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martes, 29 de marzo de 2016

Objetivo: MARTE

Lo prometido es deuda. Y a mi me toca pagar. Prometí una entrada sobre objetivos hace unos días. Pues aquí está.


El acrónimo inglés para explicar las características que deben reunir los objetivos para ser considerados como tales es SMART. Esto permite un juego de palabras entre el acrónimo y el significado de esta palabra (inteligente) en la lengua de Shakespeare. El problema de la palabra SMART es que se empieza por utilizar para un coche y se acaba convirtiendo en un verbo que aplicar a cualquier ámbito.... qué si smartizar objetivos,  que si es necesario smartizar la empresa, que si estamos smartizando la ciudad, a este paso vamos a acabar smartizando hasta las relaciones.... (lo de smartizar nuestro parlamento todavía lo veo más difícil, pero todo se andará).


Yo para hablar de objetivos prefiero utilizar el acrónimo MARTE, por tres motivos. El primero por barrer un poco para casa y poner a Cervantes por delante de Shakespeare. El segundo porque no puedes marcianizar objetivos, ni empresas, ni ciudades. Y el tercero os lo contaré un poco más adelante. Vamos con las siglas.



M. De Medible
La Madre de las características. No voy a llegar al extremo de afirmar que lo que no se puede medir no existe como he leído en algún sitio. Pero tengo claro que lo que no se puede medir no se puede re-evaluar. Y para saber si hemos alcanzado nuestro objetivo tenemos que poder comparar. Así que cuando plantees tus objetivos para el año que viene (o en septiembre, que también es muy típico), acuérdate de eso: "Voy a correr....."  ¿Cuánto, un maratón, cien metros, detrás del autobús...? No es exactamente lo mismo.

A. De Acordado
Sobre todo cuando se trabaja en equipo. Y ojo, que un equipo no son veinte o diez personas, un equipo se compone a partir de dos personas (relación terapeuta-paciente por ejemplo). O sea, que el objetivo, cuando se trabaja en equipo, tiene que estar acordado por todas las partes, no vale "mi" objetivo sino "nuestro". No vale imponer sino acordar. ¿Dónde quieres llegar? ¿Dónde crees que podemos llegar? podrían ser un par de preguntas muy buenas para saber si el objetivo está acordado.
¿Y si mi equipo soy solamente yo?  En ese caso la A es de Alcanzable. Pero para explicar ese punto paso a la siguiente letra.

R. De Realizable
Hay personas que dicen Realista, o Relevante. Yo prefiero quedarme con la R de Realizable con los Recursos a disposición. Porque realizable (o alcanzable) es casi todo. Correr un maratón, por ejemplo. Hay gente que lo hace, ergo, es realizable. Que lo consiga yo sin dedicar horas a entrenar es imposible. Para saber si nuestro objetivo cumple esta "R" la pregunta es fácil: ¿qué necesito para conseguirlo? ¿qué tengo? ¿Necesito entrenar 10 horas a la semana durante los próximos seis meses? ¿Tengo esa disponibilidad horaria? Si no cuadra, o consigo más recursos, o cambio de objetivos.

T. De Temporizable
Y si medible era la madre de las características, la temporalización es el padre. ¿Cuándo voy a conseguir lo que me he propuesto? Si no pongo un límite, no sabré cuando tengo que volver a evaluar. Y si no mido mi evolución no sabré lo lejos, o cerca, que me he quedado del objetivo. ¿Quiero correr un maratón? ¿Qué maratón? Quizás no esté preparado para el de Madrid de este año, pero quizás si puedo realizarlo el año que viene. El cuándo influye en muchos de los recursos  (tiempo, dinero, conocimiento) para hacer que algo sea realizable o no.

E. De Específico
Y por eso me gusta más MARTE que SMART, este es el tercer motivo. Porque si uno ha seguido los pasos anteriores, y ha diseñado un objetivo medible, acordado, realizable y temporizable, que sea específico es una consecuencia de todo ello. Un buen objetivo debería caber en un tuit. O para los que no le guste lo digital, en un post-it (sin truco, el cuadrado de 76x76 de toda la vida, y con una letra tipo 12, que os conozco).

El año que viene voy a ser bueno no es un objetivo, es un deseo de la carta a los Reyes Magos. El año que viene voy a recoger mi habitación todas las semanas una vez es un objetivo. Estar mejor no es un objetivo. Estar mejor es una herramienta para algo. Nosotros, como la NASA, tenemos que llegar a MARTE.

Muchas gracias y buena lectura.

Imagen de dominio público de pixabay.com

lunes, 11 de mayo de 2015

#motivANDO no es #animANDO

En qué andará metida @villa_inma?
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pues en lo que andaba metida era en una charla sobre adherencia terapeutica para el Grupo Provincial de Sevilla (y desde aquí lo digo, Olé por las actividades que organizan los grupos provinciales de @colfisio... vamos a ver si el resto de Colegios van copiando lo que funciona). Y yo que soy muy olisquero me puse a preguntarle. Y preguntando y contestando acabo naciendo un hashtag y un reto, #motivANDO que llegó mucho más lejos de lo que ninguno de los dos habríamos pensado. El reto era fácil, una frase, o una foto, motivadora y pasar a tres personas. Sin mojarse. Sin dar dinero. Simplemente había que seguir #motivANDO. La gente no sabía lo que había detrás del reto. 

¿Y qué tiene que ver la motivación con la adherencia? Todo. No hay adherencia sin ella. Y sin adherencia los proyectos fracasan, da igual que el proyecto sea un tratamiento o sacar adelante una empresa.
Pero si uno se pone a repasar las frases del hashtag se da cuenta de que a menudo confundimos Animar con Motivar. Y Motivar no es Animar. Animar es dar ánimos, ayudar a alguien a conseguir lo que pretendía, sujetarle cuando las fuerzas parece que flaquean. Y los ánimos, por eso mismo, pueden venir desde cualquier sitio, desde dentro, o desde fuera. Desde la grada de un campo de fútbol, desde la cuneta de Mont Ventoux o desde un libro de autoayuda.

Motivar es otra cosa. Motivar es dar motivos. Motivos para conseguir un objetivo. Un objetivo concreto, no "la salud", que es como decir "la paz mundial" o "voy a ser bueno el año que viene". Y ahí llega lo difícil de nuestro trabajo como sanitarios. Que la motivación no viene desde las gradas o de las cunetas. Viene (o no viene) con el paciente. Y viene (o no viene) con el profesional sanitario. Porque vamos a decir las cosas como están. De la misma manera que hay pacientes no motivados, hay sanitarios no motivados, hay sanitarios que "pasaban por allí". Y si queremos tener pacientes motivados, creo que lo mínimo que se merecen son sanitarios motivados.

Motivar, como decía, es una cosa muy diferente de animar. Animar tiene que ver con el alma, sea eso lo que quiera que sea. Animar es muy poético. Motivar es mucho más prosaico, tiene solamente que ver con moverse. Con dirigirse hacia un objetivo. Una de las frases que daban vueltas en el reto era precisamente una de Nietzsche que viene al pelo:



La motivación (que es movimiento) viene de la mano de los objetivos (que son destinos). Si yo se a dónde quiero ir (el por qué), el cómo podrá ser dificil, podrá costarme, podré necesitar ayuda para conseguirlo... pero estará ahí. Quizás tenemos que darnos cuenta de que los pacientes necesitan menos ánimos (o que solo los necesitan a veces) y más motivos.

Pero si decimos que los motivos vienen de dentro.... ¿entonces qué puedo hacer yo como sanitario? Está claro que no puedo darle a una persona que no soy yo ni objetivos ni motivos. Y entonces ¿qué hago? ¿Me siento cruzando los brazos y espero? Pues no, una de las cosas que nos quedan cada vez más claras en la sanidad es que la relación terapeuta-paciente es una relación de equipo, y que de la calidad de esa relación va a depender un buen porcentaje del éxito del tratamiento (los porcentajes los dejo para los que leen muchos estudios). Dentro de un equipo hay varios tipos de objetivos, pero en este caso los dividiré en dos tipos, los individuales, y los de equipo. Está claro que mis objetivos cuando llego a trabajar por la mañana son los míos, y no los de mi paciente. Y viceversa. Pero si queremos que lo nuestro sea "algo más", si queremos que nuestra historia tenga un  "final feliz" (sin malinterpretar, que os conozco) es necesario que sepamos encontrar objetivos comunes, que trabajemos para ir al mismo sitio. Una vez encontrado el destino, la motivación para el viaje será mucho más fácil de encontrar.

Herzberg, uno de los teóricos de la motivación (sobre todo centrada en ambiente laboral), definía que existían dos tipos de factores que motivaban a los individuos, aquellos que él definía como Higiénicos o Extrínsecos, y los factores de Motivación o Intrínsecos. Los factores extrínsecos tienen que ver con premios externos (sueldos, recompensas, palabras de apoyo...) mientras los intrínsecos tienen que ver con la necesidad de crecimiento (emocional, intelectual o de resultados) del sujeto. Una persona guiada principalmente por factores extrínsecos necesitará cada vez más de ellos para obtener los mismos resultados. Una persona guiada por sus propios factores intrínsecos, por sus ganas de ser mejor, de estar mejor, conseguirá unos resultados cada vez mejores. Trabajar ayudando al paciente a definir cuales son sus motivos intrínsecos puede ser una manera de ayudarlo mucho más efectiva que dando ánimos.
Y sin olvidar que trabajamos en equipo, podemos seguir mirando solo hacia el paciente, hacia sus motivos, y reforzarlos. Pero quizás tenemos que dar de vez en cuando una mirada a ese espejo que hay en muchas salas de fisioterapia para saber cuales son nuestros motivos, cuales nuestros objetivos, cual es la necesidad de crecimiento que tenemos. Y cuando los tengamos más claros quizás descubramos que nuestros pacientes también están más motivados.

Muchas gracias y buena lectura.