miércoles, 17 de febrero de 2016

Cambiar de pasión.

"El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios... pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín, no puede cambiar de pasión"

Si no habéis visto "El secreto de sus ojos" os la recomiendo desde este mismo momento. No voy a contar más de la película que esa frase que Esposito, el ayudante de Benjamín (Ricardo Darín en uno de esos papeles en los que principalmente hace de Ricardo Darín y que le salen tan bien) le dice a su jefe para ayudarle en la investigación que llevan a cabo. La frase tampoco es una idea original de la película sino una adaptación de una frase de Galeano (uno de esos escritores que desarma la tesis de que no se puede ser intelectual, erudito y futbolero).

Pero vuelvo al tema que me desvio. El otro día afirmaba un compañero hablando sobre un caso clínico algo más o menos así: "Seguro que para ti, que eres muy de Mulligan, lo que tiene ese paciente es una alteración del movimiento accesorio". Pues vamos a ver, por partes, que sí, que he participado en el curso de Mulligan muchas veces, que lo he traducido y que he participado en un proyecto de investigación sobre el tema. Pero ser, lo que se dice SER, soy del Depor (incluso mucho antes de que la gente lo llamase Depor, cuando lo llamaban simplemente el Coruña) y del Banesto (me da igual que ahora lo llamen Movistar, para mi es el Banesto, o mejor aún, el Reynolds).

En esto de la fisioterapia a veces confundimos lo de la pasión por la profesión con la pasión por las herramientas. Y así equivocamos las cosas. Acabamos siendo muy de Mulligan, o muy de Osteopatía, o muy de Punción Seca, o muy de Reeducación Postural Global, o muy de lo que a cada uno le de la gana. El problema es cuando abrazamos esas herramientas desde el único postulado de la pasión (según la RAE "perturbación o afecto desordenado del ánimo") y no desde una perspectiva racional, científica, o simplemente, con sentido común. Todo el mundo sabe que hay dos tipos de "manitas", el primero arregla cada cosa con la herramienta justa, el segundo lo soluciona todo con silicona. ¿A cuál de los dos llamarías para que te solucionase un problema?  Válgame la metáfora para la fisioterapia. No todo van a ser puntos gatillo, ni ERS, ni perdida de movimientos accesorios, ni cadenas acortadas. Y sin embargo aplicamos "silicona" con pasión.

                                                       


Quizás el error esté en toda nuestra formación, como dice mi compañero David Rodríguez, compartimentada por técnicas (hoy uso de martillo, mañana uso de alicates, pasado mañana uso de destornillador, postgrado en uso de silicona) sin aportar realmente una visión integradora, que piense en el problema en vez de en las soluciones. Efectivamente, todos hemos escuchado, y por suerte cada vez más, cursos en los que te dicen "esto no es para usar solo, lo tienes que integrar con otras cosas". El enseñar más y mejor cómo integrarlo debería ser el objetivo de la próxima evolución en fisioterapia. Sobre todo de la próxima evolución en la formación en fisioterapia.

Pero mientras esto no suceda estaría bien que abandonásemos nuestras pasiones cuando entramos en clínica y las dejásemos para el campo de fútbol. (También estaría bien que las abandonásemos en política, pero eso sería harina de otra entrada, y seguramente de otro blog).

Muchas gracias y buena lectura.

Imagen: www.decoestilo.com

jueves, 31 de diciembre de 2015

Carta de deseos para el año que viene.

Qué la salud siga siendo la unidad que da valor a los ceros que nos pone la vida. Qué no me falte la salud. Qué no falte la salud a los que quiero. Qué no falte sanidad a los que enfermen. Qué a la sanidad no le falte la humanidad la humildad y la comprensión.

Qué no me falte tiempo para ver a mi hija. Qué a mi hija no le falte el tiempo de su padre y de su madre. Qué a ningún niño les falte tiempo y cariño. Qué los niños sigan siendo niños y no adultos en pequeñito. Qué este país sea un país para niños. Qué la conciliación sea una realidad. Qué este país también sea un país para viejos, porque todos lo seremos algún día. 

Qué no tenga que visitar cementerios. Ni hospitales. Qué los que se han ido este año sean los últimos en irse durante mucho tiempo. Qué los que se han ido sepan que hoy con las uvas seguiré pensando en ellos (hasta luego Caro, dale recuerdos a mi padre).

Qué siga viendo la sonrisa en los ojos de mi hija. Qué siga viendo la sonrisa en los ojos de su madre. Qué nuestra hija siga viendo la sonrisa en nuestros ojos. Qué sigamos teniendo motivos para sonreír. Qué no nos engañen con sonrisas falsas. Qué no nos engañen tampoco con lágrimas falsas. Qué no perdamos la capacidad de llorar cuando hay que llorar. Qué sepamos que la tristeza tiene un porqué y un cuando. Pero que como dice una publicidad, qué nadie nos quite la capacidad de disfrutar.

Qué los políticos que nos representan nos representen a nosotros y no a ellos. Qué los medios de comunicación nos informen de una manera objetiva y desinteresada. Qué los partidos sean capaces de ponerse de acuerdo para saber donde va a estar mi país dentro de treinta años, no qué van a hacer con sus pensiones dentro de treinta años. Qué dentro de treinta años sigamos sabiendo lo que es una pensión. Qué dentro de treinta años una pensión sirva para algo más que para no llegar a fin de mes. Qué las pensiones de hoy valgan lo que valió el trabajo que les dio sentido.

Qué pueda seguir paseando por las calles de mi ciudad sin tener que preocuparme de que unos terroristas decidan que ha llegado el día del juicio final. Qué mi hija pueda crecer y correr por las calles de mi ciudad sin aprender el  miedo desde pequeña. Qué sepamos darle valor a la libertad nuestra y a la de los demás. Qué respetemos que las vidas que se van eran igual de importantes sin tener en cuenta religión o color de piel. Qué las religiones dejen de ser políticas. Qué las políticas dejen de ser religiones.

Qué mis alumnos me sigan exigiendo. Qué mis pacientes me sigan exigiendo. Qué yo aprenda a dejarme de exigir. Qué siga teniendo la suerte de tener un trabajo que me llena. Qué mucha más gente pueda tener la suerte de tener un trabajo que les llena. Qué toda la gente pueda tener la suerte de tener un trabajo. Qué los trabajos tengan las condiciones dignas. Qué la gente que se va al extranjero sea porque le apetece y no porque no tiene otra elección. Qué la gente que se tenga que ir al extranjero no se sienta fuera de casa. Qué los que están en el extranjero puedan seguir participando de la democracia de este país. Qué cada país pueda decidir que tipo de democracia quiere, que bandera le representa, que himno le emociona.

Qué mi chica me siga alegrando el día solo con su presencia. Qué sigamos riéndonos con videos de pingüinos, con la música de los ochenta, con juegos de palabras absurdas. Qué mis amigos sigan siendo mis amigos. Qué sea capaz de sacar un momento siempre para estar con ellos cuando les haga falta. Qué sea capaz de sacar un momento para estar con ellos, aunque no les haga falta.

Qué Disney respete la Fuerza y nos de un buen trailer de vez en cuando. Qué Maruja Torres y Joaquín Sabina (que me han inspirado esta entrada) sigan escribiendo y cantando. Que los escritores se dediquen a escribir y los cantantes a cantar. Qué tenga tiempo para volver a leer. Qué no deje de escuchar música. 

Qué mi hija siga bailando.

Y qué tú, que me lees, tengas un feliz 2016!!!


miércoles, 18 de noviembre de 2015

And the winner is...

El viernes pasado estuve en las 5 Jornadas Interhospitalarias de Fisioterapia en el Hospital de Fuenlabrada. No voy a ensalzarlas. No lo necesitan. Mantener durante 5 años el nivel de asistencia conseguido, el interés generado y el nivel de los ponentes hablan por ellas mejor de lo que pueda hacer mi prosa.

Este año tuve el placer de participar como moderador en la mesa de práctica clínica, Roy La Touche a un lado, Júlia Jubany al otro y allá a mi frente Estambul (o sea, el público). Una maravilla de mesa, adornada con dos comunicaciones super interesantes, entre ellas la que acabó ganando el premio a la mejor comunicación, de Alfonso Gil. Estaba preocupado porque pensé que no daría tiempo a contestar a todas las preguntas que yo hubiese querido hacer, pero pasó justamente lo contrario, las preguntas fueron pocas y acabamos por disfrutar viendo como Roy preguntaba a Júlia. Experiencias nuevas producen reflexiones nuevas. O al menos renuevan las que estaban ya rondado por el cerebro.

                                                     


Circulan por la red, en español y en inglés, "manuales" sobre cómo se tiene que preguntar en un congreso científico. Todos tenemos presente algún congreso en el que alguien no pregunta por preguntar sino para hacerse notar, otros simplemente critican, y algunos directamente se mueren de la vergüenza antes de lanzar una pregunta que podría ser muy interesante. El hecho de que medio en broma medio en serio existan esos manuales tiene un porqué. Una explicación que está muy lejos de esos congresos o de esas jornadas.

Decía Quim Chalé hace un mes en Barcelona que la gente tiene miedo a hacer preguntas. Y es cierto. El sistema educativo se forma desde que somos muy pequeños en premiar a los alumnos que saben dar respuestas correctas. "Escucha lo que digo, piensa, y responde cuando te pregunte". Así hemos crecido todos, daba igual LOGSE, LODE, LOMCE.... si sabes responder eres buen estudiante... si no sabes responder bien no lo eres. Fin de la cita.

Luego llega la universidad. Más de lo mismo. Escucha. Piensa (o no, a veces basta memorizar). Y responde. Responde aquí. Responde a lo que se te pregunte.

Y después de la universidad, para los que quieren seguir estudiando llega el mundo de la investigación. Y aquí cambia el paradigma. Lo importante no es dar respuestas. Lo importante es saber hacer preguntas. La pregunta guía a la respuesta. Solamente las preguntas nuevas pueden generar respuestas realmente novedosas. Si las preguntas no cambian difícilmente cambiarán nuestras respuestas. Pero hay pocos científicos brillantes, porque hay pocas mentes que sean capaces de seguir preguntando durante todo el sistema educativo.

Tengo cuatro sobrinos maravillosos, y veo como evoluciona la mente de los niños a través de como preguntan. Los niños saben hacer preguntas originales, novedosas, a veces incluso ligeramente impertinentes (como lo son las preguntas científicas que son capaces de plantearse lo que ya está establecido). Vienen de serie con esa capacidad. Luego evolucionan, llegan los exámenes, la necesidad de adaptarse a lo que se les pide. Y las preguntas dejan paso a las respuestas. Y la imaginación y el pensamiento lateral deja paso a la repetición y al pensamiento lineal. Y claro, si se mantiene durante suficientes años ese mecanismo, la capacidad de preguntar se pierde como gotas en la lluvia.

En la JIF había premios para la mejor comunicación, para el mejor cartel. Y hubo buenas comunicaciones. Y buenos carteles. Quizás, para que se puedan escuchar buenas preguntas en los congresos habría que premiar a las mejores preguntas. Y quizás habría que empezar desde antes, desde la universidad, desde el instituto, desde la primaria... 

Enseñar a preguntar como alternativa a enseñar a responder. Premiar las preguntas como se premian las respuestas... ahí lo dejo...

Muchas gracias y buena lectura.

Imagen: https://www.flickr.com/photos/tony-m/4444505794/

sábado, 24 de octubre de 2015

Ser o estar, ese es todavía el problema

Llego tarde, llego tarde, como el conejo de Alicia...

Hace un par de semanas tuve el honor de participar en las IV Jornadas Fisioterapia TIC y 2.0, organizadas por los Colegios de Fisioterapeutas de Cataluña y Andalucía. No pensaba escribir una entrada (la charla, con la consiguiente presentación, se puede ver en vídeo en el siguiente enlace). Pero esta semana la publicación completa del Informe #toptensalud20 por parte de Janssen Observer me ha animado a volver sobre el tema. (Y ha confirmado de alguna manera el trabajo que presenté en Barcelona, mucho menos potente, pero con algunas conclusiones similares)

2.0. Vivimos en una sociedad rodeada de cosas 2.0 y creo que mucha gente habla del 2.0 sin que todos tengamos claro si hablamos de lo mismo. El 2.0 nace como evolución de la web, cuando esta pasa de ser un mero transmisor de información (páginas estáticas, posibilidad de interacción inexistente) a una herramienta de comunicación bidireccional (ese era uno de los sentidos del número 2, marcar la bidireccionalidad y no solamente la evolución del proyecto). A partir de ese momento la red pasa a ser red social, con informaciones que fluyen en los dos sentidos (y que gracias a esa posibilidad de feedback se convierten en comunicación) y modificando el status quo inicial. Con la red 2.0, cualquier persona, desde cualquier sitio, puede ser un "informador", puede generar y difundir contenido, o modificar, completar y discutir el contenido creado por otros. Al amparo del 2.0 nace Facebook, Youtube, Twitter, Wikipedia, se modifican millones de páginas, y otras mueren. Con el 2.0 no solo cambia la web, cambia la manera de utilizar la web..., o eso debería haber pasado.

La fotografía del informe #toptensalud20 nos da una de cal y una de arena a los fisioterapeutas. La  primera viene representada con nuestra presencia en twitter, cercana al 50 % de las cuentas analizadas. Esto debería ser sinónimo de que en esta red social nuestra presencia es vigorosa, y nuestra voz, alta y firme. Pero para contrarrestar llega la arena, que nos dice que esa voz representa solamente el 3% del conjunto de las voces globales. O sea, que estamos, pero no interactuamos (o al menos no como podríamos interactuar). O que nuestra voz, más allá de nuestro propio colectivo no se oye tan clara y tan alta y tan firme como nos gustaría.

Como dije en la charla, nuestro objetivo como fisioterapeutas no debe ser la notoriedad, el ser más conocidos, el saber más técnicas, el leer más papers o el tener más visitantes en nuestro blog. Ni siquiera el ser mejores fisioterapeutas debería ser nuestro objetivo. El objetivo, el punto de destino tiene que ser mejorar la salud de los individuos y de la sociedad (eso que nos decían en la carrera de convertirnos en agentes de salud, Tomás Gallego dixit). El resto no son más que medios que pueden ayudar o no a conseguir nuestro objetivo. Conquistar y utilizar el 2.0 de una manera correcta es necesario. No basta con estar si queremos que las instituciones nos oigan, si queremos que otras profesiones nos oigan o si queremos que los pacientes nos oigan. Hay que hablar. Hay que hacerse oír.



Una última reflexión, siempre a raíz del informe de Janssen. Y dedicada a todos aquellos que se han sentido "ofendidos" por no estar. Qué malo es el ego. El informe #toptensalud20 no es una clasificación de los mejores, ni de los que mas hacen, ni de los más listos. El informe es una muestra y lo que importan son las conclusiones de la muestra, no los sujetos incluidos en ella. Podrían haber cogido otra muestra diferente y los resultados hubiesen sido muy parecidos. En eso consiste uno de los pilares de los estudios en ciencias sociales, en la capacidad representativa de la muestra elegida. Para el resto, MasterCard. O Klout, que para el ego va muy bien.

Muchas gracias y buena lectura.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Perder partidos. Ganar finales.

"Las finales no se juegan, se ganan." Luis Aragonés


En mis tiempos mozos le dediqué muchas horas al noble arte del balompié. Algunas jugando (bueno, más calentando banquillo que jugando para que vamos a negarlo) y otras, mucho más interesantes, entrenando equipos de chavales. No os voy a aburrir con historias del abuelo cebolleta. Pero quería reflexionar sobre una cosa y a ver que os parece.

105 metros. Esa es la longitud habitual de un campo de futbol profesional. Y dentro de ese campo la longitud del área grande (la zona donde el portero puede coger el balón con la mano) es de 16,5 metros. Si uno hace una regla de tres se da cuenta que el área equivale aproximadamente a un quince por ciento de la longitud total del campo.

Hay equipos que parecen muy buenos. Hay equipos que controlan muy bien el partido, que se pasan el balón perfectamente en un espacio de 88 metros. Toque adelante. Toque atrás. Marcaje al hombre. En zona. Doble pivote. Carrileros. Pero que cuando llegan a esos últimos metros se desinflan. No saben que hacer con el balón. Les falta tener claro cual es el objetivo del futbol. Como decía Cruyff, basta con meter un gol más que el contrario.

Así es un campo de futbol. Una división inexacta entre dos mitades. Una representa el 85 % del terreno. La otra representa "solamente" el 15 %. Según las matemáticas el 85% es mucho más que el 15 %. Pero el fútbol no comparte esa estadística. El penalty que falló Djukic con el Depor. El gol de Ramos en Lisboa. El fallo de Salinas contra Italia. El gol de Iniesta. Ese 15 % del campo es el que marca las diferencias en el fútbol. Lo mismo pasa en la fisioterapia.

Van diciendo los estudios que los efectos específicos de las terapias manuales representan aproximadamente en torno a un 15 % del resultado final. Y que el resto, el 85 %, tiene más que ver con los efectos inespecíficos. Escuchando esa música van frotándose las manos algunos (intrusos, extrusos, y no solo, espero que les guste el tono de esta entrada) diciendo que al final ese 85 % es mucho más importante que el 15%. Que da igual lo que hagas con tus manos porque su incidencia será tan pequeña en relación a todo lo demás que rodea el tratamiento que será irrelevante. Si pensáis eso no habéis jugado al futbol en vuestra puta vida.

Hay quien dice que se pueden ganar partidos (o curar pacientes) en ese 85 %, que la posesión y el control del partido sirven justo para eso. Y a veces ganan partidos, es cierto. A veces tanto va el cantaro a la fuente que al final se gana el partido (evolución natural de la enfermedad), o pasa que con un rebote el balón acaba entrando en la portería (regresión a la media), o que a veces un empate sobra (aceptación por parte del paciente y del terapeuta del estado de salud, disminución de la ansiedad como mediador del cuadro clínico). Pero la verdad es que los partidos, los campeonatos, las finales, se ganan en esos últimos 15 metros. Hay que ser muy buenos en esos últimos quince metros. Hay que ser muy buenos en la fisioterapia. Hay que marcar las diferencias con un 15 %.

¿Quiere decir eso que el 85 % (los efectos inespecíficos) no es importante? No, al contrario. Ahí es donde los partidos se pierden, en un balón perdido (expectativas defraudadas), en un contraataque que nos pasa desapercibido (mala recogida de información), en un marcaje mal hecho (relación terapeuta paciente mal dirigida). No podemos perder ahí nuestros partidos. Tenemos que estar atentos, muy atentos a cómo jugamos en ese espacio tan grande y a veces tan desconocido. No podemos confiar solo en tener un delantero grandullón para que lo haga todo. Esos 85 metros tenemos que dominarlos, que conocerlos, que utilizarlos para llevar el partido a esos 15 metros finales donde podemos (y debemos) marcar la diferencia. No podemos esperar que nuestra habilidad manual y nuestro razonamiento clínico ganen todos los partidos si no cuidamos los miedos, las creencias, las expectativas, los objetivos del paciente. Si no recogemos la información de una manera correcta. Si no cuidamos la relación terapeutica. En definitiva, si no sabemos leer bien el partido. Pero tampoco podemos esperar ganar una final desde el centro del campo, controlando, adornando con pases bonitos y hacia atrás (tantos discursos vacíos, a qué huelen las nubes) esperando que el tiempo corra y el árbitro pite. Al final, aunque sea en la prórroga hay que meterse en esa zona donde se hace la diferencia. Donde los buenos hacen la diferencia.  Y hacer algo muy fácil. O muy difícil. En el fondo es solo darle una patada a un balón. Como Iniesta. Igual que Iniesta.



Muchas gracias y buena lectura

jueves, 20 de agosto de 2015

Especialistas y especialistos.

Pues parece que estamos de vuelta de las vacaciones. Y que el tema de las especialidades sigue calentito. Así que como soy especialista en dar mi opinión (yo y otros cuarenta millones de españoles) aquí va la mía sobre las especialidades en Fisioterapia. (Si no te va el tema, pasa de post que hoy solo estoy en modo profesional).

1. ¿Para qué?
Según los teóricos del comportamiento cada acción surge como intento de solución de un problema. Por lo tanto creamos las especialidades en Fisioterapia pensando en solucionar algún problema de la profesión. ¿Cuál? Vamos a repasar un poco. ¿Las especialidades resolverán esa falta de mínimos comunes que actualmente la profesión tiene (o no tiene)? Pues va a ser que no. ¿Las especialidades cambiarán la visión de la fisioterapia que tiene la población en general? Pues va a ser que tampoco. ¿Las especialidades solucionarán el tema del intrusismo (o el del extrusismo)? Pues menos todavía. ¿Las especialidades solucionarán el tema de un exceso de formaciones postgrado, de calidades dispares y contenidos impares...? Pues me da que tampoco sirven para esto. ¿Mejorarán las especialidades las condiciones laborales de los fisioterapeutas? Pues tengo muchas dudas de que vayan a servir para eso. Y entonces, ¿solucionan algo las especialidades? Yo creo que sí, solucionan la falta de especialidades en la profesión, lo cual, siendo una disciplina sanitaria nos hace ir un paso por detrás de otros compañeros.
Ahora bien, pensar que las especialidades en fisioterapia van a ser la solución a todos los problemas nos puede descentrar sobre cuál es la verdadera situación de la fisioterapia. Y nos puede embarcar en un viaje que no lleva hacia donde algunos creen que lleva. Estaría bien hacer esta reflexión desde el principio antes de que nos marquemos un efecto concorde en toda regla. Para saber resolver bien los problemas es necesario saber plantearlos de modo correcto. No hay problem solver sin problem setter.

Imagen cortesía de @elefanteG85

2. ¿Cuáles?
Y aquí me vais a permitir que sea políticamente incorrecto (para eso es mi blog). Los que defendéis una especialidad en fisioterapia músculo esquelética... me podéis responder a una cosa ¿qué no es músculo esquelético? ¿La ATM? pues resulta que hay por ahí algunos músculos y algunos huesos. ¿El suelo pélvico? anda, si está lleno de músculos. ¿La fisioterapia cardiorrespiratoria? Hombre, es cierto que los pulmones no son ni músculo ni hueso, pero el diafragma y el corazón, algo tendrán que decir, ¿no?, por no hablar de la caja torácica. Entiendo que los que proponen una especialidad en fisioterapia músculo esquelética, proponen otra en fisioterapia ligamentosa, otra en visceral y otra en nerviosa (ojo, hablando de nervios como estructuras, no como sistema). No, por aquí no lo veo.
Luego están los segundos, (y aquí sigo haciendo amigos) que proponen una especialidad en Terapia Manual. Pero vamos a ver. ¿Vosotros conocéis algún médico especialista en Prescripción de Fármacos? Pues sería igual de absurdo. La Terapia Manual, con todo lo que me gusta, no deja de ser un conjunto de técnicas, conceptos e ideas que son herramientas para la solución de problemas de salud. Si proponemos especialidad en Terapia Manual, las otras especialidades serán Electroterapia, Ejercicio Terapéutico, Educación para la Salud, y al ritmo que vamos, Prescripción de fármacos. No, este sistema tampoco lo veo.
Por último estarían aquellos que hablan de una especialidad en Fisioterapia General. Esto se llama oxímoron y es absurdo desde su propio planteamiento, paso al siguiente punto.
Y entonces, ¿por qué no dejamos de ir de "especialistos" y aprovechamos el sistema de especialidades que la profesión médica ha desarrollado a lo largo de un montón de años? Sí, Fisioterapia Respiratoria, Cardíaca, Reumatología, Geriatría, Pediatría, Familiar y Comunitaria... quizás no nos hagan falta las 47 actuales (no me imagino al fisioterapeuta especialista en alergología, por ejemplo) pero a lo mejor algunas nos resultarían muy útiles para el futuro (veo y compro Fisioterapeuta especialista en el trabajo). ¿Ventajas de este sistema? Muchas, lo primero la facilidad para el paciente de saber a que tipo de profesional debe dirigirse. La facilidad para trabajar en un equipo multidisciplinar con unos conocimientos básicos comunes. La facilidad para aprovechar el trabajo ya hecho y las divisiones reales que existen en el mundo real. Recordemos que los hospitales trabajan ya con esa división, ¿no será más fácil y factible adaptarse al mundo real que intentar ponerlo patas arriba? 
¿Inconvenientes de este sistema? Las personas. Algunos "especialistos" quieren abarcarlo todo. Otros quieren mantener el monopolio de la formación tal como está ahora y este sistema no se presta a ello.

3. ¿Cómo?
Y aquí vuelvo al principio. Decía que cada acción surge para dar solución a un problema. Pero a su vez, por la tercera ley de Newton, cada acción provoca a su vez una reacción, es decir, cada acción es fuente de problemas. Y antes de empezar el viaje de las especialidades estaría bien tener claras las soluciones a los problemas que se pueden presentar con su creación. Por ejemplo ¿será necesario que todos los que ocupan un puesto en Atención Primaria tengan la especialidad de Fisioterapia de Familia y Comunitaria? ¿y con la gente que ya tiene la plaza en propiedad qué hacemos? Y lo que vale para Primaria, me vale también para especializada. O también, ¿un fisioterapeuta no especialista, podrá tratar pacientes? En Psicología, por ejemplo, no se puede hacer clínica si no tienes la especialidad hecha, bien via Master, bien vía Residencia. Y no hay plazas para todos. ¿Cuántas plazas se crearán? ¿Habrá examen FIR? ¿Y las especialidades, serán cobrando como en Medicina, o pagando como solemos hacer en Fisioterapia? ¿Tantos años despotricando de las universidades privadas y al final toda la profesión se va a convertir en una gran maquina privada?
En este apartado tengo infinitas preguntas, pero este post ya está siendo demasiado largo. Lo que quiero decir es que estoy a favor de crear las especialidades, pero no me vale un diseño de especialidades que a los futuros problemas conteste con un "ya veremos luego". No tenemos nadie que nos meta prisa (legalmente) para dar este paso, como sucedió con el Grado. No hagamos las cosas mal desde el principio. Si queremos ser especialistas, empecemos por no ser "especialistos".

Muchas gracias y buena lectura.


viernes, 31 de julio de 2015

De estudiantes y aprendices

Hoy es el último día de curso. A punto de coger las vacaciones es un buen momento para reflexionar sobre una de mis pasiones, la educación y el aprendizaje. Presiento que alguna de mis reflexiones no gustará, pero me da igual.

Llevo dos años trabajando como profesor en una Universidad y de vez en cuando (principalmente en los períodos de exámenes, sobre todo en convocatorias extraordinarias) escucho en boca de otros compañeros una frase-mantra-queja "es que no estudian para aprender, estudian para aprobar". No voy a negarlo. Esa frase también ha salido de mi boca. Y diría más. Esa frase también llegó a mis oídos en mis primeros tiempos de estudiante universitario (ahora en esta segunda etapa, como no escucho/veo a los docentes no he tenido todavía la posibilidad de escucharla, pero seguro que lo piensan).

¿Hay algo de malo en estudiar para aprobar y no para aprender? No voy a entrar a hacer juicios de valor sobre eso, seguramente cada cual tenga su propia idea al respecto. Pero si querría intentar responder a otra pregunta. ¿Por qué el estudiante estudia para aprobar? Según mi opinión lo hace porque es exactamente lo que se le pide que haga, no de una manera directa (no conozco ningún profesor que entre en clase el primer día diciendo "yo lo único que quiero es que aprobéis mi asignatura, me importa un bledo si aprendéis o no",  aunque a lo mejor haberlos hailos, como las meigas). No, no se les pide directamente, pero el sistema tiende a premiar la capacidad de reproducir conocimientos mucho más que la capacidad de aprendizaje. Y el estudiante se organiza (consciente o inconscientemente) en torno a ese objetivo.

¿Por qué tengo esa opinión? Por poner algunos ejemplos: el mejor expediente académico de mi promoción de fisioterapia  empezó periodismo un año después (donde curiosamente volvió a tener mención como mejor expediente académico, luego le perdí la pista, quizás siga coleccionando menciones). Como he dicho antes, el sistema recompensa la capacidad de aprobar y no la capacidad profesional que sería deseable que uno adquiriese durante la formación. Más ejemplos. Después de la universidad, el sistema MIR, o el sistema laboral de oposiciones del estado a cargo público (enfermería, fiscalía, notarios, por citar algunos, o incluso registradores de la propiedad que acaban llegando más lejos) están organizados de tal manera que son los mejores estudiantes y no los mejores profesionales los que destacan. Se valoran los conocimientos y no las capacidades. Y antes de la universidad, durante muchos años la elección de carrera se realizaba exclusivamente en base a la nota obtenida, sobre todo en una prueba de tres días, que no dejaba de ser una oposición (Selectividad, esa palabra que provocaba sudores fríos entre mis compañeros) ¿Y seguimos preguntándonos porqué los estudiantes se preocupan por aprobar y no por aprender? Quizás nos hace falta un poco de autocrítica, ¿no? Llámalo X, o condicionamiento operante, pero si la conducta que se refuerza es la de aprobar, ¿qué esperamos que hagan?

Incluso la raíz etimológica nos tendría que decir algo. Existe una diferencia abismal entre un estudiante y un aprendiz. El estudiante, por definición estudia. El aprendiz aprende. En los oficios, el aprendiz que no aprendía no progresaba, de la misma manera que el estudiante que no estudia no consigue pasar los cursos a la vez que otros compañeros. El aprendiz que estudiaba era por su propia motivación intrínseca. Del mismo modo el estudiante que aprende lo hace por motivación interna no por que el entorno le favorezca esa disposición.

Lo que me lleva a otra reflexión. Dicen los expertos que es necesario saber motivar a los estudiantes (para convertirlos en activos), pero ¿cómo se motiva? ¿cuáles son los conocimientos pedagógicos de los docentes universitarios? Del mismo modo que estudiar no es aprender, saber no es enseñar.

Muchas gracias y buena lectura. Y buen verano!!!