sábado, 24 de octubre de 2015

Ser o estar, ese es todavía el problema

Llego tarde, llego tarde, como el conejo de Alicia...

Hace un par de semanas tuve el honor de participar en las IV Jornadas Fisioterapia TIC y 2.0, organizadas por los Colegios de Fisioterapeutas de Cataluña y Andalucía. No pensaba escribir una entrada (la charla, con la consiguiente presentación, se puede ver en vídeo en el siguiente enlace). Pero esta semana la publicación completa del Informe #toptensalud20 por parte de Janssen Observer me ha animado a volver sobre el tema. (Y ha confirmado de alguna manera el trabajo que presenté en Barcelona, mucho menos potente, pero con algunas conclusiones similares)

2.0. Vivimos en una sociedad rodeada de cosas 2.0 y creo que mucha gente habla del 2.0 sin que todos tengamos claro si hablamos de lo mismo. El 2.0 nace como evolución de la web, cuando esta pasa de ser un mero transmisor de información (páginas estáticas, posibilidad de interacción inexistente) a una herramienta de comunicación bidireccional (ese era uno de los sentidos del número 2, marcar la bidireccionalidad y no solamente la evolución del proyecto). A partir de ese momento la red pasa a ser red social, con informaciones que fluyen en los dos sentidos (y que gracias a esa posibilidad de feedback se convierten en comunicación) y modificando el status quo inicial. Con la red 2.0, cualquier persona, desde cualquier sitio, puede ser un "informador", puede generar y difundir contenido, o modificar, completar y discutir el contenido creado por otros. Al amparo del 2.0 nace Facebook, Youtube, Twitter, Wikipedia, se modifican millones de páginas, y otras mueren. Con el 2.0 no solo cambia la web, cambia la manera de utilizar la web..., o eso debería haber pasado.

La fotografía del informe #toptensalud20 nos da una de cal y una de arena a los fisioterapeutas. La  primera viene representada con nuestra presencia en twitter, cercana al 50 % de las cuentas analizadas. Esto debería ser sinónimo de que en esta red social nuestra presencia es vigorosa, y nuestra voz, alta y firme. Pero para contrarrestar llega la arena, que nos dice que esa voz representa solamente el 3% del conjunto de las voces globales. O sea, que estamos, pero no interactuamos (o al menos no como podríamos interactuar). O que nuestra voz, más allá de nuestro propio colectivo no se oye tan clara y tan alta y tan firme como nos gustaría.

Como dije en la charla, nuestro objetivo como fisioterapeutas no debe ser la notoriedad, el ser más conocidos, el saber más técnicas, el leer más papers o el tener más visitantes en nuestro blog. Ni siquiera el ser mejores fisioterapeutas debería ser nuestro objetivo. El objetivo, el punto de destino tiene que ser mejorar la salud de los individuos y de la sociedad (eso que nos decían en la carrera de convertirnos en agentes de salud, Tomás Gallego dixit). El resto no son más que medios que pueden ayudar o no a conseguir nuestro objetivo. Conquistar y utilizar el 2.0 de una manera correcta es necesario. No basta con estar si queremos que las instituciones nos oigan, si queremos que otras profesiones nos oigan o si queremos que los pacientes nos oigan. Hay que hablar. Hay que hacerse oír.



Una última reflexión, siempre a raíz del informe de Janssen. Y dedicada a todos aquellos que se han sentido "ofendidos" por no estar. Qué malo es el ego. El informe #toptensalud20 no es una clasificación de los mejores, ni de los que mas hacen, ni de los más listos. El informe es una muestra y lo que importan son las conclusiones de la muestra, no los sujetos incluidos en ella. Podrían haber cogido otra muestra diferente y los resultados hubiesen sido muy parecidos. En eso consiste uno de los pilares de los estudios en ciencias sociales, en la capacidad representativa de la muestra elegida. Para el resto, MasterCard. O Klout, que para el ego va muy bien.

Muchas gracias y buena lectura.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Perder partidos. Ganar finales.

"Las finales no se juegan, se ganan." Luis Aragonés


En mis tiempos mozos le dediqué muchas horas al noble arte del balompié. Algunas jugando (bueno, más calentando banquillo que jugando para que vamos a negarlo) y otras, mucho más interesantes, entrenando equipos de chavales. No os voy a aburrir con historias del abuelo cebolleta. Pero quería reflexionar sobre una cosa y a ver que os parece.

105 metros. Esa es la longitud habitual de un campo de futbol profesional. Y dentro de ese campo la longitud del área grande (la zona donde el portero puede coger el balón con la mano) es de 16,5 metros. Si uno hace una regla de tres se da cuenta que el área equivale aproximadamente a un quince por ciento de la longitud total del campo.

Hay equipos que parecen muy buenos. Hay equipos que controlan muy bien el partido, que se pasan el balón perfectamente en un espacio de 88 metros. Toque adelante. Toque atrás. Marcaje al hombre. En zona. Doble pivote. Carrileros. Pero que cuando llegan a esos últimos metros se desinflan. No saben que hacer con el balón. Les falta tener claro cual es el objetivo del futbol. Como decía Cruyff, basta con meter un gol más que el contrario.

Así es un campo de futbol. Una división inexacta entre dos mitades. Una representa el 85 % del terreno. La otra representa "solamente" el 15 %. Según las matemáticas el 85% es mucho más que el 15 %. Pero el fútbol no comparte esa estadística. El penalty que falló Djukic con el Depor. El gol de Ramos en Lisboa. El fallo de Salinas contra Italia. El gol de Iniesta. Ese 15 % del campo es el que marca las diferencias en el fútbol. Lo mismo pasa en la fisioterapia.

Van diciendo los estudios que los efectos específicos de las terapias manuales representan aproximadamente en torno a un 15 % del resultado final. Y que el resto, el 85 %, tiene más que ver con los efectos inespecíficos. Escuchando esa música van frotándose las manos algunos (intrusos, extrusos, y no solo, espero que les guste el tono de esta entrada) diciendo que al final ese 85 % es mucho más importante que el 15%. Que da igual lo que hagas con tus manos porque su incidencia será tan pequeña en relación a todo lo demás que rodea el tratamiento que será irrelevante. Si pensáis eso no habéis jugado al futbol en vuestra puta vida.

Hay quien dice que se pueden ganar partidos (o curar pacientes) en ese 85 %, que la posesión y el control del partido sirven justo para eso. Y a veces ganan partidos, es cierto. A veces tanto va el cantaro a la fuente que al final se gana el partido (evolución natural de la enfermedad), o pasa que con un rebote el balón acaba entrando en la portería (regresión a la media), o que a veces un empate sobra (aceptación por parte del paciente y del terapeuta del estado de salud, disminución de la ansiedad como mediador del cuadro clínico). Pero la verdad es que los partidos, los campeonatos, las finales, se ganan en esos últimos 15 metros. Hay que ser muy buenos en esos últimos quince metros. Hay que ser muy buenos en la fisioterapia. Hay que marcar las diferencias con un 15 %.

¿Quiere decir eso que el 85 % (los efectos inespecíficos) no es importante? No, al contrario. Ahí es donde los partidos se pierden, en un balón perdido (expectativas defraudadas), en un contraataque que nos pasa desapercibido (mala recogida de información), en un marcaje mal hecho (relación terapeuta paciente mal dirigida). No podemos perder ahí nuestros partidos. Tenemos que estar atentos, muy atentos a cómo jugamos en ese espacio tan grande y a veces tan desconocido. No podemos confiar solo en tener un delantero grandullón para que lo haga todo. Esos 85 metros tenemos que dominarlos, que conocerlos, que utilizarlos para llevar el partido a esos 15 metros finales donde podemos (y debemos) marcar la diferencia. No podemos esperar que nuestra habilidad manual y nuestro razonamiento clínico ganen todos los partidos si no cuidamos los miedos, las creencias, las expectativas, los objetivos del paciente. Si no recogemos la información de una manera correcta. Si no cuidamos la relación terapeutica. En definitiva, si no sabemos leer bien el partido. Pero tampoco podemos esperar ganar una final desde el centro del campo, controlando, adornando con pases bonitos y hacia atrás (tantos discursos vacíos, a qué huelen las nubes) esperando que el tiempo corra y el árbitro pite. Al final, aunque sea en la prórroga hay que meterse en esa zona donde se hace la diferencia. Donde los buenos hacen la diferencia.  Y hacer algo muy fácil. O muy difícil. En el fondo es solo darle una patada a un balón. Como Iniesta. Igual que Iniesta.



Muchas gracias y buena lectura

jueves, 20 de agosto de 2015

Especialistas y especialistos.

Pues parece que estamos de vuelta de las vacaciones. Y que el tema de las especialidades sigue calentito. Así que como soy especialista en dar mi opinión (yo y otros cuarenta millones de españoles) aquí va la mía sobre las especialidades en Fisioterapia. (Si no te va el tema, pasa de post que hoy solo estoy en modo profesional).

1. ¿Para qué?
Según los teóricos del comportamiento cada acción surge como intento de solución de un problema. Por lo tanto creamos las especialidades en Fisioterapia pensando en solucionar algún problema de la profesión. ¿Cuál? Vamos a repasar un poco. ¿Las especialidades resolverán esa falta de mínimos comunes que actualmente la profesión tiene (o no tiene)? Pues va a ser que no. ¿Las especialidades cambiarán la visión de la fisioterapia que tiene la población en general? Pues va a ser que tampoco. ¿Las especialidades solucionarán el tema del intrusismo (o el del extrusismo)? Pues menos todavía. ¿Las especialidades solucionarán el tema de un exceso de formaciones postgrado, de calidades dispares y contenidos impares...? Pues me da que tampoco sirven para esto. ¿Mejorarán las especialidades las condiciones laborales de los fisioterapeutas? Pues tengo muchas dudas de que vayan a servir para eso. Y entonces, ¿solucionan algo las especialidades? Yo creo que sí, solucionan la falta de especialidades en la profesión, lo cual, siendo una disciplina sanitaria nos hace ir un paso por detrás de otros compañeros.
Ahora bien, pensar que las especialidades en fisioterapia van a ser la solución a todos los problemas nos puede descentrar sobre cuál es la verdadera situación de la fisioterapia. Y nos puede embarcar en un viaje que no lleva hacia donde algunos creen que lleva. Estaría bien hacer esta reflexión desde el principio antes de que nos marquemos un efecto concorde en toda regla. Para saber resolver bien los problemas es necesario saber plantearlos de modo correcto. No hay problem solver sin problem setter.

Imagen cortesía de @elefanteG85

2. ¿Cuáles?
Y aquí me vais a permitir que sea políticamente incorrecto (para eso es mi blog). Los que defendéis una especialidad en fisioterapia músculo esquelética... me podéis responder a una cosa ¿qué no es músculo esquelético? ¿La ATM? pues resulta que hay por ahí algunos músculos y algunos huesos. ¿El suelo pélvico? anda, si está lleno de músculos. ¿La fisioterapia cardiorrespiratoria? Hombre, es cierto que los pulmones no son ni músculo ni hueso, pero el diafragma y el corazón, algo tendrán que decir, ¿no?, por no hablar de la caja torácica. Entiendo que los que proponen una especialidad en fisioterapia músculo esquelética, proponen otra en fisioterapia ligamentosa, otra en visceral y otra en nerviosa (ojo, hablando de nervios como estructuras, no como sistema). No, por aquí no lo veo.
Luego están los segundos, (y aquí sigo haciendo amigos) que proponen una especialidad en Terapia Manual. Pero vamos a ver. ¿Vosotros conocéis algún médico especialista en Prescripción de Fármacos? Pues sería igual de absurdo. La Terapia Manual, con todo lo que me gusta, no deja de ser un conjunto de técnicas, conceptos e ideas que son herramientas para la solución de problemas de salud. Si proponemos especialidad en Terapia Manual, las otras especialidades serán Electroterapia, Ejercicio Terapéutico, Educación para la Salud, y al ritmo que vamos, Prescripción de fármacos. No, este sistema tampoco lo veo.
Por último estarían aquellos que hablan de una especialidad en Fisioterapia General. Esto se llama oxímoron y es absurdo desde su propio planteamiento, paso al siguiente punto.
Y entonces, ¿por qué no dejamos de ir de "especialistos" y aprovechamos el sistema de especialidades que la profesión médica ha desarrollado a lo largo de un montón de años? Sí, Fisioterapia Respiratoria, Cardíaca, Reumatología, Geriatría, Pediatría, Familiar y Comunitaria... quizás no nos hagan falta las 47 actuales (no me imagino al fisioterapeuta especialista en alergología, por ejemplo) pero a lo mejor algunas nos resultarían muy útiles para el futuro (veo y compro Fisioterapeuta especialista en el trabajo). ¿Ventajas de este sistema? Muchas, lo primero la facilidad para el paciente de saber a que tipo de profesional debe dirigirse. La facilidad para trabajar en un equipo multidisciplinar con unos conocimientos básicos comunes. La facilidad para aprovechar el trabajo ya hecho y las divisiones reales que existen en el mundo real. Recordemos que los hospitales trabajan ya con esa división, ¿no será más fácil y factible adaptarse al mundo real que intentar ponerlo patas arriba? 
¿Inconvenientes de este sistema? Las personas. Algunos "especialistos" quieren abarcarlo todo. Otros quieren mantener el monopolio de la formación tal como está ahora y este sistema no se presta a ello.

3. ¿Cómo?
Y aquí vuelvo al principio. Decía que cada acción surge para dar solución a un problema. Pero a su vez, por la tercera ley de Newton, cada acción provoca a su vez una reacción, es decir, cada acción es fuente de problemas. Y antes de empezar el viaje de las especialidades estaría bien tener claras las soluciones a los problemas que se pueden presentar con su creación. Por ejemplo ¿será necesario que todos los que ocupan un puesto en Atención Primaria tengan la especialidad de Fisioterapia de Familia y Comunitaria? ¿y con la gente que ya tiene la plaza en propiedad qué hacemos? Y lo que vale para Primaria, me vale también para especializada. O también, ¿un fisioterapeuta no especialista, podrá tratar pacientes? En Psicología, por ejemplo, no se puede hacer clínica si no tienes la especialidad hecha, bien via Master, bien vía Residencia. Y no hay plazas para todos. ¿Cuántas plazas se crearán? ¿Habrá examen FIR? ¿Y las especialidades, serán cobrando como en Medicina, o pagando como solemos hacer en Fisioterapia? ¿Tantos años despotricando de las universidades privadas y al final toda la profesión se va a convertir en una gran maquina privada?
En este apartado tengo infinitas preguntas, pero este post ya está siendo demasiado largo. Lo que quiero decir es que estoy a favor de crear las especialidades, pero no me vale un diseño de especialidades que a los futuros problemas conteste con un "ya veremos luego". No tenemos nadie que nos meta prisa (legalmente) para dar este paso, como sucedió con el Grado. No hagamos las cosas mal desde el principio. Si queremos ser especialistas, empecemos por no ser "especialistos".

Muchas gracias y buena lectura.


viernes, 31 de julio de 2015

De estudiantes y aprendices

Hoy es el último día de curso. A punto de coger las vacaciones es un buen momento para reflexionar sobre una de mis pasiones, la educación y el aprendizaje. Presiento que alguna de mis reflexiones no gustará, pero me da igual.

Llevo dos años trabajando como profesor en una Universidad y de vez en cuando (principalmente en los períodos de exámenes, sobre todo en convocatorias extraordinarias) escucho en boca de otros compañeros una frase-mantra-queja "es que no estudian para aprender, estudian para aprobar". No voy a negarlo. Esa frase también ha salido de mi boca. Y diría más. Esa frase también llegó a mis oídos en mis primeros tiempos de estudiante universitario (ahora en esta segunda etapa, como no escucho/veo a los docentes no he tenido todavía la posibilidad de escucharla, pero seguro que lo piensan).

¿Hay algo de malo en estudiar para aprobar y no para aprender? No voy a entrar a hacer juicios de valor sobre eso, seguramente cada cual tenga su propia idea al respecto. Pero si querría intentar responder a otra pregunta. ¿Por qué el estudiante estudia para aprobar? Según mi opinión lo hace porque es exactamente lo que se le pide que haga, no de una manera directa (no conozco ningún profesor que entre en clase el primer día diciendo "yo lo único que quiero es que aprobéis mi asignatura, me importa un bledo si aprendéis o no",  aunque a lo mejor haberlos hailos, como las meigas). No, no se les pide directamente, pero el sistema tiende a premiar la capacidad de reproducir conocimientos mucho más que la capacidad de aprendizaje. Y el estudiante se organiza (consciente o inconscientemente) en torno a ese objetivo.

¿Por qué tengo esa opinión? Por poner algunos ejemplos: el mejor expediente académico de mi promoción de fisioterapia  empezó periodismo un año después (donde curiosamente volvió a tener mención como mejor expediente académico, luego le perdí la pista, quizás siga coleccionando menciones). Como he dicho antes, el sistema recompensa la capacidad de aprobar y no la capacidad profesional que sería deseable que uno adquiriese durante la formación. Más ejemplos. Después de la universidad, el sistema MIR, o el sistema laboral de oposiciones del estado a cargo público (enfermería, fiscalía, notarios, por citar algunos, o incluso registradores de la propiedad que acaban llegando más lejos) están organizados de tal manera que son los mejores estudiantes y no los mejores profesionales los que destacan. Se valoran los conocimientos y no las capacidades. Y antes de la universidad, durante muchos años la elección de carrera se realizaba exclusivamente en base a la nota obtenida, sobre todo en una prueba de tres días, que no dejaba de ser una oposición (Selectividad, esa palabra que provocaba sudores fríos entre mis compañeros) ¿Y seguimos preguntándonos porqué los estudiantes se preocupan por aprobar y no por aprender? Quizás nos hace falta un poco de autocrítica, ¿no? Llámalo X, o condicionamiento operante, pero si la conducta que se refuerza es la de aprobar, ¿qué esperamos que hagan?

Incluso la raíz etimológica nos tendría que decir algo. Existe una diferencia abismal entre un estudiante y un aprendiz. El estudiante, por definición estudia. El aprendiz aprende. En los oficios, el aprendiz que no aprendía no progresaba, de la misma manera que el estudiante que no estudia no consigue pasar los cursos a la vez que otros compañeros. El aprendiz que estudiaba era por su propia motivación intrínseca. Del mismo modo el estudiante que aprende lo hace por motivación interna no por que el entorno le favorezca esa disposición.

Lo que me lleva a otra reflexión. Dicen los expertos que es necesario saber motivar a los estudiantes (para convertirlos en activos), pero ¿cómo se motiva? ¿cuáles son los conocimientos pedagógicos de los docentes universitarios? Del mismo modo que estudiar no es aprender, saber no es enseñar.

Muchas gracias y buena lectura. Y buen verano!!!


sábado, 18 de julio de 2015

Entrada homeopática

Tomar agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua homeopatía agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua y agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua esperar agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua que agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua suceda agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua algo agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua es agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua como agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua escribir agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua esta agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua entrada agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua y agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua esperar agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua que agua agua agua agua agua agua agua me agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua den agua agua agua el agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua Pulitzer agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua  agua agua agua agua agua agua agua agua agua agua  agua agua agua agua agua agua

viernes, 10 de julio de 2015

Las cinco E de la comunicación

Hace unas semanas tuve el placer de participar en el acto de despedida de los estudiantes de Fisioterapia de la Universidad Europea. ¿De qué les hablé? Pues dije, voy a ser original y voy a hablar de algo que no he hablado nunca. Y les hablé de comunicación y lenguaje. Y les hablé de la "E". O mejor, de las cinco "E" de la comunicación con el paciente.

Estar
Recuerdo perfectamente el día que mi hija Elisa nació. Recuerdo que en un determinado momento en nuestra habitación entró un Anestesista Residente, y que según vio el aparato que controlaba la dosis de epidural se enfadó mucho al verlo apagado. Lo encendió y se dirigió hacia el retén donde estaban las matronas a preguntar qué había pasado. A nosotros ni nos habló.
Claro, lo que el no sabía es que Elisa ya había nacido. Y que la epidural ya no era necesaria. No hubiese necesitado preguntarnos nada. Hubiese bastado que al entrar en la sala mirase la cama donde Elisa, pequeña, es verdad, pero visible, se peleaba por encontrar el calor del cuerpo y del pecho de su madre.
La anécdota es completamente cierta (y de hecho es la única negativa de todo lo que nos pasó ese maravilloso día). A veces me preguntan cuál es la parte más importante de comunicar. No tengo muy claro que es lo que hay que hacer para hacerlo bien. Pero se muy bien que es lo que hay que hacer para hacerlo mal. No "estar" es la mejor manera de que la comunicación fracase. O "estar en otro sitio", pensando en nuestras cosas, en las ideas pasadas, en lo que haremos más adelante, incluso aunque sea pensando en lo que haremos más adelante con el paciente. Mindfulness lo llaman ahora. Estate a lo que tienes que estar, lo ha llamado siempre mi madre. Más razón que una santa.
El primer secreto de la comunicación es "Estar" con el paciente.

Escuchar
Parece una perogrullada. Pero no es tan fácil. Es necesario "Escuchar". Con mayúsculas. Poner nuestros oídos (que son dos) a disposición del paciente. A veces lo que marca la diferencia entre la percepción de lo que un paciente considera un buen sanitario de un mal sanitario está definida por la siguiente frase: "¿Qué tal tú nuevo médico? Es bueno, me ha escuchado con mucha atención." Y ya sabemos como influye esa expectativa en el resultado del tratamiento.
Es cierto que nos encanta preguntar. Que preguntar nos permite conseguir información. Pero solamente nos va a informar si escuchamos las respuestas. Ya hablé por aquí una vez. 60 segundos. Ese es el tiempo medio que un paciente habla antes de que se le interrumpa.
Igual el problema no es el tiempo. Igual el problema es que no escuchamos.

Entender
De la mano de lo anterior. Porque escuchar es importante. Y se puede hacer en mil idiomas diferentes.  Pero "Entender" es otra cosa. Entender es poder estar seguros de que lo que una persona me ha contado es lo mismo que yo he comprendido. Y para ello, a veces, puede ser más necesario hacer preguntas que cuando queremos escuchar. Preguntar, repreguntar, parafrasear. "¿Qué tal con tu nuevo médico? Es muy bueno, ha entendido lo que me pasa". Esa frase es todavía mejor que la anterior.
No podemos olvidar nunca una cosa. Nuestro paciente sabe mejor que nosotros lo que le pasa (otra cosa es qué sepa ponerle un nombre o hacer un diagnóstico), pero son sus síntomas, su cuerpo, su vida. Podemos Saber mucho de patología. Pero a las personas hay que entenderlas.
Lo mejor que le puede pasar es que su sanitario ENTIENDA lo que le sucede.

Explicar
"Explain the pain" Pues sí. Estamos de acuerdo, es la leche como libro y como consejo. Pero a ver si por mucho Explain se nos olvida cual es el objetivo de esa explicación. Explicar no es demostrar cuanto sabemos nosotros de lo que está pasando, sino que cantidad de ese saber hacemos llegar al paciente. En su idioma. Con sus conocimientos. Que sirva para sus objetivos. Del mismo modo que todos los que alguna vez hemos estudiado (o sea, todos) sabemos que nos enteramos mejor con los profesores que explican bien que con los que saben mucho. Pues al paciente le pasa lo mismo. Se entera mejor. Se cura mejor. Y no hay que confundir explicar mucho con explicar bien. No es lo mismo. "¿Qué tal tu nuevo médico? Excelente. Ha entendido lo que me pasa y me lo ha sabido explicar. Ahora estoy mucho mejor".  Esa es la respuesta que a cualquier sanitario le gustaría escuchar cuando su paciente sale de la consulta.
EXPLICAR algo bien es la medida util de nuestros conocimientos.

Empatizar
Como si fuese la sal en la comida. Da igual que seamos capaces de comprar los mejores ingredientes. Da igual que nuestra cocina sea de diseño, fusión, tradicional o de estrellas Michelín. Da igual la cantidad y calidad de los títulos que puedan colgar en nuestras paredes, las preguntas que sepamos hacer, el color de las paredes de la clínica, los tiempos que podamos dedicar, las máquinas que podamos comprar. Sin empatía nuestro plato quedará soso. Alimentará, pero no será recordable.
Sin EMPATÍA la salud quedaría en manos de las máquinas.

Muchas gracias y buena lectura.

jueves, 2 de julio de 2015

Banderas rojas.

Cuando Carolina entró por la puerta de la consulta se le veía tal cara de dolor y de preocupación que quise ayudarla desde el primer momento. La conocía desde hace mucho tiempo -se podría decir que toda una vida- y nunca la había visto así. Esa mañana de febrero me había mandado un mensaje diciéndome que le dolía la espalda, y le dije que viniese.

Le pregunté por su dolor, por su origen, por su evolución. Y desde el primer momento lo tuve claro. Allí estaban todas las putas banderas juntas, señalando en una sola dirección. Dolor que no mejoraba con el reposo, patrón de dolor anómalo... Y sobre todo, antecedente previo de tumor. Reciente, muy reciente. Demasiado reciente como para ignorarlo. Demasiado reciente como para que fuese justo que le tocase otra vez a ella. Quizás debería haberle dicho en ese momento que hablase con un médico. Pero es que Carolina era médico. Tan competente que fue la primera que se dio cuenta de que aquella secreción nasal que tuvo un tiempo atrás no podía ser una simple mucosidad. Y no lo era, tumor de los senos paranasales se llamó en esa ocasión. Y luchó contra él con toda su energía. Probablemente, antes de escribirme esa mañana en su cabeza hizo también un diagnóstico. Y seguramente fue tan certero como el mío.

Miedo. Suyo. Mío. Hice el tratamiento más conservador que supe. Quitarle el dolor. Y nada más. O al menos intentarlo. Esperando que la realidad no fuese la que era realmente. Lo intentamos durante unas sesiones, como si estuviésemos en una realidad paralela, como cuando éramos niños. Luego la realidad llegó en forma de resonancia magnética. Metástasis ósea. Fractura lumbar. Probable metástasis en el hígado. "Estate tranquilo. Yo lo estoy... Vamos a por todas" me escribió en un mensaje. Joder, que capacidad de lucha.

Se que Carolina luchó con toda su energía. Se que siempre tuvo mucha. La ultima vez que la vi, hace un mes, luchaba también. Ya no me oía. Me hubiese gustado decirle muchas cosas. Pero nunca he sido muy bueno expresando los sentimientos. Me hubiese gustado decirle que algunos de mis mejores recuerdos de infancia se iban con ella y se quedaban en un patio de Polán. Me hubiese gustado decirle que me hubiese gustado conocerla más cuando fuimos mayores, pero que la distancia no nos ayudó a ninguno. Me hubiese gustado decirle que me sentí impotente desde que entró por la puerta de mi consulta, y que lo sentía por no haber sabido ayudarla. Me hubiese gustado que simplemente no se hubiese ido tan pronto, que el lobo no la hubiese mordido con la misma mala leche con la que mordió a mi padre. Me hubiese gustado que su energía y su sonrisa hubiesen vencido. 

Quizás como fisioterapeuta no hice lo más correcto. No lo sé. Me quedaré siempre con la duda. Pero es que cuando estaba con Carolina yo no tenía delante a un paciente. Tenía delante a mi prima.

Te echaré de menos.