miércoles, 31 de diciembre de 2014

Un cuaderno azul... ¿para crecer o para envejecer?

La fecha del calendario, 31 de diciembre, anima a escribir resúmenes. Sería también fácil caer en la tentación de sumarse a las listas de "lo mejor de" que prosperan en blogs y medios estos últimos días del año. Podría incluso unirme a esos otros compañeros que han escrito ya su carta a los Reyes Magos... No, voy a ser bastante más simple que todo eso, solamente os voy a desear un feliz año nuevo.

El año nuevo tiene el olor de los libros nuevos, o de la ropa recién estrenada. Es como un cuaderno en blanco en el que nos proponemos escribir con la mejor letra posible. Recuerdo esos cuadernos azules que vendían en la secretaría de mi colegio, de doble raya, de cuadros, de raya única cuando ya te ibas haciendo mayor... los comprabas y ponías con letra muy clara tu nombre y apellidos, y la asignatura a la que pertenecían: Matemáticas, Lenguaje, Sociales, Física.... no, yo no llegue a tener Conocimiento del medio... soy un poco anticuado.

Mañana cada uno de nosotros tendremos un cuaderno nuevo en el que escribir nuestro nombre, y donde pone asignatura, pondremos, con letra muy clara 2015... vale.... ¿y qué es lo que vamos a escribir en ese cuaderno?

Desde hace tiempo, en los cursos que doy sobre gestión del cambio planteo a los participantes una pregunta... "¿cuál es la diferencia entre crecer y envejecer?" O mejor, ¿en qué momento dejamos de crecer y nos ponemos a envejecer? La pregunta, que puede parecer baladí, esconde, como sucede a menudo, un truco. Miro a mi hija con siete meses y no tengo duda, ella está creciendo. Miro este ordenador con el que escribo y puedo afirmar con rotundidad que está envejeciendo. ¿Y yo? ¿Y vosotros? Cuando os miráis en el espejo, ¿tenéis claro si estáis creciendo o envejeciendo?

Probablemente cada uno tendrá su propia opinión al respecto. La mía es esta. Creces mientras sigues haciendo cosas nuevas. Mientras sigues aprendiendo. Mientras cada día es una ocasión para probar cosas que no habías hecho antes (tener un blog, hacerme empresario, ser padre... el 2014 me ha traído un montón de cosas nuevas). Envejeces en el momento en el que decides que es mejor seguir haciendo lo que ya sabes hacer (no cambiar de técnicas, no cambiar de punto de vista, no pensar de manera diferente,...) que arriesgarte a probar esos sabores nuevos, que dejarte llevar por ideas que antes no se te habían pasado por la cabeza...

Pues yo os deseo para este 2015 que está llegando, que en ese cuaderno azul de pasta blanda y una sola raya (que ya somos mayores) escribáis un montón de cosas nuevas, que podáis resumir experiencias que no habíais tenido antes,  que anotéis el nombre de muchas personas que lleguen a vuestra vida aportando ideas frescas.... Os deseo un 2015 que os haga crecer. Un 2015 en el que os arriesguéis a hacer eso que lleváis pensando bastante tiempo. Un año que os haga ver otras cosas. Que os haga ver las mismas cosas de otra manera. Y que dentro de 365 días no nos miremos en el espejo sintiéndonos más viejos, sino más grandes.

Muchas gracias y buena lectura.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Del dicho al hecho. Reflexiones sobre la #4JIF (capítulo 1)

Han pasado ya más de tres semanas desde la #4JIF, y aunque estoy pensando ya en la próxima, me siento en la obligación de escribir algunas líneas sobre lo acaecido en Fuenlabrada ese día.

Lo primero, agradecer publicamente a los organizadores la invitación que me hicieron allá por el mes de febrero para que hablase de Fisioterapia y Comunicación, prácticamente sin conocerme, y sin tener muy claro por dónde podía salir. Espero que a estas horas Juan Antonio, Gema y Luis no estén dándose cabezazos por las paredes arrepintiéndose por la invitación hecha. Porque la verdad es que hacen un trabajo encomiable y necesitamos que sigan haciéndolo. Jornadas gratuitas, organizadas por fisioterapeutas, para fisioterapeutas, con unos ponentes de excepción (descubrimiento muy interesante el de Ana de Groot.... y apuesta segura Sergio Lerma, demostrando como comunicar y enseñar de manera directa). Como bien dijo en su blog Juan Antonio, una apuesta por la disciplinariedad, que tanta falta le hace a la fisioterapia, identidad, marco común, ideas comunes... y dentro de ese marco, todos los debates que sean necesarios para seguir creciendo.

No voy a transcribir aquí mi ponencia. Nació pensada para ser oral y visual, y llevarla al papel sería desnaturalizarla. Pero reflexionando sobre ese sentido de identidad si que quiero compartir algunas de las ideas que llevé a Fuenlabrada.


Como bien dice Batman, no es quién soy, sino lo que hago, lo que me define. O dicho en castizo, importa más lo que hago que lo que digo. Pues la fisioterapia parece no tenerlo muy claro. Y sigue diciendo algunas cosas y haciendo las contrarias. Claro, luego nos sorprende que la gente no haya entendido el mensaje que queremos que le llegue. Pues precisamente lo que pasa es que lo están entendiendo muy bien. Y quizás somos nosotros los que nos equivocamos con el mensaje. Ahí dejo tres reflexiones:

1. La fisioterapia no es una profesión en la que lo que importen sean las manos. Existe un proceso mental importante antes de la aplicación (o no) de una mano sobre el paciente. Nos sorprenden los pacientes que llegan pidiendo masajes, y no otras técnicas menos manuales. Hands off, seguimos diciendo, copiando a los anglosajones, pero mientras tanto, esta es la imagen oficial que mandamos a los usuarios:


Manos. Manos. Muchas manos. Esa es la imagen oficial de los Colegios Oficiales de Fisioterapeutas de España. Por no hablar de las tarjetas de visita, o de las clínicas que vemos por las calles. O de la Asociación Española de Fisioterapeutas que en boca de uno de sus representantes definió esa imagen de dos manos que se tocan como representación del "acto terapéutico"... mal nos va a ir mientras  transmitamos que el acto terapeutico es una cuestión de manos. Entre lo que digo y lo que hago... siempre gana lo que hago.

2. La fisioterapia es una ciencia. Esto no se discute. Lo defendemos. Lo pregonamos. Nos peleamos con quien haga falta para que no queden dudas, pero:


pero claro, luego publicamos estos cursos de técnicas no científicas, acompañados de la coletilla "para fisioterapeutas". Y no solo los publicamos. Los cursos se llenan. Y luego se lo transmitimos a los pacientes. Y claro, de ahí a ver péndulos dando vueltas encima de los pacientes el camino es pequeño. De nuevo, podemos seguir diciendo que somos una ciencia. Pero si el comportamiento que tenemos no es acorde... 

3. Los fisioterapeutas no somos técnicos. Somos profesionales con un conocimiento amplio sobre nuestro sector. Por ejemplo, como los arquitectos, ¿no?. ¿Se imaginan ustedes un arquitecto que en la puerta de su estudio pusiese un cartel con este texto?: "Perico el de los Palotes. Arquitecto. Se hacen casas. Casas grandes. Casas pequeñas. Casas de piedra. Casas de ladrillo. También se hacen centros comerciales. Y garajes. Y si hace falta faros". Pues no, yo tampoco me lo imagino. Si uno es arquitecto pone que hace arquitectura. Y si uno es médico, que hace medicina. Claro, que si uno es Fisioterapeuta: 


pues pone de todo (como muy bien señaló Nacho Fabiani en esta entrada)  y luego cuando el paciente pide algo le decimos que el profesional somos nosotros.... y entonces... ¿por qué vendemos técnicas?

En fin, como dice el refrán, del dicho al hecho, hay un trecho... nuestras actuaciones son lo que determinarán la longitud del mismo.

Gracias y buena lectura





jueves, 6 de noviembre de 2014

Sher(pa) o no sher(pa)... esa es la cuestión

Han pasado menos de 48 horas, así que los que me siguen en twitter ya habrán casi olvidado que hace un par de días estuve dando la lata con el HT #sherpas20... después de este pequeño descanso ya puedo volver a darles la brasa.
No os voy a resumir la jornada, creo que eso ya lo ha hecho maravillosamente Nuria (@tulupus) en esta entrada, o si lo preferís, podéis acceder a la pagina web del organizador (@menarini_es)... yo voy a contar mi experiencia, mis reflexiones. Personal. Muy personales.  

Los que me conocéis un poco más ya sabéis que a parte de dedicarme a la fisioterapia le soy infiel a menudo dedicándome a la formación en habilidades, al trabajo en equipo, a la comunicación... así que poder disfrutar de un día de trabajo colectivo en una desconferencia, no como organizador, sino como participante fue ya un regalo. Si además de eso le añadís que el acto fue realmente multidisciplinar e interdisciplinar (dos términos que a veces se confunden, pero que no necesariamente son lo mismo), con profesionales, pacientes e instituciones, todos hablando un idioma común y con un objetivo común, pues entonces ya entendéis que mi nivel de satisfacción es máximo.

Pero todo esto no lo sabía cuando Raul (@_RaulFerrer, que siempre anda metido en todos los tinglados, no se como se las apaña... y además trata pacientes!!!) me embarcó en el proyecto. Brecha digital me decía. Sherpas. Y claro, yo, que soy un enamorado del lenguaje le estuve dando vueltas a las palabras... ¿qué pienso si alguien me dice que delante de mi tengo una brecha? Pues pienso en una sima, en una dificultad, en un esfuerzo que tengo que realizar para atravesarla. Y quizás, solo quizás, todo eso me produzca miedo. Creo que fue Nacho Valverde (@farmavalverde, hubo muchas frases interesantes y quizás no voy a ser capaz de recordar en todas a sus autores, pido perdón por anticipado) el que comentó que quizás la brecha la estábamos haciendo nosotros... maravillosa reflexión... si yo quiero animar a que la gente llegue donde yo estoy, quizás hablarles de brechas no sea lo más oportuno, eso es como marcar una diferencia entres los que están a un lado y los que están a otro... y quizás no somos tan diferentes, como no lo son los niños que ya saben leer de los que todavía no saben... reconozco que la palabra desfase que estaba en la definición original de la brecha, me gustaba más que la palabra brecha en si misma... desfase digital... cada uno estamos en un momento... y no pasa nada, todos llegaremos, cada uno a su ritmo.
Sherpas. Esa fue la otra palabra que me llamó la atención. Que me lo sigue llamando. Tengo la sensación de que los que estábamos en la reunión éramos más del tipo Edmund Hillary que del tipo Tenzing Norgay. Me explico. Gente que "ha ido hasta allí" (sea lo que sea el allí) por interés personal, o profesional, a base de dedicarle mucho esfuerzo, muchas ganas y muchas horas. Lo que viene siendo alpinistas profesionales. Pero ninguno éramos realmente un nativo (eso es un sherpa, un nativo) digital. Eché de menos a esos nativos digitales, a esa gente para los que su realidad es el 2.0, diseñadores de apps que sueñan en binario y hablan idiomas extraños, gente de las grandes firmas, Google, Apple, Microsoft, Yahoo... nosotros no hacemos más que utilizar sus herramientas, no hacemos más que pasar por donde ellos nos han puesto las cuerdas... Ellos son los que saben poner las cuerdas... nosotros podemos contar la experiencia de haber llegado...

Y entonces, qué opino de esto de la salud y el 2.0... que a veces la imagen que puede llegar hacia fuera es que esto del 2.0 es difícil, trabajoso, y obliga a abandonar el 1.0... nada más lejos de la realidad... Menarini, que probablemente sea una de las industrias del sector farmaceutico que mejor está entendiendo el  2.0 en España no organizó un Hangout... cogió 50 personas, los metió en un garaje, les hizo trabajar codo con codo, los hizo interactuar, comer, jugar al futbolín.. todo muy 1.0 ¿hay algo más 1.0 que jugar al futbolín? Las abuelas que hablan por Skype con sus nietos ya son 2.0, las madres que te mandan un Whatsapp ya son 2.0. Los pacientes que te piden cita por la web son 2.0... solo hace falta extender poco a poco todo este proceso. Hay gente que es resistente al cambio. Y que cuanto más cambio le pides, más resistencia muestran. Y si el cambio lo pintamos con palabras como esfuerzo, más resistencia todavía. Quizás, y ya acabo, como dijo alguien en la desconferencia, haya que motivar, que no es animar, es dar motivos. Crear las estructuras. Implantarlas. Demostrar que son beneficiosas. Y dejar que la gente llegue a ellas. O mejor, que las use. El 2.0 no es un lugar al que para ir hace falta abandonar otro (el 1.0), el 2.0 es un lenguaje, y se hablará cuando todo el mundo tenga un motivo para hablarlo...

Espero que las conclusiones del evento me enseñen más sobre ese lenguaje. Para que podamos hablarlo con más gente.

Muchas gracias y buena lectura.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Comiendo en Málaga... algo mejor que los espetos.

            Hoy era día de fiesta. Y como era día de fiesta me fui a comer con unos amigos. ¿Qué amigos? Unos fisiofrikis como dice mi chica.  Los de Fisioterapia Sin Red, que celebraban el día grande del pueblo, #1NFSR lo llaman. ¿El lugar elegido? Málaga. ¿Los anfitriones? Esplendidos, con todo a pedir de boca. ¿Los cocineros? Excelentes ¿El menú? A la altura de los paladares más exquisitos. Y como ahora todos estamos muy puestos en masterchefes y topchefes, pues eso, que me voy directo a contarles la comida.

De Primero: Trampantojo de collarín
            Es lo que tienen los trampantojos, que una vez que los ves hechos, pues parece muy fácil, de eso que te vienen ganas de decir "eso lo puedo hacer yo si me pongo, y además, sin esforzarme". Pero hay que ponerse. Y no todos lo pueden hacer. Y muy pocos sin esforzarse. A Elena Bueno le dieron uno de los ingredientes más complicados en la cocina de la fisioterapia: el paciente que no quiere ser tocado. Y se lo aderezaron con un aliño que complicaba la situación: 150 pares de ojos que le pedían a gritos que lo tocase. Y con esos ingredientes hizo lo mejor que podía hacer, llevar el tratamiento hacia un no tocar. Como dicen los Chicotes y los Pepes: al producto tienes que darle lo que pide el producto. Y cuando nos toca un paciente que no quiere ser tocado, quizás no hay que olvidar ese "pequeño" detalle. Tocar todo lo necesario y lo mínimo imprescindible.
            Cuando luego nos contó como había cocinado el plato aprecié mucho mejor su preparación y la dificultad que había detrás. Y sobre todo me dejó una píldora para reflexionar a partir del lunes. ¿Por qué demonizamos la estabilización pasiva en la columna cervical a la vez que la justificamos en muchas otras partes del cuerpo, como por ejemplo el tobillo? Si  un tobillo es inestable (no hipermóvil, inestable) colocar un vendaje funcional que lo estabilice pasivamente no sorprendería a nadie.... y entonces...  ¿por qué nos llevamos las manos a la cabeza (nunca mejor dicho) ante un trampantojo de collarín?. Pues eso, a pensarlo.
Valoración del plato: retrogusto poderoso.

De Segundo:  Ternera gallega con Atún de Almadraba.
            Me lo habían dicho: Carlos Rodríguez cocina bien y enamora al auditorio. Dicho y hecho. De lo segundo no voy a hablar, ya quedan de muestra algunos tuits en los que mis compañeras se lo repartían cual botín de guerra, un trocito para cada una, (si los chicos hubiésemos dicho algo así de Elena, nos hubiesen dicho de todo, pues desde aquí lo digo yo ahora, Elena, tú no te achantes, que tienes tantos fans como Carlos). Del plato que preparó no puedo no opinar. Alguno dirá que si te dan un buen producto es imposible hacer algo malo con ello. No estoy de acuerdo. Algunos pacientes son como las trufas blancas de Alba, deliciosas e increíbles, pero tremendamente delicadas y difíciles de manejar. Pues ese fue el ingrediente estrella de su menú. Un paciente en apariencia ideal, pero que en manos equivocadas o poco atentas podría resultar muy difícil de tratar.
            Un baile. Una obra de ciencia (que no de arte). Mimando al producto, sabiendo en cada momento que es lo que el producto necesita. Respetando una de las máximas de los buenos cocineros, y que debería estar colgada en las consultas de todos los fisios "No añadas más sal de la que hace falta, que luego no hay manera de quitarla". Hacer más no es hacer mejor. Su diálogo continuo con el paciente no es una técnica de fisioterapia. Pero si no se tienen esas capacidades las técnicas a veces se quedan en agua de borrajas.
            Y del mismo modo que no hay carnes o pescados, sino comida, Carlos nos enseñó, (sin educarnos) que no hay neuro y trauma, sino personas. A ver si a fuerza de que nos lo repitan vamos haciendo la digestión.
Valoración del plato: Una de esas ocasiones en las que la comida (o la fisioterapia) va más allá de su función primaria y alcanza valores estéticos (y sin dejar de alimentar).

De Postre: Deconstrucción de Fisioterapia.
            Azúcar. Huevos. Harina. Con esos tres ingredientes se cocinan la mayor parte de los postres. Si no sabes muy bien que hacer con ellos te hará falta añadir otros ingredientes: vainilla, frutas, chocolate... que complican la receta pero enmascaran las debilidades. En la fisioterapia pasa lo mismo. Anatomía. Biomecánica. Valoración. Claro que si no tienes todo eso controlado te hacen falta un montón de técnicas para rellenar la sesión. Pues Lluís Puig hizo exactamente eso, quitar todos los adornos y volver al ABC de la fisioterapia: anatomía (de primero), biomecánica y fisiologia articular (ídem), y valoración (ídem de ídem). Y solo con eso y sin adornos nos presentó el postre que todos queremos saber hacer y que no nos cansamos de comer. Un paciente que está a punto de operación y que descubre que no se va a poner la bata de quirófano.
            Que un cocinero como él diga tranquilamente que a un paciente podría hacerle unos activos asistidos, que llame a un ejercicio arremangar, que diga que pondría una electroterapia para potenciar, que relaje un hombro mirando al tendido como quien no quiere la cosa y que consiga que los comensales nos lo comamos todo con gusto y asintiendo demuestra que ser fisioterapeuta no es acumular técnicas ni decir palabras raras, como ser cocinero no es tener muchos cacharros en la cocina ni complicarse la vida con nitrógeno líquido o electrolísis varias.
Valoración del plato: equilibrio perfecto entre sabor, presencia y aporte energético. El postre de los campeones....


Se que el menú continuó, que hubo licores y café. Me quedé con ganas de probarlo. Alguno de los comensales lo contará. Pero yo ya estaba lejos, en un avión, pensando en todo lo que tengo que desaprender para seguir aprendiendo.

Muchas gracias y buena lectura.

martes, 21 de octubre de 2014

El que fue a Sevilla...

Lo malo de querer hacer una entrada sobre un Congreso de Fisioterapia en el que han participado más de trescientos compañeros es que corres el riesgo de ser poco original. Lo malísimo de hacerlo cuando algunos de los compañeros han hecho ya las suyas (@fisiostyle, @NachoFabiani, @fisiobealopcan, o @argoicoechea por poner algunos ejemplos, podéis aprovechar a leer sus entradas) es que realmente puedes aportar muy poco más. Y entonces os preguntareis, ¿qué hago dándole a la tecla a las doce de la noche? Pues yo también me lo pregunto, y ahí va mi respuesta.

Lo primero agradecer a las entidades, Sefid y Colegio de Andalucía en primis, que lo han hecho posible. Y lo segundo, desde aquí unirme al agradecimiento personal a Javier Aguilera. Si alguna vez habéis intentado organizar una cena de Navidad para un grupo de amigos entenderéis el nivel de estrés que puede haber arrastrado el bueno de Javi a lo largo de estos meses para que todo saliese lo mejor posible... por poner un ejemplo, que a alguien se le ocurra mandar un correo a los participantes con el tiempo que va a hacer en Sevilla para esos días demuestra lo que yo entiendo por estar pendiente de los detalles... Y eso por no hablar del "timing" general; si no hubiese sido por los 30 grados y la "caló" que hacía, hubiese creído que el rió que atravesaba por las mañanas era el Rin y no el Guadalquivir.

Del nivel de las ponencias, del nivel de los ponentes y del nivel de los argumentos no puedo decir nada. Después de un congreso así hace falta volver a la clínica y empezar por abandonar aquellas cosas que uno ha descubierto que hace mal. Luego, ponerse a leer, a estudiar, a reflexionar y ver cual de todas esas cosas se puede llevar uno. Como bien dice Arturo Goicoechea, hace falta tener el valor de desaprender lo aprendido para poder aprender cosas nuevas (la frase es de Yoda, pero si citas a Arturo Goicoechea parece más culta la cosa y menos friqui)... Mucho trabajo por delante para cada uno de nosotros. Yo empiezo ahora mismo con el libro de ponencias.

¿Y qué es lo que no ha ido bien? Pues para encontrarlo, tengo que hilar muy fino, pero algunas cosas son mejorables. Las sillas. Qué ganas de levantarse cada vez que acababan las ponencias. Que dolor de todo. ¿Nadie se ha dado cuenta de que los fisioterapeutas no sabemos estar sentados? Algún genio se había llevado la almohada cervical para el viaje... estuve a punto de comprársela como cojín....
¿Y los discursos políticos? Esos mejor eliminarlos, sobran. Sobra la gente que va a leer su discurso y no se da cuenta de si la gente le escucha o no... hubo también algún que otro ponente que hizo lo mismo.... pero por lo menos lo que contaba era más importante... Para los próximos cursos, menos políticos y más de cualquier otra cosa...

¿Y la comida? No es que no hubiese suficiente. Es que los fisioterapeutas habíamos desgastado mucho nuestro físico y nuestro cerebro... eso, y que como dice Beatriz López, aquello parecía los Juegos del Hambre, 4 "a la caza de cazón perdido" se hubiese titulado si hubiese sido una película...

¿Y lo mejor? Pues lo mejor fue la compañía... y permitirme que aquí barra para casa, no es que vuestra compañía como fisioterapeutas no me guste. Pero la mejor compañía fue otra. Mil gracias a mi pareja, por seguirme, por venirse hasta Sevilla conmigo y por tener la paciencia de que a su chico le vayan estas reuniones de "fisiofrikis" a las que de vez en cuando acudo... Sin ellas este Congreso no hubiese sido tan redondo.

Gracias y buena lectura.

viernes, 10 de octubre de 2014

Carta a un Extruso

Hola querido Extruso,

Perdona que te mande esta carta así, sin avisar, y que lo haga en un lugar público, pero es que ya me tienes un poco harto y quería hablar contigo. Total, se que me lees, que me sigues en redes sociales, así que este es un lugar tan bueno como cualquier otro.

No, no me he equivocado con el nombre, no quería decir intruso. Se muy bien que la palabra extruso no existe para la Real Academia. Tres cuartos me importa. Porque las palabras se crean para lo que se necesitan. Y para definirte a ti, se me ocurren muchas palabras y ninguna bonita, así que lo vamos a dejar en extruso. Si no te gusta, pues te jodes fastidias. Por mi parte hay ya muchas cosas de las que tu dices que no soporto.

Eres fisioterapeuta. Como yo. Pero no como yo. Como yo, tú eres legalmente fisioterapeuta, estudiaste, no se si mucho o poco, y te sacaste un título que te autoriza a ejercer tu profesión (o sea, a aplicar agentes físicos, toma nota porque a veces se te olvida). Lo que pasa es que tú, y aquí empiezan nuestras diferencias, te crees que ese diploma con firma real es una patente de corso para poder hacer lo que te de la gana en pos de la salud del paciente. Y además te crees que eso que tú haces, por hacerlo tú, por tener un título legal, se convierte en legal. Se me revuelven las tripas solamente de pensarlo. El hígado. O sea, que me acabará haciendo daño el hombro, ya me lo has dicho en todas partes...

Durante mucho tiempo hemos pensado en fisioterapia que el problema eran los intrusos. Aquellos, que desde otras profesiones, o sin ellas, ocupaban nuestros espacios. Lo mejor para identificarnos ante ellos era nuestra profesionalidad, nuestras bases, ese viaje hacia una parte más científica abandonando técnicas chamanísticas, orientalísticas y charlatanísticas. Y vas tú y te sacas de la manga el fisioreiki, la fisiohomepatía y el fisioenergetismodelaleche.... hay que joderse, décadas intentando separar el nombre de la fisioterapia del de todas esas cosas y vas tú y te quedas tan pancho pensando que has llevado el mundo de la fisioterapia a una nueva dimensión... y tienes razón, esa fisioterapia tiene una dimensión nueva... y horrible.

Y sí, ya se que has curado a más de diez mil personas con todas tus técnicas, y que según tú eso avala todo tu trabajo. Curar. Hay gente que se cura sin hacer nada. Nosotros no curamos. Pero claro, a ti términos como remisión natural no te suenan de nada. Ni estudios con doble ciego. Para ti todo es holístico. Y con decir holístico al final de cada afirmación ya parece que eres muy guay, y que los demás lo que somos es cerriles porque nos seguimos empeñando en no alabarte, en no comprenderte, en no entender tu genialidad que va unos milenios por detrás delante de la nuestra.

No te pido que dejes de hacer lo que haces, por mi puedes ponerle péndulos en el ombligo a todos los pacientes, abrirles los chakras (igual lo escribo mal, pero me importa poco), bailarles el chikilicuatre o vaciarles los bolsillos. Solo te pido que cuando lo hagas, te metas el título de fisioterapeuta... que lo escondas en algún sitio, que no confundas a la gente con lo que es y con lo que no es. Que tú seas fisioterapeuta no convierte lo que tú haces en fisioterapia. Puedes ponerte como te pongas. Pero vigila la vesícula biliar, por si acaso, que esas emociones negativas te van a poner mal el karma.

Pero la culpa no es solo tuya, no, es también nuestra, por dejarte que sigas haciéndolo, por no denunciarte ante los Colegios, porque los Colegios hacen como los políticos y miran para otro lado... (sí, la mayoría de los códigos deontológicos hablan de gente como tú, y no precisamente bien, fíjate por donde, pero claro, a ti eso no te importa), ... mandagüevos, aquí luchando contra molinos de viento y lo que pasa es que alguien nos ha colado un caballo de madera en casa...

Muchas gracias y buena lectura.




lunes, 29 de septiembre de 2014

Al final va a ser verdad...

Escribo estas lineas a unos 8000 metros de altura. El avión que me lleva de vuelta a casa es demasiado ruidoso como para permitirme conciliar el sueño, así que aprovecho para pensar en voz alta sobre este ultimo fin de semana.

Creo que la primera vez que escuché la palabra multidisciplinariedad fue hace 18 años, el primer día que empecé la carrera de fisioterapia (hostias la de tiempo que ha pasado). Desde entonces me he cansado de escucharla, sobre todo en la boca de algunos, como si fuese un mantra tibetano. No se, igual si dices multidisciplinariedad tres veces muy rápido sin que se te trabe la lengua ocurre algún milagro, vaya usted a saber. Digo que la he seguido escuchando, porque lo que es verla la he visto muy poco. Como los billetes de 500 euros, que todos sabemos que existen pero pocos los ven de manera habitual. Pues este fin de semana la he visto. He tenido la posibilidad de nutrirme de ella, y de alimentarla. Y la sensación es muy, muy positiva.
Hace unos meses la DMSA (Doctors in Movement Science Association) me invitó a participar a su congreso anual con una ponencia sobre los movimientos accesorios. Para los que no lo sepan la DMSA es una asociación de Licenciados en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte con sede en Italia. Son solamente unos cuatrocientos, y como dice su secretario Giorgio Pasetto "son pocos, pero buenos". Creen firmemente en su profesión, la defienden, les gustaría que fuese reconocida por lo que es, pero también les gustaría saber exactamente cuales son sus atribuciones, sus responsabilidades, sus límites.

Hace algunos meses más tuve la oportunidad de asistir, en calidad de oyente, a la jornada  que organizó FSR (Fisioterapia Sin Red)... curioso, son (en este caso somos) también casi 400, pocos pero buenos, que creen mucho en su profesión, que la defienden, que les gustaría que fuese reconocida por lo que es, y que les gustaría dejar claras cuales son sus responsabilidades, sus atribuciones, sus limites... bastantes parecidos, ¿no?
Pero lo mejor es que los parecidos no acaban ahí. En la jornada de abril participaron fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, médicos, neuropsicólogos. En este fin de semana de septiembre había licenciados en actividad física y deporte, médicos, fisioterapeutas, psicólogos... Y sobre todo, en ambas se habló de lo que nos une por encima de todas las diferencias. El movimiento. La vida es movimiento. El cuerpo es la herramienta que un sistema nervioso diseña para poder moverse. Y ese es un idioma que nos resulta común a todos. Si fuese como en el juego y tuviese que encontrar las siete diferencias me costaría mucho encontrarlas. Por coincidir hasta en ambas hubo dos "anárquicos" que nos hablaron sin necesidad de protegerse con un PowerPoint... siempre quedarán románticos...

El movimiento. Quizás compartir ese idioma sea el secreto para empezar a ver como florece esa multidisciplinariedad, esos equipos de trabajo interdisciplinares, ese arrimar el hombro para obtener el beneficio de todos, el nuestro, el del paciente, el de nuestra profesiones. Ver que en poco más de cinco meses, en dos países diferentes, desde dos profesiones que a veces han parecido irreconciliables, surgen iniciativas tan parecidas y que tienden a unir más que a separar me hace pensar que realmente ha llegado el momento de empezar a ver más a menudo los "billetes de 500 euros". Brotes verdes, que los llamarían los políticos.
Decía Alberto Bucci en la cena que tuve el placer de compartir con él el sábado que si cogiese el cerebro de 30 investigadores y los mezclase tendría un súper investigador. Pero que si consiguiese que los cerebros de 30 investigadores se comunicasen entre ellos lo que tendría serían 30 súper investigadores. Está muy claro que comunicarse, compartir conocimientos, trabajar en red, solo puede sumar y hacernos a todos mejores. Inteligencia colectiva se llama, y quizás empiece a no ser tan raro a partir de ahora.

Muchas gracias y buena lectura.


P.D: Pensando pensando una diferencia la he encontrado... ¿Vosotros qué opináis?
Aquí la sede en Alcorcón
Aquí la sede en el Parco Termale del Garda...