súper investigador. Pero que si consiguiese que los cerebros de 30 investigadores se comunicasen entre ellos lo que tendría serían 30 súper investigadores. Está muy claro que comunicarse, compartir conocimientos, trabajar en red, solo puede sumar y hacernos a todos mejores. Inteligencia colectiva se llama, y quizás empiece a no ser tan raro a partir de ahora.

Muchas gracias y buena lectura.


P.D: Pensando pensando una diferencia la he encontrado... ¿Vosotros qué opináis?
Aquí la sede en Alcorcón
Aquí la sede en el Parco Termale del Garda... 

Alla fine sarà vero...

Scrivo queste righe a circa 8000 metri. L'aereo che mi porta di ritorno a Madrid è troppo rumoroso per permettermi di dormire, quindi approfitto  il momento per pensare ad alta voce su questo weekend che sta per finire.

Credo che la prima volta che ho sentito la parola multidisciplinarietà è stato 18 anni fa, il giorno che ho iniziato la Laurea in Fisioterapia (Belin!!! ma quanto tempo che è passato). Da quel momento in poi l'ho ascoltata di continuo, soprattutto in boca di certe persone, come se fosse un mantra tibetano. Boh, forse se dici multidisciplinarietà tre volte molto velocemente senza che si ti attorcigli la lingua accade un miracolo, chi lo sa... Dico che ho continuato ad ascoltare la parola, ma vederla l'ho vista veramente poco. È come le banconotte di 500 euro, tutti sappiamo che ci sono, ma pocchi li vedono tutti i giorni. E invece questo weekend ho visto la multidisciplinarietà. Ho potuto nutrirmi di essa, ho potuto farla crescere. E la sensazione è molto, molto positiva.
Qualche mese fa, la DMSA mi ha invitato a partecipare al loro Congresso Nazionale come relatore con una comunicazione sui movimenti accessori. Per coloro che non la conoscono la DMSA è un'associazione di Dottori in Scienze Motorie con sede in Italia. Sono circa quattrocento, ma come dice il loro segretario Giorgio Pasetto "siamo pocchi ma buoni". Credono molto nella propria professione e nella loro professionalità. La difendono, le piaccerebe che fosse riconosciuta per quello che è, ma vogliono anche fare chiarezza su quali sono le loro responsabilità, le loro capacità, i loro limiti.
Cinque mesi prima ho avuto, invece, l'occassione di essere presente alla giornata che ha organizzato FSR (Fisioterapia Senza Rete)... curiosamente anche loro sono (anzi, siamo) circa quattrocento, pocchi e buoni, che credono molto nella propria professione, che la difendono, che vogliono che sia ben riconosciuta, ma che vogliono fare luce sulle proprie responsabilità, le proprie capacità, i proprio limiti... Simili, vero?

Ma il meglio è che le sommiglianze non finiscono qui. Nella giornata di aprile parteciparonno fisioterapisti, terapisti occupazionali, medici, neuropsicologhi. Questo weekend di settembre ho sentito parlare a chinesiologhi, medici, fisioterapisti, psicologhi... Ma soprattutto, in entrambe le occasioni si parlava più di quello che ci unisce che non di quello che ci allontana. Il movimento. La vita è movimento. Il corpo è l'invenzione che un sistema nervoso disegna per poter muoversi. E questo linguaggio ci accomuna a tutti. Se fosse stato il gioco di trovare le sette differenze avrei fatto molta fatica a trovarle. Un essempio, in tutte e due giornate ci sono stati due "anarchici" che ci hanno parlato senza il bisogno di proteggersi con un powerpoint... sempre rimarrano i romantici....
Il movimento. Forse condividere questo linguaggio sia il segreto per cominciare a vedere più spesso questa benedetta multidisciplinarietà, questi team interdisciplinari, quel sommare sforzi per avere un beneficio comune, di tutti, nostro, del paziente, delle nostre professioni. Vedere che in poco più di cinque mesi, in due paesi diversi, da due professioni che in certi momenti sembrabano di essere in guerra, insorgono iniziative così vicine e che riescono a collegare più che a allontanare mi fa pensare che forse questa volta è arrivato il momento di vedere più spesso le banconote di 500 euro. Segni di ricrescita, direbbero i politici.

Diceva Alberto Bucci nella cena del sabato che se prendesse i cervelli di 30 ricercatori e li metesse insieme avrebbe un super ricercatore. Ma che se riuscisse a fare che i cervelli di 30 ricercatori se communicassero tra di loro, quello che otterrebbe sarebbero 30 súper ricercatori. Non ci sono dubbi. Non ci sono domande. Communicare, condividere il proprio sapere, lavorare in rete, soltanto può che fare somma e farci diventare migliori a tutti. Intelligenza colletiva si chiama. E forse da oggi comincia a non essere così stranno.

Molte grazie e buona lettura. (E scuse per gli errori)

PS: ... pensando pensando una differenza l'ho trovata... voi che ne dite?
La location in Spagna... Ospedale Alcorcón

La location in Italia... Parco termale del Garda



viernes, 12 de septiembre de 2014

Una de chocolate. Y muchos churros.

Llega septiembre, el mes de los buenos propósitos, de apuntarse a un gimnasio para recuperar los abdominales, de comprarse los fascículos para aprender inglés, de organizar el escritorio para optimizar nuestro tiempo y nuestro esfuerzo... por suerte octubre y noviembre se dedicarán a devolver todo a su sitio y la vida seguirá por sus cauces normales. Vivir siempre en septiembre sería aburridísimo...

Yo sin embargo quiero aprovechar septiembre para ponerme a recordar. Y quiero salir del armario de una vez. Tantos años llevándolo dentro me están haciendo sentir mal. "SÍ, yo también hice churriterapia durante algún tiempo". Hala, ya lo he dicho.

                                     


En estos tiempos dospuntocero en el que todo el mundo es la leche de bueno me imagino la frustración de todos aquellos fisioterapeutas, normalmente recién saliditos del horno de la universidad que se ven obligados a hacer churriterapia. Pues a ellos va este post. Sí, porque ahora puedo dedicar a cada paciente el tiempo que quiero y no tengo nadie que me indique lo que tengo o no tengo que hacer con un paciente, pero no olvido que durante unos cuantos años no fue así.

Mi primera experiencia con la churriterapia fue en Italia, recién desembarcado y sin más palabras italianas que pizza, gelato y Tassoti figlio di puttana capuccino. Ese nivel de italiano podría bastar para hacer fisioterapia, si no fuese porque estaba en un gimnasio, solo, con una media de unos siete pacientes cada media hora... incluyendo pacientes con problemas neurológicos, prótesis de cadera recién operadas, pacientes con problemas de atención, vamos, lo mejorcito de cada casa... en fin, aquello más que un gimnasio parecía un circo y yo me sentía a mitad de camino entre el domador de leones y la azafata que se tumba en el suelo para que le pasen por encima los elefantes. Lo malo es que mis elefantes no estaban domesticados...

Aquello fue mejorando (más que nada porque empeorarlo estaba difícil) y conseguí pasar al segundo nivel. Pacientes cada diez minutos. O mejor dicho, trozos de pacientes cada diez minutos. Sí, habéis leído bien, trozos de pacientes. Me explico ¿Una cadera? Diez minutos. ¿Una cadera y una rodilla? Pues veinte minutos ¿Cervical, dorsal y lumbar? Eres un afortunado, para ti media hora. Claro, siempre que tu doctor hubiese escrito cervical-dorsal-lumbar, porque si por ahorrar tiempo había puesto columna vertebral, pues adivina, diez minutos, unos veinte segundos por vértebra, ni para hacer manipulaciones daba.

Claro que todo podría acabar aquí... pero como decía Steve Jobs "one more thing". De cuando en cuando te tocaba la rotación de "máquinas", oseasé, de churriterapia al cuadrado, 14 salas donde se encontraban tracciones cervicales, lumbares, 10 aparatos de TENS, ultrasonidos, microondas y láser.... y tú repartiendo pacientes como si fuesen paquetes de correos, "tú a la cuatro y vete cogiendo el agua para el ultrasonido" "tú a la siete y túmbate que luego te pongo la microondas" "tú a la doce y ponte el TENS, pero no te lo pongas muy fuerte, solo tienes que notarlo". Eran dos semanas cada dos meses, pero valían como si fuesen dos años.

Ahora, miro hacia atrás y me río. Me río porque no puedo hacer otra cosa. Pero dejo de reírme cada vez que pienso que hay muchos compañeros que siguen estando en la misma situación, sin irse tan lejos, sin irse a Italia. ¿Aprendí algo en aquellos años sobre fisioterapia? Pues la verdad es que sí, porque como dice el lema de la formación experiencial, las experiencias no son lo que nos pasa, sino lo que hacemos con los que nos pasa. No, no defiendo la churriterapia, (lo voy a poner hasta en negrita) que luego todo se malinterpreta. Pero aquellos años me ayudaron a tener claros algunos conceptos.

Del tiempo en el gimnasio aprendí que lo más injusto era repartir el tiempo a partes iguales entre los pacientes. Establecí una especie de "triage", como se hace en las urgencias de un hospital. ¿Me equivoqué clasificando alguna vez? Muchas, imagino (como sucede en las urgencias de un hospital), pero si los recursos son los que son, tienes que trabajar con ellos. Estar solo quejándote no les aporta nada a los pacientes.

Del tiempo que pasé con "una zona/diez minutos" aprendí a priorizar. A escuchar lo que para el paciente era su problema principal y a trabajar sobre ello. Aprendí a llevarme el trabajo a casa porque en un solo día no me daba para recoger datos y además razonar. Y aprendí que no hay ningún estudio que correlacione tiempo de tratamiento con eficacia de una terapia. Todavía me estoy muriendo de la risa cuando la empresa nos obligó a hacer el curso de Mézières, lo que se llama una técnica adecuada a la realidad...

Del tiempo que pasé con las "máquinas" aprendí.... aprendí..... bueno, en eso no aprendí nada, pero cada dos semanas que pasaba en ese infierno perdía tres kilos, así que gracias a eso no volví de Italia hecho una mozzarella... ¿algo bueno hay que encontrarle no?...

Dedicado a todos los que se levantan para hacer fisioterapia en condiciones en las que hacer  fisioterapia parece imposible.

Muchas gracias y buena lectura.


Imagen: By Alpha from Melbourne, Victoria, Australia (Flickr) [CC-BY-SA-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons

lunes, 1 de septiembre de 2014

Cuestionario para valorar las competencias en Fisioterapia

Buenas tardes

Perdonadme que esta vez utilice el blog para pedir vuestra colaboración. He sido invitado por el comité organizador de las Jornadas Interhospitalarias de Fisioterapia en Fuenlabrada para participar con una breve ponencia en las mismas. Para acabar de preparar el contenido de mi presentación he diseñado un pequeño cuestionario online completamente anónimo (y breve, no lleva más de 5 minutos realizarlo) que me permita recoger una serie de datos sobre las competencias y la formación en el mundo de la fisioterapia. Para participar en el mismo solamente tenéis que hacer clic en el enlace que encontráis al final de esta entrada.

El cuestionario está abierto a fisioterapeutas, estudiantes de fisioterapia, y a cualquier persona que quiera aportar su opinión. Aprovecho, además, para pediros si podéis colaborar conmigo dándole la mayor difusión posible, invitando a participar a vuestros compañeros de trabajo, de estudios,  amigos o familiares. Ya que el cuestionario es anónimo, os pido también que en el caso de que hayáis ya respondido, no lo realicéis nuevamente para no alterar los resultados.

Muchas gracias por vuestra participación. A continuación el enlace para el cuestionario:

Cuestionario para la valoración de las competencias en Fisioterapia