El
otro día leía y comentaba en casa de @_RaulFerrer sobre las famosas hojas de
"ejercicios" que todo fisioterapeuta tiene en su consulta y pensé que
podría ser un buen momento para reflexionar sobre ellas. Con mi estilo. A mi
manera.
Como
decía, cualquier fisioterapeuta que se precie tiene en su consulta.... -o ahora
en su ordenador o en su tablet, que mola más-, unas 2456 figuras
de ejercicios para repartir a sus pacientes... con dibujitos esquemáticos o con formas, con
fotos, con descripciones, en blanco y negro, en color, animadas, en inglés, en catalán, diseñadas por un amigo, con el logo de la clínica en la que trabaja… ejercicios hasta el infinito y más allá… Dentro de un proceso de tratamiento
antes o después algunos de esos ejercicios vienen "enseñados" al
paciente, explicándoles sus bondades y marcando las pautas convenientes para
realizarlos. Hasta aquí, todo normal.
No
voy a pararme a hacer un tratado sobre la prescripción de ejercicio
terapéutico. Ya los hay. Lo único que quiero es reflexionar sobre algunas cosas
que como fisioterapeuta me han ido llamando la atención. Cuando hablo de
ejercicios para hacer en casa con mis pacientes, siempre intento explicarles la
metáfora del traje. A algunos su médico le ha dado ya una hoja de ejercicios, o
su vecino, o su instructor de-lo-que-sea. Otros te traen una hoja de internet
(habría que regular el acceso libre a las páginas de salud... pero de eso
hablaré otro día). Yo les explico que los ejercicios tienen que hacerse como un
traje, a su medida, tachamos algunos, modificamos otros, añadimos alguno...
hasta ahí nada extraño, imagino que la mayoría hacemos lo mismo...
Lo
que ya veo menos es "diseñar" ese traje con la persona. Saber cuánto
tiempo va a usarlo por ejemplo, no vale cuanto tiempo nos dice que va a hacer los
ejercicios, hay que saber cuánto
tiempo está dispuesto a dedicarles, REALMENTE; saber para qué quiere usarlo, el traje puede ser perfecto,
pero si el paciente no tiene ninguna motivación para salir de casa y ponérselo, lo que sucederá al final es que a la
hoja de ejercicios se la comerán las polillas en algún cajón. Y sobre todo, preguntarle al paciente cómo se siente con ese traje... podemos
pensar que hemos cosido el traje más bonito del mundo, el más útil para esa
persona, pero si al paciente no le gusta, si le tira la sisa, si se siente
ridículo... será muy difícil que jamás se lo ponga... Ese como se siente no es
un cómo se siente haciendo el ejercicio, sino entender si piensa que
"tomar" ese ejercicio la va a ayudar. Nadie se toma unas pastillas
que piensa que no le sientan bien... ¿Esto lo hacemos todos?
Los
ejercicios no son pastillas. Son hábitos. Y copiar el modelo de prescripción
médica (tómese una pastilla roja en el desayuno, y la azul tres veces al día
después de las comidas) para los hábitos (los estiramientos, según te
levantes de la cama, y los ejercicios para reforzar 4 veces por semana, y
haciendo 5 series de 8 repeticiones....) no puede funcionar, y de hecho no
funciona en la mayoría de los casos... ¿cuántas veces nos hemos re-encontrado
con pacientes que dejaron de hacer los ejercicios y vuelven por el mismo dolor
que tenían? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Y aunque
eso pueda hacernos ganar más dinero, no deja de hacernos peores profesionales.
Si el plan terapéutico que habíamos diseñado y que pensábamos que era perfecto
es abandonado, a lo mejor no estaba tan bien diseñado ni era tan perfecto, ¿no?
Para
crear un hábito no valen las prescripciones. Hace falta conocimiento, ganas, tiempo
y paciencia, y para eso hace falta implicar a las personas, conocerlas,
escucharlas, motivarlas, entenderlas, saber ponerse en su lugar, validarlas... todos
sabemos muchas cosas que son buenas y no hacemos (comer mejor, beber menos
alcohol y dos litros de agua al día, hacer más actividad física, dormir las horas
correctas, no fumar, desayunar bien y cenar poco, no mirar demasiado tiempo las
pantallas luminosas de ordenador y tablet... ¿sigo?).. ¿por qué pensamos que explicarle al
paciente lo que es bueno será un argumento suficiente para que lo haga?... ¿pensamos
que el pijama blanco nos da superpoderes? Un plan abandonado es un plan mal
diseñado. Y los responsables del diseño somos los profesionales. Podemos seguir
"echando culpas" a los pacientes. Pero los responsables somos
nosotros.
Buena lectura.